Random Image

el rinconcito de POL

Monday, 24 May 2010

Túmbilis

Enclochado en: Uncategorized

Dios ha muerto. Lo seguirán en su camino otros ídolos y otros íconos. Es el curso natural de las cosas, así ha sido siempre y así siempre será. Ya cayeron los olimpianos, los residentes del Val-Hala y los hijos de Viracocha. Los siguieron los trenes, las monarquías y los peinados tipo “Alf”. Los seguirán los tecnófilos, la alineación inicialista della Associazione Sportiva Roma, los cantantes de karaoke y los hábiles para Guitar Hero. Y todo lo demás, también. Pero, por ahora, se les une Blogsome para poder dejarle paso a nuevas adoraciones.
Yemanyá, tú que todo lo puedes (amar), compárteme un poco: http://elrinconcitodepol.tumblr.com

Friday, 14 May 2010

To-do

Enclochado en: Uncategorized

Todos los libros que he abierto y no he sabido cuándo acabar me pesan en la espalda, hacia el medio de la columna vertebral, a veces creo que un poco más a la derecha que a la izquierda. Todos, todos se acumulan sobre mí, todos los cuentos que he comenzado y no he sabido cómo acabar, todos los planes de novelas apenas esbozadas, todas las cartas que he comenzado y no he tenido el valor de ponerles punto final, todas las conversaciones que me han atrapado sin saber cómo seguirlas, todas las miradas volteadas incómodamente, todos los abrazos acabados prematuramente, todos los besos interrumpidos por un abusivo sentido de la vergüenza todo. Lo llevo todo ahí encima, cual silletero, pero yo nunca he sido fuerte ni de huesos, ni de corazón, ni de alma. Por eso me estoy jorobando, por eso ahora cargo con mi lumbago, por eso ahora camino despacio por la calle, con extremo cuidado pues aún no he conseguido un bastón y por eso, cuando un viejo amigo se tropieza conmigo me dice “¡cómo te estás torciendo!”. Sí, cada día más, me aplana el mundo, pasa sobre mí y yo no sé cómo alzarlo. Lo haría, lo intentaría, sí que lo haría, pero siempre tengo libros por terminar, cuentos por escribir, novelas por firmar, cartas por entregar, conversaciones por comenzar, miradas por encontrar, abrazos por sostener, besos por dar, todo, todo me espera y se me hace tarde y no voy a alcanzar. ¿Lo ven? Estoy atado, comprometido en otros asuntos, ¿cómo voy a preocuparme por mi espina si tengo tantas cosas en las que pensar primero? Me tendrá que esperar el techo, yo sé que se está cayendo sobre mí, pero no puedo preocuparme por él si no soluciono lo demás antes. ¿Cuándo más voy a tener tiempo para ocuparme de eso? No, no. Si reparo el techo, luego viene una y otra cosa, y entonces me quedarán cuentas por pagar, amigos por agradecer, escombros por barrer, doctores por visitar, historias por escuchar mientras intento no embriagarme de whiskey para pasar el aburrimiento, reposos por tomar lejos del escritorio y terapias por intentar enderezarme. Pero no, primero lo primero, tengo que ir a comprar esferos, buscar papel en blanco, pulir mi teclado, comprar tinta, encontrar concentración, conseguir estampillas, convencerme de que el correo todavía es una vía válida de comunicación, mancharme todo de morado oscuro y buscar jabón para limpiarme por las noches. ¿Pero cómo voy a hacer todo eso si estoy casi en ángulo recto? Se me suben las palabras que nunca dije, los suspiros que nunca quise traducir, los viajes que nunca pude hacer, las películas vistas a medias, las fotocopias rayadas hasta la mitad, los silencios que dejé en silencios y nada más, las canciones que aún no he aprendido, los discos que no he escuchado enteros, los videos que nunca he editado, los dibujos que nunca he delineado, las llamadas que nunca he hecho, los correos que nunca he respondido, los planes que nunca han sido más que eso, los corazones que dejé a medio romper, los idiomas que dejé a medio aprender. Todo. Y yo, ¿yo qué voy a hacer para terminar todo esto? ¿Yo qué voy hacer para aliviar el peso de mi espalda? ¿Yo cómo voy a poder hacer algo si lo único que sé hacer es comenzar?

Monday, 10 May 2010

Llaves

Enclochado en: Uncategorized

Una vez mi hermano mayor que, por varias razones, más que mi hermano, es mi amigo, no me invitó, sino que yo me aparecí en su casa que en aquel entonces quedaba por Queens, NY. Él tenía que trabajar y como yo me quedé algo más de un mes, me la pasaba caminando por Manhattan, buscando libros, intentando comprar cerveza, viendo mujeres pasar por Central Park y yendo a un pub irlandés a no entenderle nada a nadie y ver la Eurocopa mientras él estaba aburriéndose en la oficina. Un día en particular, regresamos los dos de “The City” en la línea R del metro sin hablarnos mucho, no recuerdo bien por qué, pero supongo que él había tenido un mal día en un trabajo que odiaba, que estaba algo cansado de mí que a veces soy una plasta y una molestia y que nunca logro expresarle a nadie lo agradecido que estoy, o que tenía ese cansancio que nos da a todos de vez en cuando de nuestros hermanos menores (y yo hablo con propiedad de esto, porque tengo dos hermanos y una hermana de tal tipo). Caminamos las tres cuadras desde la salida de la estación hasta la entrada de su edificio en una calle adyacente al Long Island Expressway en Rego Park, mientras él pensaba en cualquier cosa y yo intentaba leer los letreros en cirílico regados por varios negocios del barrio; entramos y saludamos al portero boricua y nos encaminamos al ascensor pensando en el calor tan agresivo que estaba haciendo ese verano. Puesto que no había muchos juegos de llaves y yo no soy bueno para madrugar y siempre salía después de él de la casa, yo me quedaba con el llavero y lo paseaba por el Estado de Nueva York, hasta que él me llamara y me dijera que era momento de volver a la casa. Por lo tanto, cuando el ascensor se acercaba al piso de destino, él me preguntó secamente: “¿Llaves?”, a lo que yo respondí con uno de esos ataques de inspiración que casi nunca me da “Hasta la muerte, brother”. Él se rió y terminamos abrazándonos, alegres de la oportunidad del chiste. Luego entramos a la casa y vimos algún partido o jugamos Super Smash Bros.: Brawl hasta que nos dolieran los brazos, o futbolito en FIFA 2009 para Wii, o quién sabe qué hicimos, pero seguro que nos divertimos.

La fiamma dei nomi

Enclochado en: Uncategorized

Desde la primera jornada del Decamerón surge una inquietud al describir el narrador a “siete jóvenes señoras (…) todas discretas y de sangre noble y bellas de aspecto y adornadas de buenas costumbres y de gentil honestidad” (126-127), a quienes el narrador quiere proteger –quizás, justamente, por esta condición de nobleza–, diciendo: “yo diría sus nombres verdaderos si justa razón no me lo impidiese, y es ésta: que no quiero que alguna de ellas en lo sucesivo pueda avergonzarse de las cosas relatadas por ellas (…); ni tampoco darles pie a los envidiosos, dispuestos a criticar cualquier vida respetable, a disminuir en modo alguno la honestidad de las ilustres señoras con desconsideradas habladurías” (127). El narrador aclara que, “para que en lo sucesivo pueda comprenderse sin confusión lo que cada una dijo, pretendo llamarlas con nombres en todo o en parte apropiados a la índole de cada una” (127) y la duda que surge, luego de ver cómo el narrador opina que cada nombre tiene una razón de ser, pero no especificar cuál es esta (por ejemplo, dice: “y a la última no sin razón la denominaremos Elissa” (128), sin aclarar más) es, entonces, ¿en qué sentido es apropiado el pseudónimo que le otorga a cada una? Y, si, como el narrador parece haber sugerido, este nombre falso corresponde a la esencia de cada una (y a la de los tres hombres que se unen a ellas), ¿esta esencia se manifiesta también en los relatos que cada uno cuenta a lo largo del libro? En los acontecimientos y relatos de la primera jornada, algunos de estos personajes hacen evidente esta relación onomástica.
El primero de los diez personajes que narran las historias en ser mencionado en el libro es Pampinea, cuyo pseudónimo, según las notas de Hernández, viene de una raíz que denotaba en el Toscano de la época de Boccaccio “exhuberancia” y “orgullo”, es “la de más edad” (127), y es descrita como poseedora de “real señorío y autoridad” (138), lo que parece estar en concordancia con que sea ella quien delimite en primer lugar las reglas para narrar los cuentos y que sea quien reciba en primer lugar el título de “reina de la jornada”. “Pampinea”, entonces, parece hacer referencia a una mujer de clase alta ya recorrida en el mundo social que entiende cómo organizar y cómo mandar, lo que es demostrado por el hecho de que es ella quien divide y otorga las labores de los criados y estos la acatan sin protestar. Su historia, la décima y última de la primera jornada trata sobre un hombre que hace avergonzar a una mujer que lo quería hacer avergonzar a él valiéndose del coqueteo y el engaño, dando cuenta de las argucias y minucias sociales que sólo una cortesana, como la mujer que se ha descrito que ella es, podría conocer, opinando además que “las ingeniosas ocurrencias son [el ornamento] de las loables costumbres y de las gratas costumbres [que] son más propias de las mujeres que de los hombres” (201), revalidando tanto el uso de ingenio por parte de los hombres, como demostrado en el cuento, como la de las mujeres.
En segundo lugar es presentada Fiammetta quien, con ese pseudónimo (cuya traducción del italiano corresponde al diminutivo de “llama de fuego”), parece remitir a la pasión que la amada despierta en el corazón del que la contempla, a la llama viva que es metáfora stilnovista comúnmente asociada al amor. Sin embargo, el fuego al que hace referencia sui nombre no remite a un ánimo exaltado, como se podría llegar a pensar, sino a la personalidad animada de una persona que frecuentemente es vista divirtiendo a los demás al tocar la viola y que cuenta sus relatos “con gracia y con gesto alegre” (179), una vida tranquila al saberse no quien lleva el fuego en su corazón, sino quien lo produce en los corazones ajenos. Por todo esto, y por su relato, el quinto de la primera jornada, sobre una mujer que ingeniosamente no se deja seducir por el rey de Francia, demuestra un amplio conocimiento sobre los vericuetos del amor y sobre la astucia que cualquier mujer necesita dominar para poder transitarlos.
Luego es presentada Filomena, “la amada”, según la etimología griega de su pseudónimo”, “que era muy prudente” (132) y que, por esto, puede coronar a la primera reina y ser coronada la segunda e imponer la nueva regla de ceñirse a un tema cada jornada para narrar los cuentos. Su cuento, el tercero, previsiblemente, es sobre la prudencia y cómo esta salva al judío Melquisedec de la trampa que le había tendido Saladino.
También aparece Emilia, “la cariñosa”, según las notas de Hernández, de quien no se dice mucho más en esta primera jornada además de mostrarla cantando los versos que la cierran en los que se entrega a una alabanza casi narcisista de su belleza y se alegra por no tener que depender de nadie más que de su propia dulzura. Su confianza la lleva a exclamar “pues yo tampoco callaré” (184) al comenzar su narración, la sexta de la jornada, exponiendo, sin miedo a reprimendas, la hipocresía de los miembros de la Iglesia.
Lauretta es quien sigue en el orden de presentación y su nombre remite inmediatamente a la amada de Petrarca y se entiende como una de las mujeres que despierta pasiones, concepto reafirmado por el hecho de que ella sea quien guíe la danza (con todas sus connotaciones eróticas) del final de la primera jornada. En su historia, la octava, se habla sobre la avaricia de los hombres, pero se pierde en una larga diatriba opinando cómo los del presente no son tan buenos como los del pasado pues sólo buscan crear discordia. Lauretta parece aprovechar el momento particular en el que se cuenta su historia y el hecho de despertar pasiones para hacer este comentario que probablemente sería socialmente rechazado en una situación normal. Pero, aún así, siente la necesidad de disculparse por salirse de las reglas de contar sólo relatos agradables al decir: “el justo enojo me ha desviado más de lo que yo creía” (197).
También está Neifile, “la nueva en el amor” según la raíz griega de su nombre, quien cuenta el segundo cuento de la jornada, sobre un judío que, después de contemplar la corrupción de la Iglesia Cristiana, decide convertirse a esa religión en un giro divertido de acontecimientos. De su nombre se puede intuir su juventud y, por lo tanto, su ingenuidad y su propensión a contar historias divertidas, aunque planas.
La última mujer en ser presentada es Elissa, referencia a “Dido”, nuevamente según Hernández, quien cuenta el noveno cuento sobre cómo el ejemplo de una mujer convierte en valiente al cobarde rey de Chipre. La relación con la reina virgiliana (y su simbolismo de “eterna enamorada”) no parece tan evidente aquí, más allá de la fuerza femenina que logra reinar con justicia un país, pero irá apareciendo paulatinamente mientras trascurren las jornadas.
También aparecen tres hombres, de los cuales el más destacable es Dioneo, el tercero en aparecer, cuyo pseudónimo remite al dios romano del vino y la celebración, que, además, era el más joven, más agradable y lleno de ocurrencias” (136), que es conocido por la reina Pampinea como “un hombre divertido y alegre” (209) y a quien es usual ver iniciando las festividades al tocar su laúd, representando fielmente al “espíritu dionisiaco”. Dioneo cuenta su historia, la cuarta de la jornada, “sin esperar mandato alguno de la reina” (173), evidenciando un cierto desacato por las normas establecidas, pero lo hace “[porque] sabía que por el orden iniciado ya le tocaba decir” (173), es decir, sin apartarse completamente del nuevo orden social que se ha creado entre los diez personajes. Dioneo opina que el principal objetivo para contar sus cuentos es causar placer y por eso dice: “estimo que a cada cual le es lícito (…) contar el cuento que crea que más pueda agradar” (173) y, por la misma razón, le pide a Filomena no estar sujeto a la ley que restringe la narración de cuentos a un tema por jornada, aceptando la condición ser el último en contar cada día, para poder contar cosas que diviertan el ánimo de sus compañeros. Su cuento sobre cómo un monje logra que su superior no lo denuncie al haberlo encontrado en el mismo delito por el que lo quería condenar, “hirió al principio con un poco de vergüenza el corazón de las señoras que escuchaban” (179), pero por la gracia de Dioneo al contarlo y su caracter inevitablemente simpático, las mujeres, “pudiendo apenas contener la risa, lo escucharon sonriendo” (179).

Bibliografía
Boccaccio, Giovanni. Trad. María Hernández Esteban Decamerón. Madrid: Ediciones Cátedra,
2005.

(Categorizado bajo: cosas que a nadie le importan)

Tuesday, 4 May 2010

Zack Robson

Enclochado en: Uncategorized

I.
Zack Robson, reconocido cronista del Pennsylvania Tribune, publica en la editorial neoyorquina The Times un nuevo volumen para su colección de crónicas y reportajes que investigan y analizan la sociedad norteamericana vista desde los ojos de quienes fueron sus íconos culturales y populares más relevantes. En Can’t Get Enough of That Funky Stuff, particularmente, se les sigue el rastro a seis integrantes de la escena musical neoyorquina de los ‘70 que, a mediados de la década del 80, coincidieron en Mercy Hall, una clínica psiquiátrica al norte del Estado de Nueva York en la que se admitían pacientes con problemas de drogadicción, alcoholismo y otro variado listado de condiciones. Robson busca en específico a estos seis personajes porque todos ellos compartían la característica de, bajo la excusa de otros problemas más “aceptables”, haberse internado víctimas de ese virus extraño que ahora conocemos como “VIH”, para evitar el escarnio y el ostracismo del resto de la sociedad. Casi todos los personajes principales han sobrevivido a su lucha contra este mal pero uno, Jim Goldstein, ejecutivo de una casa disquera que había estado en contacto con todos los músicos de esta historia previamente a su ingreso a la clínica, se dejó vencer y falleció en diciembre de 1995. Su entierro fue el primer punto de encuentro entre Robson y sus personajes pues allí los otros cinco se reunieron a despedirse de su amigo y compañero de sufrimiento y revivir su memoria contando historias de sus aventuras tanto en la clínica, como en la vida alocada en la que, en algún momento u otro –ninguno está muy seguro de cuándo–, contrajeron la enfermedad. Sus memorias, sin embargo, han sido atrofiadas por el consumo excesivo de ciertas substancias, creando huecos y contradicciones que le han llamado la atención suficientemente a Robson para investigar más a fondo e interrogarlos, a veces en solitario, a veces en grupo, sobre aquella época de su vida que parecen no querer recordar por completo. Allí aparecen las voces de Lauryn Richardson, cantante de disco rechazada como corista por Chic y por Sister Sledge por su propensión hacia las drogas –y, en particular, las llamadas “fuertes”–; la de Malcolm “Riff” Booker, bajista de disco y funk que llegó a tocar en conciertos para Parliament y Funkadelic, pero que confiesa que sus abusos con el alcohol y su afición a buscar pelea le hicieron perder el rumbo en su carrera y que se dedicó a ritmos más calmados después de enterarse de su contagio; la de Lee Johnson, “el hombre blanco com más blues del planeta” (según un crítico de NME), quien decidió romper las tradiciones de su natal Georgia al no optar por el country o el bluegrass y quien se ha martirizado las últimas décadas pues está seguro de que fue él quien contagió a Goldstein al acostarse con él luego de una borrachera celebrando el 4 de julio; la de Bonifacio “Benny” Pérez, salsero bravo cuya voz fue apreciada por los salsómanos más devotos, poniéndolo al mismo nivel que Henry Fiol, o Los Hermanos Lebrón, pero que nunca pudo pegar un éxito en el ‘mainstream’ y quien confiesa, calladamente, que cree haber sido él quien contagió a Goldstein al haberle prestado una aguja para inyectarse heroína, luego de haber tenido una línea innumerable de mujeres con las que se había acostado; y la de Julia Harlow, pianista clásica de Juilliard que de vez en cuando ayudaba a Benny en sus conciertos y que es quien recuerda menos de todo lo sucedido y la única que aún no le encuentra alguna posible explicación a su contagio pues su memoria, mucho más que la de los otros, está completamente destrozada.
El libro, entonces, se compone de relatos fragmentarios, pequeñas epifanías y cortas narrativas sobre noches de locura en Studio 54, o por las calles de Harlem; de episodios entrecortados de sexualidad descuidada, de avergonzadas confesiones de abuso de jeringas y de una larga lista de vacilaciones sobre qué es lo que estaba pasando en aquellos momentos que parecen tan nublados, pero que todos, al irse reuniendo, crean un entramado que, si bien no logra resolver todas las incógnitas escondidas tras esta amnesia inducida, sí logran dar cuenta de un país que sólo crea héroes por el placer de verlos destruidos después, sea cual sea el pretexto como, en este caso, el Virus de la Inmunodeficiencia Humana, enfermedad como la Peste, con la que parece que son pocos los que se quieren solidarizar.
II.
Traducción de un extracto del capítulo 3 por Santiago Carrizosa:
Cuando me enteré que había sido contagiado, ni siquiera sabía muy bien qué era lo que tenía, la ciencia médica no había avanzado lo suficiente para decirme qué me estaba pasando. Lo único que yo sabía era que tenía algo malo, algo tan malo que estaba haciendo que todos se alejaran de mí. La gente, mis mismos amigos, ya no se atrevían a tocarme, algunos hasta se tapaban la nariz cuando me veían cerca. Era justo lo que mi madre me había advertido: el alcohol me iba a llevar al infierno, me iba a quitar todo lo que amaba, me iba a dejar solo. Tuve que ir una vez hasta la iglesia de mi mamá en Queens para entender que esta era la forma que Dios tuvo para advertirme que estaba haciendo las cosas mal. Me senté unas semanas a escribir algunas canciones para pedir perdón y le mostré algunas a George Clinton, pero él me dijo que eran canciones de derrota y él sólo quería grabar canciones de festejo, estaba tan preocupado por exaltar el “Poder Negro” y la “Casa Negra” y todo eso, que no logró darse cuenta que los negros también nos estábamos infectando con esto y que también nosotros necesitábamos ayuda. Me sentí tan solo que decidí que no había más remedio que marginarme, apropiarme de mi soledad. Por eso accedí a internarme en Mercy Hall, pues, si bien pensé que seguiría igual de solo, al menos habría especialistas que supieran cómo tratar mi condición y, además, me ayudarían a terminar de dejar mi adicción. Pero, para no sentirme irremediablemente solo, me llevé mi guitarra y ahí comenzaba a cantar por el patio todo lo que se me ocurriera, para nadie más que los pájaros, supongo, o para no sentir la angustia del síndrome de abstinencia musical, ya sabes, cuando dejas de tocar instrumentos por mucho tiempo y te comienza a hervir la sangre por dentro, la desesperación más grande que se pueda sentir. Un día comencé a cantar una de las canciones por las que había sido rechazado, que se llama “Hello” y que tiene un ritmo bastante relajado, con versos largos y un gran dolor en su letra, cuando vi que un tipo, que luego me dijo que se llamaba Lee, se había sentado a escucharme y a aplaudirme. Desde entonces, cada vez que nos veíamos, Lee me decía “Oye Riff, ¡‘cántame ese Hola’ !” [1]. Lee terminó haciéndole arreglos de blues y, de vez en cuando, todos los pacientes nos reuníamos a cantarla. No sé por qué les gustaba tanto, para mí era sólo un tarareo sobre mi adicción, pero creo que quizás los demás la apreciaban justamente por eso, porque la había escrito alguien que los entendía, venía del puño y de la boca de otro adicto. Lee la sabe cantar mejor que yo pero, si no la recuerdo mal, va algo así:

I said “hello” and all my sorrow came back to me.
I said “hello” and all my pain and nightmares
made a return from that lower top-shelf
where I used to grow all my fears in darkness.

I bought new clothes just to get rid of your smell,
I fought drug lords just to get me out of that place,
and with their blood my shirt got covered in stains,
But I said hello and everything went straight to hell.

Now, gimme some shelter,
gimme some shelter now.
Gimme some shelter,
don’t give me a chance.

With all my bones so close to touching the ground
picked myself up and tried real’ hard to frown,
but I said “hello” with a big smile on my face
because I know that old habits are the toughest to get.

She came back home and told me I should really let her in
So she left her stuff hangin ‘round all of my place
and now I know this kind of lesson I’m never gonna learn:
Never say “hello” to a girl with such a grin on her face.

Wednesday, 28 April 2010

De abrazos rotos

Enclochado en: Uncategorized

paesàggio [pae’zadʤo]
s.m.

1 sm
aspetto di un luogo che si abbraccia con lo sguardo” (I)

Wednesday, 21 April 2010

16 Aprile

Enclochado en: Uncategorized

Questo spazio è vuoto
[come il mio cuore].

Wednesday, 14 April 2010

Llovía

Enclochado en: Uncategorized

Este debería ser un poema para la lluvia, pero no es un poema, no porque no esté en versos, ni porque no tenga métrica, o carezca de poeta que lo avale, sino porque no es poema, porque no está para quedarse inerme ante las circunstancias, sino para caer, de a pedazos, sobre las cabezas y entre los pelos, como frías caricias y duros cocotazos que piden reacción. Tampoco es cuento porque no va para ninguna parte o, bueno, sí, pero a ninguna en especial, ninguna en particular, sino a todas a la vez (o una después de otra, casi siempre, por alguna razón comenzando en Fontibón o Engativá para luego acercarse a Chapinero, Teusaquillo y Santafé y más tarde perseguir a conductores por la Séptima o la Autopista hasta Usaquén y Suba, ¿por qué? No lo sabré yo), como una sombra intermitente, como un código binario: “mojado / seco / mojado / mojado / seco”, sobre puntitos, sobre la crin, sobre las sienes, sobre los hombros, sobre las que se acercan, sobre las que se limpian molestas, como hilos de Ariadna que cubren todo y dejan pasar todo y abarcan todo lo demás. Ni es novela porque, para desgracia de los más aburridos críticos, es corto, cortísimo, brevísimo, casi (no, ¿qué carajos con el casi?) despreciable, porque nunca tendrá la fuerza con la que las nubes se desparparran sobre esta pobre capital ignorada por meteorólogos y adivinos que no saben qué hacer con ella (va a llover, algún día… y duro, ¿cómo no?), nunca caerá con la masa uniforme del líquido omnipresente que parece sólido o que, de tarde en tarde, se convierte en sólido y nos da por la cabeza, cocotazos aún más duros para que nos demos cuenta de verdad de que el mensaje va en serio pero, ¿qué mensaje? Que llueve y llovía y llovía y llovía. No es tampoco un mero ejercicio de flujo de conciencia, porque no me ejercito, ni tengo conciencia, ni fluye, sino que es como un goteo, lento, una tras otra, en línea y, si no lo parece tal, es porque hay muchas líneas, una junto a otra, tantas como gotas, expandiéndose, hundiendo el bus de don Heriberto, inundando la casa de doña Rocío, mojando los zapatos finos de Don Roberto, empapando las medias de la niña Angélica, dándole la oportunidad a Pablito para ponerse cursi y decir “abrázame: tengo frío”, o a David para prender la chimenea e invitar a unos amigos con botellas de vino. Esto, esto que hay aquí, es nada, no es nada, todo lo que pudo haber llegado a ser lo borró la lluvia, porque no hay quien se le compare en fuerza, ni memoria que aguante, ni tinta que se le sostenga al diluvio bogotano y, por eso, aquí, usted, sumercé, tú y yo, no somos nada más que lluvia, nacidos bajo sus signo, crecidos entre su vientre, mirando por la ventana cómo cae y se lleva todo (lo que queremos y lo que no) y nos trae todo lo demás (lo que queremos y lo que no), jugando bajo los techos de zinc ruidosos que no nos dejan escuchar nada más que nuestra propia conciencia, haciendo barquitos de papel y preparando botas de caucho para salir a jugar con nosotros mismos, hasta que un buen día, esperando el bus a Germania, mientras un Engativá nos moja las botas de los pantalones, uno de esos buenos días que toca usar paradero para no mojarnos más, suspiramos, por los amores perdidos, las rutas olvidadas, los partidos jugados, las chimeneas apagadas, los virus contraídos, las sopas ingeridas, las idas al estadio con impermeable, los juegos embarrados, las duchas calientes por la noche, los triquis en las ventanas empañadas, las sombrillas de propiedad pública, Ella, que aparece con el pelo como una sola maraña goteando, el chocolate con pandeyuca a la hora de las onces, los charcos que salpican sobre los huecos de la misma Séptima, el hombre de traje amarillo plástico que se resigna a quedarse ahí parado y Él que llega con las gafas que necesitan parabrisas y sí, suspiramos ahí y nos damos cuenta de que lo único que alguna vez hemos querido ha sido este clima de Abril y que lo único que algún día llegaremos a querer será este mismo clima mojado de chaquetas y bufandas y olor a selva tropical y de Abril (a menos, claro, que llegue en Octubre también).

-Jaime Mup

Monday, 12 April 2010

Chapinero contigo

(Soneto de los malos, muy malos)

Alguna vez floté sobre estas lomas,
arrastrado por el viento mojado,
despegándome los pies y las gomas,
sintiéndome estúpido, como alado.

Y flotando me fui a buscar el mar,
arrastrado por el viento mojado,
y aterrizando sólo encontré mal
sabiéndome estúpido, como alado.

Aprovechó para quedar con ella
ese Viento, enemigo desgraciado
con su cómplice, el tiempo enemigo.

Ya no camino las lomas contigo,
arrastrado por el viento mojado,
ahora sólo escucho: “¡Papel, botella!”

Friday, 9 April 2010

Burkina

Enclochado en: Uncategorized

Yo, Pablo Medina Uribe, rey popular y electo unánimemente por el sufrido pueblo de Burkina Faso; yo, Pablo Medina Uribe, sumo pontífice, Ayatollah, Druida y Brujo por petición del penitente y noble pueblo de Burkina Faso; yo, Pablo Medina Uribe, sumo detentor de la verdad, la moral y la razón, no por mero capricho, sino por mandato divino que le ha aconsejado al pío pueblo de Burkina Faso acogerme y proclamarme como su líder en espiritualidad, política, diplomacia, economía y sabrosura; yo, Pablo Medina Uribe, navegante, extranjero llegado por el Volta para gobernar a las gentes del Haute-Volta con su beneplácito y con justicia, ecuanimidad, sabiduría, liderazgo, hartazgo, madrazo, lamparazo, cacerolazo, valentía, coraje, humildad y honor esta tierra olvidada por el mar; yo, Pablo Medina Uribe, agregado cultural principal de las embajadas del glorioso pueblo de Burkina Faso en todo el exterior; yo, Pablo Medina Uribe, el hombre sobre el que hablan las canciones de héroes de toda Burkina Faso, bien sea empuñando un fusil, o abandonando las armas, o resistiendo pacíficamente, o atacando sin misericordia al enemigo, o alimentando al desdichado, o proveyendo para el desafortunado, o negociando la paz con el traicionero para evitar más sangre, o eliminando al disidente sin misericordia, o uniendo a todas las razas, religiones, opiniones y demás de la inolvidable tierra de Burkina Faso, exaltando sus fronteras, o ampliándolas, o estrechándolas si es necesario, o cantándole a su bandera, o cambiándola, o quemándola, o poniendo una nueva sobre el Palacio de Justicia que acaba de ser quemado, o restituyendo las instituciones, o cerrándolas cuando abusan de su independencia, o exaltándolas en su labor por no dejar polarizar al país, o condenándolas por permitir la injusticia y el monopolio, o bien bombardeándolas porque no respetan la dignidad de los dignísimos habitantes de Burkina Faso; yo, Pablo Medina Uribe, explorador del Vichada, cauchero del Guainía, descubridor del Orinoco y del Combeima, sembrador de sorgo de Purificación, pescador de cachama del Guamo, cocinero de bagre de Honda, colonizador del río Magdalena, defensa central del Unión Magdalena, cuidandero y hechicero del Eduardo Santos, jefe de campaña de Alfonso López Pumarejo, policía chulavita de los duros montes de Antioquia, peregrino beduino por los planos del Cáucaso, afrodescendiente, mestizo, mulato, zambo y hombre caucásico y, por sobre todas las cosas, amante, amante de la vida, de las mujeres, del juego, del licor, de la vida dura, de los hombres, de la humanidad, de la aventura, del descanso, del reposo, de la reflexión, de la religión, de la rebelión, del ateísmo, del nepotismo, del despotismo, del autismo, del automovilismo, de la ceguera, del tacto, de la muerte, de la justicia, de la guerra, de Juan Andrés, futuro delfín, de Micaela, Ana, Adriana, María José, Alexandra, Patricia, Eva, M’bobo, Federica, Roberta, Kate, Tatiana, Karen, Luisa, Yenny, N’gathe, Leidy, Marcela, Angélica, Camila, Sarah, Sara, María Camila, las mujeres que se prestan para escenas pornográficas, la Negra Isabel, la de los ojos fijos en las fiestas, Paquita la del Barrio, la monita del otro día, la señora que vendía lulos en Bazurto, la de los sándwiches en Brignole, la de la esquina del salón, las mujeres misteriosas alcoholizadas, Jennifer, Courtney, Lisa, Ana María, las poetas de las calles de Lagos, las tenderas de Puerto Carreño, las prostitutas aprobadas por el hospital de Ouagadougou, las parteras de Finale Ligure, las jovencitas perdidas de Porto Alegre y toda la localidad de Suba, las mujeres con Ferrari de Monte Carlo, las anárquicas de Aosta, las mujeres de Torino que van a visitar a sus novios en Napoli, las jovenzuelas de Nantes que bailan salsa por las calles de Riomaggiore sin vergüenza a la noche, las demás proveedoras de delfines, las piscinas de Cascades, los atardeceres de Haute.Bassins, las correrías por el Sahara, los jeeps con hombres enturbanados del desierto, la vida aislada del que es el dueño de la absoluta nada, la vida cortesana, el trato con los mendigos, los leones, los leones que vuelan, los ladrones que caen, los periodistas que callan, los hipopótamos que se asoman apenas sobre el río para chismosear, las jirafas que no se amedrentan, las gacelas que no llevan afán, las hienas que se aburren, los elefantes que olvidan, los peces que recuerdan, los tiburones vegetarianos, las personas que me aman, los animales que me recuerdan, las plantas que no se marchitan, las flores amarillas que florecen bajo la lluvia, los aguaceros que se deslizan por Chapinero, l’acquaneve que cae sobre XX Setiembre, los estudiantes que se deslizan sobre Courmayeur en bolsas de Carulla, la vida que pasa frente a mis ojos, la que pasa dentro de mi cabeza, el bienestar de mis fieles, la victoria de mis compañeros de aventuras, el horror de la tripulación perdida, el sentimiento de comenzar desde cero en Ciudad de Panamá, la desdicha de perder a Ilona con la lluvia, los cobardes y poetas, los valientes e ingenieros, los salvajes y artistas y, en especial, a toda la fauna, flora y población, tanto selvática, como no, como de la sábana, como de la estepa, como del desierto, como hábil, como justa, como injusta, como inepta, del grandioso y glorioso territorio de Burkina Faso; yo, Pablo Medina Uribe, soberano incontrastable, incontenible, incontradecible e impotable de la República Ligeramente, pero muy Gloriosa de Burkina Faso, proclamo:
Que, a partir de este momento, con carácter indiscutible, irrevocable e irreversible, los territorios anteriormente pertenecientes a las hermanas repúblicas de Benín, Togo, Ghana y Costa de Marfil entrarán a hacer parte de nuestra hermosa república, pues es injusto –y más de un Dios me lo ha dicho– que nuestro destino deba estar a la deriva al no tener acceso al mar. Si alguna de estas cuatro anteriormente hermanas repúblicas, a partir de ahora “provincias marítimas”, ha de protestar, recuerdo una vez más el carácter irrevocable de esta decisión, pues es mandato divino, expresado por boca, pluma, lápiz, esfero, bolígrafo, birome, teclado y laptop de aquel que la deidad ha certificado como su representante en la Tierra. Si, por algún desliz del destino, uno de los representantes piensa también ser uno de los representantes del sumo poder en la Tierra, le recuerdo que no sólo Dios está conmigo, también lo está Alá, ¡ensalzado sea!, Yahvé, Haile Selassie, Jehová, sus testigos, Buda, Gandhi, Apu y sus dioses, Zeus, Júpiter, Atenea, sus hermanos, primos, familiares lejanos, familia política, rama bastarda incluida, rama descendiente de bovinos también, Rajesh y sus dioses, Gilgamesh, Thor, Van Halen, Def Leppard, el glam británico desde Freddie Mercury, el NWOBHM, Elvis, John Lennon, Simón Bolívar, Vucub-Chaquix, todas las deidades del Xibalbá, Diomedes Díaz, El Charrito Negro, Vicente Fernández, Darío Gómez, Maradona, las plantaciones de Marihuana en sus pulmones, Michael Jordan, su bate de baseball, Pelé y los niños detrás de él, Odín, Miércoles, Wilson, Jueves, Versace, Liberace, Max Bialystock, tu papá, Héctor Abad Gómez y Pablo Medina Uribe, entre otros, por lo que, por simple mayoría numérica, puedo asegurar que soy yo quien tiene razón.
Que los habitantes de las cuatro nuevas provincias marítimas tienen un plazo de una semana para expresar rechazo hacia la opresión a la que han sido sujetos por sus gobiernos previos y vociferar en grito patriótico la exaltación por comenzar a ser parte de nuestra gloriosa República semi-liberal de Burkina Faso, golpeándose el pecho, si es necesario, flagelándose, si no queda otra opción, organizando marchas, si lo consideran apropiado y hablando en código si lo consideran oportuno, si tienen miedo de represalias por las autoridades antiguas que iremos suprimiendo poco a poco, si creen que mentir y no jurarle amor eterno a su nueva patria los salvará mientras lleguemos a ellos y nos encontremos en abrazo patriótico, revolucionario y marítimo, si piensan que aún no es socialmente aceptable dentro de su micro-sociedad emitir la algarabía que les causa estar bajo mi mandato, o si creen que la negación es la forma más fuerte de afirmación. Comprenderemos. Y llenaremos a las nuevas provincias que nos aclamarán con nuestra presencia, presencia pacífica, pero cuidadosa, de nuestras unidades que defenderán nuestras costas y evitarán que ambiciosos y envidiosos déspotas sátrapas por fuera de nuestras fronteras nos quiten lo que es nuestro sin previo aviso, sin razón razonable, sin justicia balanceada, sin motivo, razón o circunstancia y, en cambio, con mucha soberbia, de esa que sobra en el mundo y que yo he llegado para aplacar en nuestras nuevas provincias.
Que, por improbable que sea, si por algún motivo encontramos de todas maneras a quien se oponga a mi reino de prosperidad y florecimiento, de voracidad y alegría, de comilona y beberecua, de conceptos claros, sencillos, breves y concisos para alcanzar la prodigalidad del reino, dicha persona será sometida a castigos tan horribles de los que no han escuchado Ciacco, ni Farinata, ni toda la Firenze sumergida, ni los enemigos de Olafo, ni los hinchas de Millonarios, ni Alan Jara, ni Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard, ni las serpientes del Vichada, ni los indígenas del Guaviare, ni los anfitriones de Pizarro o Cortés, ni Campo Elías o sus víctimas, ni Johnny Damon al volver a Fenway, ni Johnny Doria, el pobre, al desangrarse, ni Bobby, ni Héctor, ni Hank, ni el hijo de Tom Hanks, ni los peces que caen en las fauces de los tiburones, ni las actrices que pierden la nominación al Oscar, ni Pablo Emilio Moncayo, ni el pueblo colombiano en 200 años de sufrimiento, ni aquellos que han conocido los males de cien años, ni la lista general de las personas que me ha conocido, ni Tola, ni Maruja, ni los árboles que se usaron para publicar a Coelho, ni los instrumentos que ha tocado Arjona, ni los estudiantes en las clases de Francia, ni los NN, ni los desaparecidos del Palacio, ni sus familias, ni Omayra, ni los hinchas del Tolima a principios de los 80, ni las personas que vuelven para ver que Armero tocó encimárselo a Guayabal, ni las Cebras que no logran escapar en Bouche du Mouhoun, ni las nutrias que no logran ver, por mucho que se inclinen, ni las zarigüeyas que no logran amistarse con jabalíes, ni los animales con nombres ridículos, ni los periodistas que terminan entrevistando a desquiciados, ni los reyes que pierden el amor de sus súbditos, ni el pueblo en general de Burkina Faso, Haute Volta, África del centro-norte y todo eso durante los milenos de haber sido quemados por el sol. Que quede claro.
Firma, el aquí subscrito, rey soberano de todo lo que se mueve y lo que no, sumo pontífice de almas e inanimados, máxima autoridad de rifas, juegos, espectáculos y actividades de burdel yo, Pablo Medina Uribe, confeso desquiciado, la mejor opción para gobernar al pueblo distraído de Burkina Faso, el general que llevará a la población ardiente de Burkina Faso a la victoria sobre la verdad, el chachi, el Capi, el generalazo, el Maracanazo, el cabezazo, la palomita de Poy, el escorpión, el virgo, el infectante de todos los prostíbulos de Ouagadougou, de Lagos, de Mogadiscio, de Antannarivo, de Windhoek, de Pretoria, Johannesburgo, Ciudad del Cabo, la Ciudad del Fútbol, de Abuja, de Adis Abeba, de Bamako, Brazzaville, Kinshasa y la Localidad de Santafé; yo, Pablo Medina Uribe, confeso asesino de Johnny Doria, Bobby y Hank, de Jonson, James, Berg, Smith, Fraser y otros tantos tripulantes, de William Shakespeare, de Lucio Battisti y de toda la raza cobijada por el calor de Pirx, de una cantidad inconmensurable de hombres y mujeres sin nombre, perdidos en el campo de batalla, perdidos por sus actitudes suicidas, perdidos en el mundo de la mafia, perdidos por el spleen, perdidos por la imaginación, o perdidos por la falta de energía; yo, Pablo Medina Uribe, confeso suplantador de Alfredo Charria, Gregorio Mendieta (grandes mentes de la literatura colombiana), Arturo Cova, José Eustasio Rivera, Zack Robson, Fernando Pessoa, Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, il doctor Pereira y, por sobre todas las cosas, Pablo Medina Uribe; yo, hombre sin nombre, vida sin rumbo, poeta sin poemas, rey sin reino, carpintero sin trono, martillo sin dedal, aguja sin camello, rey indiscutible e indeclinable por ser adverbio de todo lo que es, ha sido, fue y será la gloriosa República no tan monárquica de Burkina Faso y sus Alrededores.

Cúmplase y cúmplase y vuélvase a cumplir.

Att: Jaime Mup.

Monday, 22 March 2010

La carta rota

Enclochado en: Uncategorized

Hace unas tres semanas, en uno de los salones de la Universidad de los Andes de Bogotá, en el cual se lleva a cabo lunes y miércoles a eso de las 11:30 AM una de las clases más insufribles dictadas por la facultad de Artes y Humanidades de dicha institución, una pobre carta encontró su rasgado final. En una coincidencia increíble del destino (o mera y simple causalidad), C. Giraldo, P. González y yo dimos en atender a la vez mencionado recinto (ocurrencia más que extraña, por no decir más) y, en vez de lamentarnos por una hora y veinte minutos por nuestra mala suerte, cuestionarnos por el camino humanístico que hemos escogido o contemplar el reloj angustiados, tuvimos la buena sazón de encontrar la ya referenciada misiva hecha pedazos –suponemos, por obra y gracia de su receptora– y de encontrar que, aunque sería una ardua labor, podríamos reconstruirla. Gracias a los inacabables indumentos de la cartuchera de C., principalmente, cinta pegante transparente, y la mucha paciencia que nos dio el rehusarnos a escuchar a la profesora hablar y hablar sobre nada por horas que parecían días, logramos devolverle algo de forma y sentido a la desgarbada epístola. Desafortunadamente, muy para nuestro pesar, descubrimos que, a pesar de que nuestros esfuerzos por poner cada pieza en su lugar fueron fructíferos, faltaba una parte (bastante considerable, a decir verdad) que correspondía a la esquina superior derecha, cuya ausencia nos priva de entender el sentido completo de lo escrito y que buscamos incansablemente hasta que las señoritas del aseo nos recordaron muy amablemente que era hora de irnos y dejarlas recoger la basura. Aún pensando en ese pedazo faltante, en su vida flotando sobre la inmundicia de Doña Juana o similares, sin embargo, y a pesar de lo íntimo y complicado de lo referenciado en la carta, reproduzco a continuación fielmente (es decir, pido imaginar un gran “sic” por doquier), desde la fotocopia que C. me ha entregado, la pobre carta que alguien ha destrozado, bien sea para que alguien nos ayude a intuir qué es lo que falta, bien para que el desdichado emisor sepa que alguien dio en leer sus palabras y que lo acompañamos en ciertas partes de su dolor:

“Hola mi amor en es (…)
te recuerdo en este (…)
lo importante que er(…)
Que todo lo que viví e(…)
maravilloso aunque haiga (…)
disgustos eso no import (…)
seguimos y seguiremos jun(…)
pase mi amor, mamita (…)
Eres mi vida y no sabe (…)
que ocupas en mi corazo(…)
en este año nuevo tratar (…)
un poco mi temperamento (…)
la bebé que es la q,, mas tr(…) mal, (…)
verdad ella no sabe pero, bueno hay
veremos si cumplire o no
Este año y el año anterior se quedaron
Que de verdad me marca[-]
[-]ron por siempre, que fue la muerte
de mi hermano, la peor y la mejor
fue el nacimiento de larett [?]; por
eso te doy gracias, por una niña
que llora mucho pero la quiero,
es mi sangre y la tuya.

Mamita nunca dudes de mi, que de
mi parte no habra engaños, por
que te quiero de verdad, y te adoro
mucho por eso te pido paciencia
para lo que pueda suceder, como’
perder el control de mi caracter.

Aire de Tango

Enclochado en: Uncategorized

El pueblo nunca gana con estos amangualaos que se reparten el país. ¿Quién fue el jefe? ¿Quién el caudillo que se hiciera arrancar las pelotas por los saraviaos?
Fíjese en esas revoluciones pendejas de nosotros, ¿por qué peliamos? Los godos iban a misa de cinco, los liberales a misa de nueve, cuestión de turnos. ¿Qué cambiaba si ganaba uno o el otro? Mejoraban Ellos, muy cultos los jefes, muy metidos por lo alto, escritoriando y conversando… Porque se pusieron a conversar y ya ve el resultao… ¿Onde mus generales Uribe Uribe y Benjamín Herrera? Hoy tampoco servirían ellos.
Camilo Torres vino mucho después, yo estaba en la cárcel, cura de bragueta ese, con él nos hubiéramos ido. Lo mataron en combate, pendejadas hacerse liquidar… Cualquiera echa bala, ¿quién echa ideas grandes? ¡Hubiera sido el jefe! Su mamá acababa de morir en Cuba, ¡respeto por la doña!
Aquí entre nos, ¿saben?, a Colombia la ha matao que todas sus revoluciones las hacían gentes muy cultas y entroncadas y al final acababan como charlandito, olvidaos de sus saraviaos muertos. ¡Necesitábamos era un verraco sin tantas letras y con machete grande!
Yo, un sinverüenza, de acuerdo; pero las cosas se van contando solas y uno las oye y va sabiendo en qué monte canta la guacamaya. La Violencia acabó hasta con el nido de la perra, amigos caídos, pueblos abandonados, difuntos a los despeñaderos y a los ríos, el despepute. ¡Trescientos mil muertos!, pa qué, nadie organizaba la muerte. ¿Entonces? No hay que ser inteligente pa tomar partido, apoyábamos a los saraviaos. (116-117)

Sol de mi vida, fui un fracaso,
Y en mi caída busqué dejarte a un lao,
Porque te quise tanto, tanto, que al rodar,
Para salvarte sólo supe hacerme odiar.

(76)

Manuel Mejía Vallejo, por boca de aquel que mató a su hombre.

(”El camino es culebrero”).

Saturday, 27 February 2010

Homenaje a Ignacio

Escobar
es cobar-
de.

Gigi, el disfraz

Enclochado en: El Periodismo

Gilberto José Williams, mejor conocido como “Gigi”, es un currambero de 33 años que ha dedicado su vida al disfraz. Desde su primer show a los 15 años en su natal Barranquilla no ha podido parar y nunca ha abandonado el arte del “performance”, hasta afirmar que, aún al estar vestido “cotidianamente”, quiere sentir que está disfrazado.

Más de Gigi, el disfraz

(Por Pablo Medina Uribe)

Monday, 22 February 2010

Camino sobre hojas secas

Camino sobre hojas secas
y no hay hojas,
ni están secas,
ni sé caminar,
pero camino sobre ellas.

Las escucho quebrarse,
a lo lejos,
en silencio,
quedándose quietas,
tan quietas.

Las parto sin las manos,
sin los dedos,
sin las uñas,
sin tocarlas,
sin romperlas.

Camino sobre hojas secas,
sin pies,
sin piernas,
sin hojas,
sin saber por qué están secas.

Wednesday, 17 February 2010

Juego disociativo

Enclochado en: Uncategorized

Caía una lluvia mariquita, sí, “mariquita”, así le hubiera dicho Juan y hubiera salido a la calle sin chaqueta con los brazos estirados y diciendo: “no sean tan nenas, es sólo agua, ¿o es que ustedes nunca se bañan?”. Lo habríamos seguido todos, yo me habría puesto el impermeable que cargaba en la maleta y que había comprado una de esas noches de sábado en el estadio (¿por qué siempre llueve los sábados en este pueblo que se cree ciudad? ¿acaso querrá ahuyentar todos los borrachos de la noche?); Mario, simplemente, habría seguido caminando con la capucha negra de su saco ya no tan negro que llevaba siempre sobre la cabeza; Julián seguro habría usado esa sombrilla fina que le había costado más de tres boletas (¡hasta un clásico se perdió el muy marica!) y que usaba de bastón para darse aire de importancia; y Johanna… Johanna, ¿qué habría hecho? Se le habría acurrucado a Juan, claro, hasta se le habría encaramado. Le habría dicho: “yo tampoco le tengo miedo a la lluvia” aunque temblara de frío y se pasara la mano por el pelo cada minuto para que no se le encrespara. Juan le habría pasado el brazo por un lado y le habría dicho: “yo sé que usted es de las fuertes, mamita” y ella le habría sonreído con esa risita boba de las pelaítas que se enamoran los fines de semana con un par de polas en la cabeza.
Esa vez de la lluvia yo estaba harto de bobadas y les dije que no fueran tan maricas, que la cursilería no nos quedaba bien, que nos la iban a montar por ser maripositas bailadoras y que más bien nos concentráramos en lo importante: en que ahí estaba la treinta, ahí estaba la curva y aquí estaba Johnnier, que acababa de salir de la guandoca y hoy no tenía para entrar. ¿Qué si me regala una monedita, gomelo? Mire que así ayudamos al equipo. Necesitamos apoyo y aquí le tenemos al man, ese sí que sabe, cuando salen los hinchas en el noticiero, este es el que siempre sale adelante; este es el que se escucha gritando “árbitro hijuepuuuutaaaaaa” cuando pasan el partido por la televisora. ¿No me da un adelantito? Mire que esto es nuestra pasión es nuestra vida, mire que así no estamos en la calle, metiendo quién sabe qué y acercándonos a quién sabe quién a ver qué le hacemos. Y así hasta que uno de los gomelos de occidental se cansaba de escucharnos garlar tanto y nos daba una moneda o un billete de mil para que nos fuéramos y lo dejáramos de joder. A veces el Johnnier ponía cara de malo para asustar, pero eso no funcionaba, ahí todos corrían hacia los ‘montados’ y les valía verga pisar mierda de caballo, si así se lo sacaban al macancán de encima. Porque es que el man era imponente, como dos metros y bien tozudo, ¿pa’ qué? Pero eso yo le decía que así no funcionaban las cosas y que lo mejor era dar lástima, para que se compadecieran de uno y vieran cómo sufre uno con el verriondo equipo ese y que se digan por ahí en el fondo de algo “sí, jueputa, ese man tiene el corazón del mismo color que el mío”. Y yo pa’ eso sí que era bueno, para dar lástima, me paraba por ahí y ni me esforzaba porque sólo por existir daba lástima. Pero igual yo no soy perezoso y me esforzaba, a veces chillaba, a veces gritaba “¡tenga compasión!” y todo eso, hasta que reunía suficiente para todos.
Pero, carajo, estaba cayendo esa hijueputa lluvia mariquita y yo le conseguí la malparida plata esa al Johnnier para que pudiera entrar y nos fuimos todos juntos para la curva, con el Juan abrazando a la Johanna y yo atrás que me las pelaba, pero pelando muela cada vez que me volteaban a ver, diciendo como güevón “sí, sí, marica, hoy ganamos, juradito, lo siento aquí, aquí, parce” y todos asentían con la cabeza y decían vainas como “a esos perros hoy los humillamos” o “nos los comemos antes de que estén listos” o como el Johnnier que siempre se quería robar una bandera el muy hijueputa y por eso siempre terminaba emproblemado con la ley. Juepucha el marica sí que nos puso a voltear porque no se quedaba quieto. Pero entonces entramos y el Johnnier mirando para todas partes a ver a quién le armaba pleito, Mario sin mirar para ninguna parte, Julián que saludaba a toda la barra y a la barra vecina y el pendejo del Juan abrazado de la zunga esa de la Johanna y yo detrás aguantándome, saltando y cantando como para disimular.
“Vamos hijueputa”, “hoy no se puede perder” “pónganle güevas” (porque yo decía siempre “güevas” y no “huevos” como esos maricas que llegaban con camisa de Boca o Riverplei y no con nuestros gloriosos colores), un “árbitro hijueputa”, por si acaso y un “hoy no nos para nadie” cantado hacia la otra curva, para que supieran con quien estaban tratando y, entonces, ahí comenzaba esa mierda y se me paraba el corazón y me temblaban las manos, hasta a veces creo que no me llegaba sangre y que me iba a desmayar y me ponía tan mal cuando ese hijueputa lateral izquierdo que teníamos tan malo, que era urugasho o alguna mierda así dejaba pasar siempre a ese malparido negro del Chocó y el man llegaba siempre a reventar la pelota contra el palo ‘e mangos, que hasta se me olvidaban Johanna y Juan que por ahí a veces se medio rumbeaban y a veces se ponían a cantar y a veces hasta la vieja saltaba, pero quién sabe de qué emoción, pero ¿qué putas importaba? Si teníamos huecos por derecha y más adelante, en el centro y ese marica que trajeron de goleador de la B no sabía ni siquiera si era diestro o zurdo? Pues nada, hasta que el volante de creación trató de hacer un centro que le salió tan mal que hasta fue gol y yo fui a tratar de abrazar a Juan, pero la Johanna se me metió y me cortó y me quedé sólo con la palmada en el hombro del Mario.
Ahí sí me emputé. Ni sé bien por qué, pero me emputé. Un gol no era un gol sin abrazar al marica de Juan, que ahora me decía: “¿sí pilla? ¡Yo le dije que hoy ganábamos!”, el muy marica. Entonces me dolían los verracos pies de saltar tanto y es que, con esos hijuemadres tres puntos llegábamos a la punta, por fin, donde nos lo merecíamos y yo pensaba en la tabla y me concentraba en mi tobillo, porque eso dolía mucho menos que andar pensando en lo otro y que se me saliera de repente la piedra pero sin siquiera saber bien por qué. Qué mierda, nosotros ganando y yo envideándome como adolescente del Jimmy Carter, que si los hay envideados. Pero me dolía el puto pie de saltar tanto y tanto distraerme saltando, además que el maldito frío de la lloviznita esa lo empeoraba todo y ya ni podía saltar cuando se acercaba el pitazo final y todos se preparaban para la celebración en grande. Tan mal estaba que les ganamos a esos hijueputas y todos saltaron y yo me quedé sentado en la grada aplaudiendo de felicidad y lamentándome del hijueputa dolor a la vez.
Entonces Julián dijo que deberíamos bajarnos media para celebrar la ocasión y el Johnnier estuvo de acuerdo, por lo que Mario y yo asentimos ganosos de trago, pero Johanna dijo que ella no podía quedarse a celebrar y el güevón del Juan le dijo que él la entendía y que mejor la acompañaba a la casa, porque ella vivía por el Nicolás de Federmán y el marica no quería que caminara sola y seguro tampoco quería que se acostara sola, ni que se quitara esa hijueputa ropa mojada sola. Entonces los demás le insistimos al pendejo que se quedara un rato con nosotros o que al menos volviera rápido, pero el marica se fue y quién sabe qué le habrá hecho toda esa noche de sábado lluvioso (que se volvió de repente tormenta con granizo y toda esa mierda) encerrado en la casa de una vieja bien ganosa como esa. Nos tocó a los demás quedarnos jartando una pola cada uno, mirándonos las jetas y diciendo bobadas sobre el partido que ya todos sabíamos. Interrumpidos por silencios incómodos que nadie sabía llenar y todos pensando lo que le estaría haciendo Juan a esa viejita.
Entonces fue desde ahí que me dio como mamera volver al estadio, porque siempre me pongo mal, un amigo de mi mamá que dice que es medio doctor (aunque la verdad es que es enfermero, el muy marica) me dice que es que se me sube la tensión y que dizque eso no es bueno; y además nos está yendo como una mierda y yo no sé qué voy a hacer a amargarme allá y el marica de Juan no ha querido volver, porque ahora está de novio con la Johanna y ahora los fines de semana siempre tiene “algo más importante que hacer”, ya ni a los partidos de copa se aparece el marica. Entonces ya no voy, ya no vuelvo, ¿eso como pa’ qué?

Desvariables #8

Enclochado en: Desvariables

Vini, vidi, vici:
“¡Venga le vendo un mangoviche!”

Desvariables #7

Enclochado en: Desvariables

Alea iacta est:
“Me jacto de tu jalea”

Tuesday, 16 February 2010

Dicunt

Enclochado en: Uncategorized

“Hay que recordar al punto que la memoria supere a la realidad, así, cuando esta última se nos plante enfrente, prefiramos siempre la ficción que hemos creado”.

-Alfredo Charria. “Recuerdos y añoranzas” Editorial Mýthos: Bogotá, 1976.

Monday, 8 February 2010

Desesperación

Sáquenme de este judaísmo
sáquenme de este cristianismo
sáquenme de este monoteísmo
déjame encontrar belleza
sin tener que pasar por ti
y sólo por ti
y nada más que por ti.

Shakespeare shakes a pear

Enclochado en: Uncategorized

Tonight and tonight only! The wonderful William Shakespeare shakes a pear! And now, transmitting live from the 16th century, right here, right now on the blogosphere –whatever that is!
-Ok, here comes our man, he seems ready!
-That’s right, John, I think Bill has thought about that pear troughout all of this morning!
-You got that right, Chip. Ok, everybody, here comes the great moment, William is approaching the fruit basket, let’s all be very quiet and let him concentrate…
-Wow, John, look at how masterfully Shakespeare is looking for the pear through that fruit basket, I’ve never seen such sportmanship since the famine of 1315!
-Hold on there, Chip, seems like Bill has found something… He grabs it… He picks it up… He puts it to his nose and…! No! Wait! That’s an apple! Hold back your horses gentleman! Watcha think of that, Chip?
-Well, that’s surely a mistake and it’s going to cost hime some time, I’m not sure he’s gonna be able to bounce back from this one.
-Well, he’s gonna go for it again; he’s got his hands deep in the basket and… There we go! William Shakespeare has a pear in his hand! Now that’s really what I call a “player”!
-I know, John, that’s quite a comeback, I honestly didn’t think he would’ve made it, un-be-lie-va-ble.
-That’s right, Chip, this is one of those moments when you realise why you love this sport so much.
-Really John, it touches you very deep.
-Well, I hope you’re not crying now, Chip, because we’re abput to see some real action.
-Don’t worry, John I’ll just wipe my tears.
-Ohhhhkay then. There he comes now, pay very close attention, since this may be one of those stories you’ll be telling your grandkids in a few year’s worth.
-Yeah, some of us sooner than later.
-Ha! Oh! He’s lifting the pear, he’s putting it to his EAR first, wow, and that’s what I call confidence.
-Indeed, John, indeed.
-Ok, there we go, he’s about to shake it, he’s about to shake it! Oh, dear, Lord, this is not suitable for cardiacs! He’s shaking it, good people, he’s shaking it! This is what we were born for, fellas, to witness this kind of beauty! He’s shaking it, he keeps shaking it and…
-Oh! No! It seems it isn’t making any sound.
-Oh no, I hope he doesn’t get tempted. We all know what a great player he has been, that he won’t…
-Oh! He bit it!
-Oh, wow, what a great bite he just had. It seems like he didn’t have anything for breakfast this morning. What a loss, what a regrettable loss for this great man and for this great game that was turning out to be epic, just epic!
-Well, we can start forgetting about the epicness now, since it seems he’s already halfway through that pear.
-Oh, dear, I can’t bear to watch this demise. This is just too much, too much!
-And there it goes, there’s no more pear left, no more action today. What a shame it has been, but we hope to meet you again at another pear-shaking event.
-Goodbye and good luck to all!

Volveré y seguirás con tus árboles vivos
y las hojas muertas que arrastras con el viento frío de tu tarde,
volveré a navegar por tus calles,
mojándome los tobillos, dejando que
me golpees de a poco la cabeza;
volveré a incendiarme, en cada esquina
y cada noche, abrazándome de frío,
abrasándome la garganta…
Volveré y tú seguirás la misma,
indiferente y neutra,
arrastrándome entre tus corrientes,
empujándome por tus bajadas,
halándome hacia tus cumbre…
Vuelvo para amarte
y tú te olvidas de mi peso.

Sunday, 7 February 2010

Mal de altura

No me dejes respirar:
cierra mi pecho con altura,
ásame en tus días y congélame en tus noches,
sancóchame y súdame y apriétame y descongélame,
censúrame y sazóname y quítame el aliento de la boca
y déjame caer arrodillado mientras suplico por aire,
déjame el espacio apenas para suspirar
para suspirarte y suspirar por ti
y suspirar todo lo que hay dentro de ti
y saborear el consomé de la hipoxia.

Monday, 4 January 2010

Le biciclette abbandonate… e poi?

Enclochado en: Uncategorized

Sono tornato. Ho visto tanto. Tantissimo. Tanto che non potrei neanche dirlo qua’. Tante belle cose, tanta bella gente, tanti amici nuovi, tante persone nuove. Ma poi, cose brutte, gente brutta, cose brutte, pensieri brutti, come di solito sono i miei. E ho trovato che l’Italia che mi avevo immaginato non esiste più o, magari, non è mai esistita. Non è quella che ho imparato ad amare dalle canzoni. Non è quella di toni arancioni e sorrisi perpetui nella quale pensavo mentre guardavo la sua cartina nella mia aula da piccolo, non è quella dei rigidi paesaggi dei miei libri, non è poi quella dov’era quello che cercavo -anche se lí qualche indizio ho trovato.
Ma è bella, in una maniera molto diversa di quella in cui l’immaginavo e, perciò, la saluto con grande amore.
Torno a casa, quella che pensavo esistesse davvero, ma ora so che solo c’è dentro i miei ricordi. Torno, ma con nuovi luoghi al cuore che ora potrei chiamare “cä” ogni tanto. Torno a casa, mia vera casa, ma sapendo che senza le mie altre case, questa non mi sembrebbe così bella come lo fa’ oggi. Torno a casa ringraziandoti per accogliermi e per dirti che qualche giorno spero di rivederti.
Grazie Zena, so che ascolterò qualche Fabbrizio d’ora in poi quando mi sentirei fuori luogo.

Monday, 30 November 2009

Gott

Enclochado en: Uncategorized

Wie ist dein Gott
Ist er gottlos?
Ist es neutrum?
Hat er viele Haaren?
Spricht er Dutch?
War er schon nach Pennsylvania?
Macht er mich schreiben?
Oder singen?
Oder laufen?
Wer ist dein Gott?

Friday, 27 November 2009

Así es

Enclochado en: Uncategorized

Dice un colombiano mientras contempla la tristeza de un paraguayo:
- Es una mierda
- ¿Qué cosa? - pregunta él.
- Lo asimétrica que es la vida.
- Así es.

Thursday, 26 November 2009

Helena

Enclochado en: Uncategorized

Nadie tiene la culpa de enamorarse.

Tuesday, 24 November 2009

La (Fa)

Enclochado en: Uncategorized

Pin, pin, pin.
Ecco un pianoforte,
pin, pin, pin, pin-pin
ed ecco dietro il pianista
stanco, annoiato
no
disperato da morte
pin, pin
ossessionato con quello stesso tasto,
con quella nota sua,
sì, quella che è proprio sua
“pin”
l’ínizio di un grande capolavoro
“Pin”
ma anche la fine, finora
e magari per sempre
“pin”:
un capolavoro perso fra le dita della disperazione.
Plac!
Ed ecco una corda che non vuol farsi ascoltare più.

Friday, 16 October 2009

Basic Plot

Enclochado en: Uncategorized

Está un ex-novio frente a su computador en su cocina intentando concentrarse para terminar cierto informe de su trabajo, pero encuentra esta hazaña casi imposible, pues aún hay muchas cosas por decir y muchas otras por concluir, así que le vienen a la mente continuamente pensamientos de cómo hacer las cosas y de qué palabras sería mejor escoger. Mientras se debate entre los impactos que podría generar, alguien timbra, pero él, que está tan distraído no alcanza a oír, así que ese alguien afuera tiene que insistir hasta que él vuelve a tomar conciencia del mundo tangible, cierra la pantalla de su computador y se dirige hacia la puerta con parsimonia algo confundido y preguntándose quién puede estar del otro lado de la puerta justo a esa hora de ese día solicitándolo. Abre y se da cuenta con el repentino aumento de ritmo cardíaco quién es que está esperando afuera. Es ella.
Él había pensado tantas veces el discurso que querría haber dado al volverla a ver que ahora, con su aparición espontánea, no puede hacer más que quedarse en silencio contemplándola, pues pensaba que hubiera podido tener algo más de tiempo para practicar, ajustar detalles, arreglar minucias y en este punto no sabe bien por dónde comenzar. Ella, que viene mojada de la calle y tiene algo de frío, tiene la esperanza de que él la deje pasar, así que intenta un dulce “Hola…” a lo que él, con algo de retardo, responde “¿cómo estás?” con un ligero quiebre de su voz, mientras se corre de la puerta para indicarle que entre. Ella lo hace y se dirige hacia donde usualmente lo hacía, una silla de la mesa del comedor, para ahora quitarse la chaqueta húmeda. No puede evitar rodearse con los brazos, cerrar sus pestañas fuertemente y temblar mientras que exclama con su voz más aguda de lo normal “Brrr… ¡qué frío!”, lo que él alcanza a ver y le hace olvidar todas las palabras que había pensado en las últimas semanas. Él le ofrece una manta sin abrir la boca y ella lo acepta con un “gracias” casi imperceptible. Pero él, ahora, está más perdido que nunca, no sabe qué decir para lograr su cometido, de hecho, ya ni sabe qué es lo que quiere. Ella, nerviosa por su silencio, se atreve a comenzar: “No… no podemos quedar así de mal. Yo te quiero y, aunque creo que será mejor que cada uno siga su camino en la vida, no quiero que estemos así, sin podernos hablar. Todas las veces que nos vamos a encontrar de ahora en adelante y con esta tensión entre nosotros… ¿te imaginas? Yo no me la quiero aguantar, quiero que podamos ser amigos y seguir disfrutando de nuestra compañía, ¿no crees?”. “Yo también te quiero” simplemente atina a decir él, pues no sabe qué más hacer. “Lo sé” dice ella suspirando, “por eso no quiero que nos alejemos, creo… creo que podemos aún estar juntos, sólo que en otro tipo de relación…”. Ella cree haber sido demasiado directa y se arrepiente, no quiere herirlo y, a decir verdad, tampoco quisiera tener que alejarse tanto, por eso debe ser que insiste tanto en que sigan siendo amigos. Él sigue perdido, había estado preparando un largo discurso con el cual acabar las cosas de manera dulce, pero formal, despegada, pero cariñosa, sin causar daño y mostrándose superior a las nimiedades de los sentimientos. Sólo que se acaba de dar cuenta que eso es lo último que querría, que no quiere que las cosas acaben así de fríamente y, que de hecho, no quisiera que acabasen, así que intenta recordar la razón por la que están separados para intentar devolverse en el tiempo y borrarla, pero descubre con desesperación que ya ni se acuerda qué fue lo que sucedió y que no sabe si fue un error suyo o de ella y, por lo tanto, sin saber la avería, no puede conocer el arreglo. Se aventura a mandar una frase: “Yo…” pero se frena ahí porque la verdad no tiene nada qué decir. Ella, que es mucho más valiente y que está ahora enternecida con su dificultad con las palabras, no lo quiere dejar pasar la vergüenza de no saber qué decir, así que lo interrumpe a tiempo y dice cualquier cosa, o lo mismo que antes, pero con palabras ligeramente diferentes. Y ahora que no sabe qué más hacer, mira al suelo, porque se da cuenta lo difícil que le es decir ahora, con lo rápido que el silencio de él le ha hecho ir el corazón, ese “Está bien que nos separemos ahora, pero… pero no quiero que te olvides de mí”. Y él sonríe porque por fin tiene algo que aportar a la conversación: “No sabría cómo hacerlo”. Ella sonríe también y se acerca para darle un último abrazo que ninguno quisiera terminar, pero que ambos acortan para que el otro no piense que con un simple abrazo lo van a reconquistar.
Ambos concuerdan en quedar en eso, así que ella se despide amable, diciendo que espera poder encontrarlo otra vez pronto y se va a cruzar la puerta, pensando en si hizo lo correcto, si dijo lo que de verdad quería decir o si su orgullo la encegueció ante lo que de verdad hubiera querido. Y mientras va pensando en estas cosas, siente que una mano la sujeta del brazo. Asustada voltea a mirar y se llena de nervios cuando ve que es él quien está ahí, a su lado, aguantando su partida. Y él, tragando saliva, mirándola a los ojos y tomándose su tiempo le dice “todavía no te puedes ir” y, como no agrega más, ella se ve forzada a preguntar “¿por qué?”, a lo que él responde despacio “porque tengo algo que decirte” y ella, que espera con ansias escuchar lo que quisiera escuchar, tiene que interrumpir su nuevo silencio que ahora parece eterno con un “dime…”. Él toma valor y la trae hacia sí, abrazándola y dándole un beso en el que espera concentrar todos los besos de todos los años futuros en los que esperaba estar así, junto a ella bajo la lluvia, sin mediar palabra y que ahora se van a perder en el mero recuerdo de las potencialidades. Ella lo acepta, porque se acaba de dar cuenta que eso es lo único que ella esperaba, nada de amigos, ni de buenos términos, nada de fines, sólo un beso, un beso era lo que ella buscaba, que por fin él se envalentonara e intentara luchar por no dejarla ir. Era tan simple y sólo hasta ahora lo comprendía, sólo quería saber si él tendría las agallas suficientes para luchar por ella.
“¿Me entiendes?” le susurra él al oído apenas se separan sus bocas y ella le dice suavemente, casi suspirando en su oído “más o menos, ¿podrías repetírmelo… pero más despacio?”. Y entonces vuelven a la casa del ex-novio que no sabemos si ahora será el novio, o el amante, o el amigo, o el esposo, pero que sí sabemos que cierra la puerta tras de sí, dejando la cámara por fuera para hacerle comprender a los espectadores qué es lo que va a pasar esta noche.

Wednesday, 23 September 2009

Il Belpaese

Enclochado en: Uncategorized

Many people seem to travel under the excuse that they need to get away, to get some space in order to seek and, eventually, find themselves. Cheers for them. I already have found myself –that is, to be accutely precise, I’ve found one of myselves– and it’s not a nice sight, to say the least. I travel now because I need to get away from myself, from that arrogantly egotistical self I’ve discovered in me and to, maybe, hopefuly encounter a new self –one with which I, and everybody around me, can feel more comfortable. Since we’re not one, but many, one differente from each point of view (cfr. Uno nessuno e centomilla by Luigi Pirandello), I’ve come to the conclusion that changing drastically the points of view from which I’m regularly seen would be the fittest option to help me in this separation from myself and this eventual search for the other me. Thus, I’m in Italy, even if a remote land, one in which I’ve always felt like my second (or third, maybe) home, in an enviroment that I’ve known forever –even if I just taste it directly for the first time right now–, somewhere where I can feel comfortable and be who I am, without drastic changes, but yet look for myself in strange eyes, those which can speak louder truths about me and myself. Then, I hope, I’ll leave behind that self and return with not a differente one, but a better one. Because I know certain people that deserve that from me.
Now, you may know that I enjoy talking about myself a lot, but that I don’t write about me that merrily, so, until comeback, I hope I won’t have to pick through my soul that much.
Soaked in Limoncello and Grappa, I must tell you: “See you soon”.

Tuesday, 22 September 2009

Nova Vita

Enclochado en: El Universo

Se habían equivocado, aquellos estudiosos, se habían equivocado, por doscientos años y hacia el lado menos oportuno. Cómo es molesto cuando las cosas suceden antes de lo planeado. Las Autoridades apenas comenzaban a proteger nuestro planeta contra el presupuestado aumento de calor: “Pirx” –que es como llamamos aquí a nuestra estrella, que se encuentra en el cuadrante H-1 de nuestra galaxia y que tenía una magnitud P-T, lo que digo por si sucede la improbable casualidad que alguien, alguna vez, encuentre esto y sienta el comprensible deseo de recordarnos– se iba a calentar de repente, su brillo y su temperatura irían aumentando paulatinamente cambiando, mientras tanto, todo en nuestro hogar. Este mundo que nosotros construimos, este que nos dio tanta alegría, este que moldeamos hasta hacerlo perfecto, este que veneramos como prueba innegable de nuestra capacidad de unirnos y de crear algo mucho más grande que nosotros, éste, nos comenzaría a mirar con desdén y nos expulsaría de su tierra, de la manera más grosera y maleducada, como en aquellas leyendas de antaño en las que el anfitrión, sintiendo esa extraña desazón, de la que me han contado pero nunca he llegado a comprender por completo, frente a sus huéspedes, los obliga a irse de su casa, gritando y golpeando cosas violentamente al azar, como si la presencia de otros le causara una molestia insuperable.
Como si fuera poco, Pirx, un buen día, iba a estallar. Entonces nuestros océanos se evaporarían, nuestras casas se desprenderían en sus millones de partículas, nuestra gente se derretiría en cuestión de segundos y cualquier rastro de que alguna vez hubo vida en este planeta se borraría para siempre. Por eso las autoridades nos estaban protegiendo: reclutaron a todos los habitantes de nuestro mundo para cubrirlo de una protección especial contra el aumento repentino de calor que nos daría tiempo para buscar un nuevo lugar para habitar y para refundar nuestra tranquila existencia, un nuevo respiro para nuestra orgullosa raza de ávidos conocedores. Fue una labor ardua que ocupó a todos los miembros de varias generaciones, pero todos buenos trabajadores que obraban eficiente y diligentemente, completando el trabajo poco a poco, pero siempre de acuerdo a lo planeado. Yo mismo ayudé a instalar paneles desde Lem hasta Hleb, que distan entre sí unos PHS cirulios pero, como me doy cuenta ahora que, quizás, si alguien llegase a encontrar esto, no esté en capacidad de comprender nuestras seguramente superiores unidades de medida, mejor digo que cubrí casi un tercio del diámetro del planeta.
Estábamos a punto de terminar esta gigantesca obra, siempre apegados al plan y confiados en que nos salvaríamos, pero se equivocaron, por doscientos años, no era esta generación la que se suponía tendría que vivir esto. Quizás nuestros nietos o bisnietos tendrían la responsabilidad de viajar y colonizar nuevos horizontes. Pero no nosotros. Nosotros sólo nos habíamos preparado para aguantar un rato más aquí, en nuestra casa, en nuestro hogar, hasta que no hubiera más opción que buscar nuevos horizontes. Pero ese no era nuestro destino, eso no era lo que nos había dicho el Universo.
Antes de instalar los últimos paneles (sobre Wysla) que nos habrían dado el tiempo suficiente para poder considerar nuestras opciones y decidir qué hacer con nuestra especie, la temperatura comenzó a aumentar con una furia inesperada e ininterrumpida. Pensamos que era un imprevisto menor –una fluctuación, nada más–, así que decidimos proseguir con el plan, que a mí se me antojaba inquebrantable. Sin embargo, los trabajadores sucumbieron ante el aumento indetenible de la temperatura y fracasaron consumiéndose en cenizas por lo que no hubo que esperar mucho para que Wysla –y todos sus habitantes– desaparecieran sofocados.
La posición oficial fue la de no preocuparse, el plan aún se podría llevar a cabo, sólo con ligeras alteraciones, a fin de cuentas, la Autoridad misma lo había confeccionado y, como representante de toda la inteligencia insuperable de nuestra raza, no había razón alguna para considerarlo como algo diferente a infalible.
De todas maneras, confieso que llegué a sentirme nervioso por un momento, en Wysla habíamos perdido a varios pensadores y Autoridades que podrían haber sido de gran ayuda como intérpretes de los designios del Universo y guías hacia nuestro nuevo hogar. Pero no retuve este pensamiento por mucho tiempo y, en cambio, consideré que nuestro conocimiento ya es generalizado (no meramente particular, como en etapas anteriores y lejanas de nuestro desarrollo) y como la raza insuperable que somos, sería fácil encontrar cómo reemplazar aquellas mentes perdidas. Así que volví a mis labores para sacar adelante a nuestra raza y pensé que, en cualquier caso, sin importar ahora la cantidad de Autoridades perdidas, íbamos a cumplir con nuestro objetivo, mientras nos apegáramos al plan creado por nuestra inteligencia colectiva. La inteligencia, evidentemente, es parte esencial de quiénes somos y no nos permitiría fallar.

Pronto fue, sin embargo, que entendimos que Pirx estallaría mucho antes de lo planeado y fue entonces que entendimos que las Autoridades se habían equivocado. Por doscientos años, se habían equivocado. Pero no fue realmente por doscientos años que se habían equivocado, no fue un mero error de cálculo lo que había ocurrido, fue un error de lectura: No supimos cómo leer apropiadamente los designios del universo. Porque pensamos que esa única inteligencia superior a la nuestra, que es el mundo que nos rodea, nos estaba pidiendo que abandonáramos nuestro mundo y nos estableciéramos en otro lugar, que era hora de llevar nuestra inteligencia por nuevos rumbos, de comenzar una nueva vida que partiera desde la perfección que ya habíamos alcanzado, que dejáramos cualquier rastro de nuestra evolución imperfecta atrás, que nos daba una oportunidad para olvidarnos por completo de nuestro pasado que ya, de todas maneras, nos parecía tan alejado. Pero la verdad de los designios era que Pirx había brillado antes de lo presupuestado porque nos quería decir que nuestro tiempo ya había llegado y, como dicen los sabios, ya era hora de que las estrellas nos llevasen a otro mundo.
Nos demoramos en entenderlo –aún una inteligencia tan avanzada como la nuestra puede llegar a confundirse frente a los intrincados mensajes del Universo–, muchos pensaron que el mundo quería acabar con nosotros pues no quería arriesgar a que nuestra inteligencia degenerara, nos quería llevar en nuestro punto más alto, pero las Autoridades, más sabias, apuntaron correcciones diciendo que es hora de llevar nuestras desarrolladas mentes por nuevos planos de existencia. Hemos comprendido, finalmente. Hemos abandonado nuestros avances y nuestra búsqueda por proteger nuestro mundo y nos hemos dedicado a esperar. Mientras Pirx explota, nuestros paneles nos mantendrán relativamente frescos. Pero cuando llegue ese momento inevitable, el calor será tan monumental que ni siquiera tendremos tiempo para sentir dolor y, finalmente, el Universo nos mandará al lugar en el que nos quiere ver.

A decir verdad, no estoy muy seguro por qué dejo este recuerdo. Toda mi raza se va a ir conmigo y aquí, en este segmento vivo del Universo –estamos completamente seguros– no quedará nadie. Hemos buscado a través de millones de métodos otra vida, otro tipo de vida, diferente a la nuestra, quizás similar, pero ajena a nuestro mundo. Sin embargo, a pesar de nuestros esfuerzos irrefrenables, no hemos encontrado rastro alguno. Y, si nosotros no hemos sido capaces de descubrir algo, poniendo toda la energía de nuestra inteligencia al servicio de la búsqueda, quiere decir que no hay nada que encontrar. Estamos solos, quizás por eso nos lleven a otra parte. Pero estamos solos y no quedará nadie para recibir este mensaje que ahora dejo navegando con mi voz entre las estrellas. De todas maneras, siento que necesito dejar constancia –y no de nuestra historia, o de nuestro gran conocimiento, porque ya nuestra raza ha enlistado, protegido y empacado todo lo referente a nuestra inteligencia para que, si por alguna razón surge alguna vez otro tipo de inteligencia en este mundo, pueda aprovechar de nuestros avances–, sino de un pensamiento que me surgió esta mañana que creo que aún nadie lo ha dejado registrado:
Y es que tengo un hijo, es decir, tengo vario, pero hay uno en particular que es un poco extraño porque le encanta leer, pero no cintas, ni compactos telepáticos sobre las verdades científicas que nuestra raza ha logrado demostrar, como debería ser, sino que prefiere realizar el esfuerzo de pasear sus ojos a través de las páginas de aquellos antiguos libros polvorientos que algunos ancianos recordaban llamar alguna vez “ciencia-ficción” y que son mentirosos y hablan sobre gente que no existe, y quizás nunca existirá, en particular una raza que supuestamente habita en una galaxia lejana y casi invisible –aún con nuestros mejores telescopios–, que por su falta de luz no podría nunca albergar vida, pero que en esas patrañas la gente imaginaria no sólo vive allí, sino que además le tiene un nombre al lugar, “Vía Láctea”, sea lo que sea eso. En cualquier caso mi hijo, el lector, a quien he dejado llenar su cabeza con tales bobadas, pues creo que, en cualquier caso ya no podrían hacerle daño a nadie, me habla continuamente acerca de esa gente y de cómo están en continua lucha unos contra otros. Mi hijo, que además de lector de patrañas es un incrédulo, me preguntó ¿por qué, si nosotros somos una raza perfecta y la sabiduría del Universo es tan inmensa, vamos a ser nosotros los aniquilados y no aquella gente perniciosa? Las estrellas me iluminaron entonces y le respondí, que es el pensamiento que quiero dejar consagrado, que nosotros no vamos a ser aniquilados, sino que el Universo nos va a llevar a un mejor lugar y que esos personajes, en realidad, no existen y que, si algún día llegaran a existir, pues también les llegará su hora, pues el Universo es sabio y sabrá cuándo hacerlos ir. Como nos sucede a nosotros, pues es sabio que ya nos vayamos.

Monday, 3 August 2009

Asma

Un neo-soneto que respira. Para que las masas lo disfruten.//
Vuelvo a ti, muchas veces suspirando
y atravieso las válvulas vetustas
llenas de polvo y músculo blando
que hacen angostas las vías robustas.

Vuelvo a ti con el dolor de antaño,
con los silbidos y los sollozos
con que inflo tus bolsas de tal tamaño
que de tu vida me tomo un trozo.

Y no te dejo por un simple encargo,
ni porque se intente desterrarme.
No te dejo y, en cambio, en ti duro.

Y no te dejo más que un oscuro
pasaje que no es digno de adarmes
que le da a tu boca un sabor amargo.

Ateo

Ateo(p)

En el principio era el verbo
y el verbo estaba con Dios
y el verbo fue el mismo Dios.
El poeta llegó primero
y el poeta estaba con Dios
y el poeta fue el mismo Dios.
Todo pobló con su voz
y su voz llegó despacio
y el mundo llegó despacio.
Él lo llenó todo de amor
y ese amor de mercenarios
y a ese mundo de mercenarios.
Cruzaron por varios años
la Tierra al ir recreando
palabras que iban creando.
Y esas palabras, por los años,
fueron creando nuevos bandos
y la discordia recreando.
O, bien, fueron avivando
de las almas poco vivas
el calor de brasas vivas.
Así que el verbo fue quemando,
dio cenizas muertas por vivas
y maderas rojas, tan vivas.
Y las palabras divinas
pronunciaron con sarcasmo.
Nació el mundo con sarcasmo.

Friday, 24 July 2009

La Profecía

Enclochado en: Uncategorized

Lord Nollyt hizo lo que pudo por volver a ponerse de pie, había caído de rodillas y le causaba gran dolor el desdoblar sus piernas. Miró a su alrededor buscando encontrar su espada, los gritos de euforia de los muchos lugareños que habían logrado vencer el miedo para presenciar esta épica batalla ya no eran su motivación para seguir peleando, ahora sólo le interesaba salir con vida de esa locura. Puso ambos pies en el suelo y sintió que se caía hacia un lado, pero logró conservar el equilibrio abriendo sus brazos y cuasando gritos de desesperación en la multitud que veía que su última esperanza se estaba consumiendo. Vio su espada abandonada en el suelo hacia su derecha y, como notó que su enemigo estaba acercándose vertiginosamente, se lanzó para agarrarla. Tomó el mango de esa legendaria arma por segunda vez, la primera vez que o había hecho, hacía quizás una hora, había sentido el metal frío entre sus manos y se había preguntado una vez más, aglo desolado, por qué tenía que ser justamente él quien se encontrara ahí, en esa posición. Esa primera vez desenfundó la espada y, sin saber cómo, creó un sonido desafiante que emocionó a la gran masa que ya desde hacía un buen tiempo estaba allí congregada cuyo clamor y algarabía lo hizo distraer por un segundo de su objetivo y lo obligó a pasear su mirada contemplando el rostro de todos quienes dependían de él; rostros oscuros y sombríos todos, como aquel lugar en el que fueron condenados a nacer, rostros apagados y sumisos, acostumbrados a soportar el sufrimiento continuo y no esperar ninguna recompensa a cambio. En ese momento creyó esas historias de matronas y desocupados por un segundo, quizás él sí era el apropiado para liberar a todas esas pobres personas del peso que siempre los había agobiado. Alzó su espada y clamó al cielo que le ayudara a encontrarse con su destino, el destino de héroe. Fue entonces cuando el dragón le dio el primer golpe, lo arremetió con sus garras delanteras, rompió su armadura y alcanzó a desgarrarle parte de su costado derecho. Con un dolor que nunca antes había conocido, intentó seguir luchando. La segunda vez que empuñó su espada, volvió a sentir el metal frío, pero ahora no pensaba en tomarla para convertirse en el símbolo de aquel pueblo que clamaba por su ayuda, sino sólo sabía que la agarraba como pudiera para intentar salir con vida de ese desafortunado encuentro. La había logrado empuñar antes de que el dragón le diera un nuevo golpe, uno más que probablemente ya pasara la cuenta de los miles y que con seguridad sería el último que él podría sentir. Se puso en pie de nuevo con mayor dificultad que antes, levantó la espada con ambos brazos y la irguió en dirección del enemigo, reuniendo sus últimas fuerzas en un último grito de batalla después del cual se dio cuenta que no había hacia dónde arremeter, puesto que la bestia había finalmente abierto su boca y él, irremediablemente, encontraría su destino dentro de sus fauces.
Lord Nollyt, que no era realmente un lord, logró entrar a ese animal acompañado de su espada así que, mientras se movía lentamente en el proceso de digestión de la enorme bestia, intentó usar aquella arma legendaria sobre la cual había escuchado tantas leyendas y a la que se le atribuían tantas proezas. Pero no conseguía ni un rasguño, el dragón era tan duro por dentro como por fuera. Maldijo su suerte y maldijo el momento en el que se había dejado convencer por tal charlatanería. Él había llegado a ese pueblo como un simple mensajero del verdadero Lord de Nollyt, un pueblo muy al sur de donde se encontraba actualmente, tuvo la desgracia de llegar en el momento de la única fiesta al año que demonios y bestias locales permitían celebrar cada año. Bebió tanto que no se acordaba de qué había sucedido, pero cuando se levantó descubrió que los locales lo llevaban a hombros porque, por alguna razón, de alguna manera sobre la cual nadie se podía poner de acuerdo, él había conseguido la muerte de uno de los más grandes azotes del lugar: un gnomo ágil, ingenioso y malvado cuyo cadáver él mismo vio un poco más tarde atravesado por el cuchillo que solía llevar consigo en caso de encontrarse con ladrones. Todo el pueblo lo aclamó y, en actos solemnes, fue declarado Lord por las autoridades del lugar, se le fue encomendada la seguridad de la zona y se publicó un decretó oficial en el que se declaraba que todos los habitantes debían estar a plena disposición para cualquier orden que diera el nuevo Lord que fue comenzado a llamar por su lugar de origen, puesto que carecía de apellido. Rápidamente, el nuevo Lord Nollyt se enteró que él era “aquel del que habla la profecía”, puesto que esta vaticinaba que sólo un extranjero podría vencer las fuerzas del mal que se asentaban en ese lugar y que lo haría, venciendo sus primeros enemigos sin darse cuenta. Supo que muchos otros extranjeros habían llegado con la esperanza de ser quienes mencionaba aquella leyenda, pero que todos habían llegado engreídos y sólo buscando fama, gloria, reconocimiento y, quizás, a largo plazo, la mano y las posesiones de una princesa, como en aquellos cuentos de caballería que a veces se escuchaban. Pero todos, por fuertes, valientes o inteligentes que fueran, habían fallecido dolorosamente, sucumbiendo siempre antes de lo pensado ante las fuerzas del mal. Uno de los habitantes del lugar tenía un almacén en la parte trasera de su casa donde guardaba los restos de todos aquellos que perecieron porque no eran quienes la profecía necesitaba que fueran. Lord Nollyt fue llevado allí una vez, para que pudiera contemplar cuántas muertes debía vengar t cuán importante era que él se encontrara con su destino. Él olió allí la putrefacción y vio la descomposición y no pudo evitar vomitar, así que pensó que quizás él no era a quien buscaba la profecía de aquel desdichado lugar, quizás sería sólo un accidente y quizás deberían esperar a alguien más fuerte. Pero en el pueblo estaban cansados de esperar y le dijeron que él era el primero, durante toda la historia del reino del mal en ese lugar, en acabar con alguno de sus representantes, sin darse cuenta, estaban seguros que él era el indicado. Él reflexionó y, aunque seguí incrédulo, sijo que, quizás, podría intentarlo.
El pueblo celebró su decisión y se dispuso a armarlo para que pudiera llevar su lucha hasta el fin. Lo proveyeron de armaduras, caballos, escuderos y, sobretodo, de su espada, aquella espada que había existido por tanto tiempo que ya nadie recordaba cómo había llegado a existir, aquella legendaria extansión de metal que, algún día, un día que parecía siempre tan lejano, iba a sacarlos a todos de sus pesares. Se ocuparon también en entrenarlo, combate cuerpo a cuerpo, manejo de armas y equitación y, para sorpresa y alegría de todos, mientras intentaba manejar un caballo, aplastó con su animal a un elfo venido de la parte de la maldad que había sido enviado como espía para enterarse cuál era el supuesto elegido y que no entendía cuál era el tal alboroto por un flacuchento pueblerino con buena suerte. Cuando se descubrió el cadáver de este nuevo enemigo abatido, hubo nueva fiesta, pues ya no quedaba en duda que Lord Nollyt era el designado por el destino para salvarlos. Pronto fue llevado hasta el lugar donde podría vencer definitivamente a esa nube negra que se imponía sobre ellos, la guarida del enemigo más grande de todos, el escondite del dragón.
Cuando estaba dentro de él, mientras maldecía su suerte y su credulidad, la de haberse dejado convencer muy adentro de estimular su ego con la idea de poder llegar a ser un héroe épico, recordó al gnomo y al elfo y a unas cuantas hadas y un par de duendes, todos muertos por él y todos por mera casualidad. Así que soltó la espada con la que no había dejado de golpear los intestinos por los cuales descendía sin freno y decidió esperar a que se cumpliera su destino. Quizás, para ser héroe épico tendría que morir mientras creaba su leyenda. Pero eso estaba bien, sabía que iba a vivir en el recuerdo durante muchas más generaciones que las que su mera existencia mortal le hubieran permitido. Se dejó resbalar y, luego de un agónico viaje, finalmente fue devorado por los jugos gástricos del inmenso animal. El pueblo que estaba allí reunido presenció en silencio sepulcral el momento en el que su héroe se convertía en gases dentro de la bestia y, poco a poco, comenzaron a recobrar la cordura y a escapar tan rápido como les fuera posible, del peligro.
Sólo unos pocos se quedaron para presenciar cómo el dragón comenzó a retorcerse, intentando gemir gritos de dolor que se le quedaban estancados. Los pocos restantes se le acercaron mientras que él se revolvía en el suelo intentando salvarse. Los escasos valientes llegaron a acercarse tanto como para verle los ojos, que parecían lacrimar y pedir ayuda. Entonces, cuando alguien se iba a acercar para celebrar su próxima muerte, el dragón eruptó y chamuscó a todos los que se encontraban cerca. Luego, sin darse muchos problemas, se alejó volando para volver algún otro día a tormentar aquel pueblo desdichado. Los habitantes que sobrevivieron se quedaron, temerosos, sin hacer nada, sólo esperando que llegara el extranjero de la profecía.

Wednesday, 1 July 2009

Angeli

Capite come siete vecchi?
Siete pravi, siete bravi, siete stanchi.
No! Non le gambe, né le ali, neanche i becchi
vi funzionano, siete bacchi!

Abitate questo mondo terrenale
senza speranza di salire
né quel grande cielo capire,
che semplici, come qualunque animale!

La bugìa avete perso
ora i vostri piedi conoscono il suolo:
nella materia v’hanno immerso,

come vivete senza prendere volo?
Come camminerete verso
quel luogo, senza guida, ognuno da solo?

(more…)

¡Un poema!

Cuando baja mucha pola,
la panza se hace una bola
y cuando mucho se toma
se va cayendo esa loma
que va aflojando la toma,
al organismo no doma
y así ya nada le estorba.

Wednesday, 10 June 2009

Doña Augurios

Enclochado en: Funeral

Hoy soñé contigo, Javié, y con un pájaro grande, con alas negras y brillantes. Volaba en círculos sin caer, revoloteando en ondas, como si estuviera dibujando olas. Tú lo contemplabas desde el suelo, tenías la mirada fija en el cielo. Se te torcía el cuello y la cabeza se te desprendía mientras lo mirabas. Inclinabas tanto la vista que, mientras seguías viéndolo voltear, la piel de cuello se te desgastaba y, poco a poco, la cabeza se te escapaba. Entonces él bajaba en picada y tu cabeza se llevaba y volvía, de a ratos, y todo tu cuerpo esculcaba. No te dejó brazos, ni piernas, ni las rodillas, ni siquiera el bazo, o las costillas. Todo se llevó, el muy egoísta.
Por eso creo que grité anoche ¿no te desperté, Javié? Siempre me preocupa que me asusten en sueños y que te despierte, a ti, que trabajas tanto y nunca descansas y que además tienes ese sueño tan ligero, oye, porque a veces hasta te despiertas con los perros que pasan caminando por la calle o con una ola que pega muy duro contra la playa, ¿no, niño? Tenía hasta miedo en mi sueño que te fueras a despertar aquí en este otro mundo, porque te debió haber dolido la decapitada, o porque yo debo de haber suspirado al ver cómo te despedazaban. ¿Sabes? No creo que este mundo de los espíritus sea tan literal o tan directo como creen otras matronas, así como dice la niña Nani, la tía de tu ahija’o, tú sabe’ quién, que dice que “¿pa’ qué ponerse a darle vuelta y vuelta a los sueños, si todo son tan claros?” “Tan claros como el río” le digo yo, que creo que hay que aprender a interpretar los símbolos oníricos y saberlo hacer en contexto. Porque cada sueño es diferente ¿eh, me oíste? Porque la niña Nani seguro te va a venir a dar lata y a decir que el pájaro con el que soñé quiere decir que debes tener cuida’o, porque seguro hay alguien que quiere despedazarte y seguro va a venir a decirte que alguien quiere robarte, porque como es esa niña, siempre pensando en plata, en su chance y en sus números de la suerte, pero no, no. Niño, quizás ella tenga razón con ese pájaro en otro sueño, que alguien más se lo sueñe y quiera decir eso, pero este sueño no es así, no, yo lo sé, yo lo siento, y para hacer bien esto de contar los sueños hay que saberlos sentir. Sentir, te digo, y no me joda, que yo los sé sentir, ¿o no sentí cuando se vinieron las lluvias y se desbordó el río? ¿O cuando se subió la marea y se nos inundó la casa? ¿O cuando se dañó la cañería y nos quedamos sin agua pa’ tomar ni pa’ cocinar? ¿Ajá, no te lo acuerdas?
Y ahora no siento nada malo, te digo, Javié, nada malo. Sí, te digo que me asusté con el pajarraco ese y la sangre y tu cabeza… pero no, ahora que pienso en el sueño, no siento nada malo, éste no es tu cuervo. Yo lo que creo es que nos van a venir cosas buenas, ¿eh? Óyeme, ¡no me voltees la cabeza así que esto en serio! Sí, sí, ya sé que tienes sueño y que tú nunca me crees lo que te digo cuando yo sueño, pero es en serio, yo lo siento, lo presiento, aquí, muy dentro, me palpita al lado del corazón, como si ambos lados del pecho me estuvieran saltando. Ya te lo digo, Javié, que esto es muy grande. Pero, ¿sabe’? no creo que sea plata, al menos no de una, es otra cosa, niño, otra cosa, pero muy grande, de esa’ que cambian la vida y ¿por qué no? de pronto es que por fin alguien te va a poner cuida’o cuando toques ese bendito acordeón y te quedes callado, ahí, llorando mientras toca. Sí, de pronto es que va a llegar alguien que te deje terminar y no se burle de ti y de ese aparato. O, ¿sabes? Creo que puede ser otra cosa, que eso de que te parta en dos partes el pájaro, que te quite la cabeza, quiera decir que va a haber dos de ti, ¿ah? Dime, ¿qué tal? De repente es que va a llegar otro angelito para reemplazar al que se nos fue.
Ey, oye, no me ponga’ esa cara, niño, tú sabes que yo sé que no hay cosa que pueda reemplazar a nuestro Angelito, pero, bueno, tú sabe’ qué es lo que yo digo, que de pronto nos llega otra criatura para que la cuidemos y la tengamos y la queramos y nos distraigamos de pensar en él, para que ya no se nos cruce por la cabeza cada tres segundos.
Ay, ¿ya va’ a soltar la lágrima otra vez? Mira, mira, cálmate, Javié, que por más agua que sueltes por esos ojos, no hay nada que podamos hacer. Lo único que haces es que te arda la piel otra vez, ¿sí ves? Ven, déjame que te ponga unas matas ahí antes de que se te reseque todo otra vez. ¡Eh! Y a mí que mi papá me decía que los hombres nunca lloraban, niño, y nunca he conocido a alguien que llore tanto como tú. Ni mujeres, ni bebés, ¿me oyes? Ey, ¡Quédate quieto! Si al menos me dijeras algo, pero claro, como nunca quieres escuchar cuando te cuento de mis sueños…
Pero bueno, tranquilízate, mira que de pronto no es lo que pienso, todavía no estoy segura qué es lo que es, sólo sé que es algo grande, muy grande, ya vas a ver. Quizás es algo sobre mí, de pronto por fin me van a dejar escribir el horóscopo en el periódico y van a sacar a esa embustera de la Gloria Díaz, que no hace sino inventarse todo lo que pone ahí. O, mira, qué sé yo, de golpe es algo que no entiendo. Bueno, Javié, ¡al menos mírame cuando te digo estas cosas! Agh, yo no sé para qué te despierto si nunca me pones cuidado. Mejor vete a dormir, que yo voy a volver a soñar.

Monday, 8 June 2009

Ἀνά

Ἀνά

Μῆ γὴϊνα καὶ οὐρὰνια ὀρρωδὼ εἰπῶς
ἀνὰ ὁρὰοιμι γὰρ μὴ ὀπτὰζω μειζὀν ἢ
φὼς ἠελὶοιο ἐν τῷ ὀφθαλμῷ ἐμοῦ. Μὺω
καὶ σκοπὲω μονῶς καὶ τραυματὶζει μὲ δῆ
οὐδεμὶαν εἰ σὺ ἐγγυς εἰ πρὸς ἐμοὶ εἶ εἰ ἀνὰ
καὶ κατὰ ἀεὶ ὁρὰω σὲ ὂνειρος ὁμῶς

[“Arriba”

No le temo a las cosas de la tierra ni del cielo cuando
miro hacia arriba, pues no veo más que
la luz del sol en mis ojos. Entonces cierro mis ojos
y te veo sólo a ti y, ciertamente, nada me hiere
si tú estás cerca, si estás junto a mí, si hacia arriba,
o hacia abajo miro, siempre te veo, igual que en un sueño.]

/Aná

Mé géïna kái uránia orrodó eipós
aná khoráoimi gár mé optázo meizón é
fós eelíoio év tói ofthalmói emú. Mýo
kái skopéo monós kái traumatízei mé dé
udemían éi sý engýs éi prós emói éi éi aná
kái katá aéi khoráo sé oneirós khomós./

Monday, 1 June 2009

(Mi mejor acercamiento a un dístico elegíaco en griego)

Μὴ ὁ θυμὸς μὲ κελεὺει μὴδε εμοῦ βασιλεύει
τοῦ σὼματος εἰ ταῦτα λὲγοιμι μῦθα ᾖ.

[/Mé kho thymós me keleuei méde emú vasileuei
tú sómatos ei tauta légoimi mýtha éi./]

[”Mi corazón no me manda, ni me gobierna
el cuerpo; si estas cosas dijera, serían mentira.”]

Kurz

(Viejos poemas cortos de ocasión)

1.A.
Versos.
Rimas.
Amigos.

1.B.
Versos encadenados,
rimas enjuiciadas,
amigos descabezados.

1.C.
Versos que recuerdan
las rimas extranjeras
y amigos en galera.

2.
Aquellos en la esquina
no saben qué es la vida:
esa rosa bajo la lluvia
que florece tan amarilla.

3.
Me ilumino como el poeta
al que mece el alba
que alumbra el campo de guerra.

4.
No estás en las calles, en el parqueadero privado,
ni en los andenes, en las verjas o en los candados,
ni en los parques, las plazas o los mercados.
En cualquier parte no te he encontrado.

5.
Frío en la noche,
calor entre tus brazos:
esos son escalofríos.

6.
Con la mente tibia
y la boca quemada
me despierto a tu lado.

7.
Te conozco en cada parte
de tu cuerpo zigzagueante,
desde el Palacio hasta de Duque el parque.

8.
Quisiera saber cuándo
tus suspiros tan ligeros
se escapan pidiendo un abrazo.

9.A. “Fragmentos de un entrenamiento del Cortuluá al que no ha asistido el Tino Asprilla (doble-haikú)”
Mirá, ¡rotala!
¡Marcalo, marcalo, ve!
Me muestro, ¡abrímela!
¡Hacete un pase
en tu reputa vida!
¡cambiala ‘e barrio!

9.B. “Fragmentos de un entrenamiento del Cortuluá al que sí ha asistido el Tino Asprilla (triple-haikú)
Miren ahí
muchachos que llegó
la salvación:
¡El Tino con las polas!
Carga el alcohol,
carga las balas,
vaciadas las petacas
¡Pum, pum, pum, pum, pum!

9.C. “Fragmentos de un juicio injusto en el Tribunal Superior del Valle del Cauca (Haikú sencillo)”
Fue suicidio eso
de la Lady Noriega
Free Tino Now!

10. No me mires
si no me quieres
y no me abraces
si no me besas.

11. Jorge Luis Pinto,
es grande mi desgracia:
Bónner Mosquera.

12. Te veo en las estrellas
y a las estrellas en mis sueños
y a mis sueños todo el día.

13. Es la brisa helada de la noche
el abrazo más cálido
de este pueblo desahuciado.

14. En esta noche
respiras agitada.
Luego te alejas.

15. Suena un do bajo,
miramos esperando
el sonido de tu boca.

16. Lloro y no siento
las lágrimas que corren
por la piedra de mi pecho.

17. Te vi campeón
arrullado por lágrimas
tibias de mi padre.

18. La voz de vos suena como un Bose.

La lettera di suicidio di Emilio Salgari

Ho viaggiato,
per mari e tanti oceani,
per carte ad inchiostro nero,
e cartine senza frontiere.
Così ho percorso
le jungle e le foreste
delle lettere premurose
d’avventure senza limiti.

Là ho trovato cammini,
fra i rami e le fronde,
fra le strade e le fogne,
fra le righie dei paragrafi
e fra gli spazi tipografici.
Mi ho fatto passaggio
fra le grotte del Borneo
e ho fatto le rotte
dell’Indiano Oceano.

La mia piuma ha camminato
tra l’amore e la vendetta,
tra gli eroi e i villani,
tra i cuori neri di rabbia
e quei pieni da lontananza.
I miei tratti, anche se corti,
mi hanno portato verso la distanza
così lunga, e magna, e grassa
come le pagine dell’effemeride
che oggi pesano tanto sulla spalla.

Con coltelli o con le navi a vele
o con le sofferte mani annerate,
andavo in avanti migliaia di chilometri,
anche più di tre al giorno,
ancora mille con ogni giro del mondo.

Ma ora son vinto:
non trovo più direzione né cammino
che quello che non porta a costa terrena
ma alla sponda inferna;
non so come andare pure,
se non per quella via
che percorrono le anime prave.

Ora mi indirizzo
e vi saluto spezzando la penna.

Tuesday, 12 May 2009

El Unión Magdalena y el descenso a los avernos

Enclochado en: El Periodismo

Por Pablo Medina Uribe:

(No se tomen esto muy en serio)

Aquella tarde el sol no brillaba en Santa Marta. Los transeúntes, acostumbrados a andar ligeros de ropa, miraban el cielo gris con preocupación mientras, con frío, se frotaban los brazos y pensaban en cómo hacer para cubrirse del temporal que acechaba. Frente a la pared verde de la tienda Piso Alto –famoso lugar de encuentro de los hinchas del Unión Magdalena, el equipo de fútbol de la ciudad costeña–, estaba recostado contra el popular aviso de “Víveres, rancho y licores” Éimer Ochoa, fiel seguidor del Ciclón bananero, mirando preocupado hacia lo alto. Él, aún estudiante universitario, veinteañero y orgulloso samario, había estado preocupado durante toda su vida por el pobre desempeño que había tenido su más grande amor; por la misma razón, nunca había sentido tanta angustia como en el transcurso del último año y jamás había sentido una opresión en su pecho tan aguda como la que ahora lo obligaba a permanecer parado y melancólico, contemplando el cielo. Éimer siempre ha creído que en el cielo está escrito el destino, por lo que vaciló asustado antes de estirar su brazo para, al sentir que algunas gotas caían sobre su mano, bajar la mirada y murmurar: “creo que hoy descendemos”. Dos de sus amigos que esperaban sentados la llegada del momento crucial de ese día gris, ataviados con camisas y banderas azules y rojas, golpearon fuertemente sus botellas de cerveza contra la mesa en la que se encontraban y miraron a su compañero con algo de rencor. “Esas cosas no se dicen”, protestó Alberto López, un estudiante graduado de Hotelería que comenzaba a hacer una pasantía en el hotel Zuana de su amada ciudad natal. “Y menos en estos momentos”, lo apoyó Yesid Mejía, su compañero de carrera. Éimer los miró en silencio con una cara fatalista y los tres se quedaron callados, mientras Alberto y Yesid se unían a su amigo, observando preocupados el cielo.

Más del descenso a los avernos

El Payasito Willy

Enclochado en: El Periodismo

Jhon William Ramírez, “Willy”, es un payaso que decidió alternar las risas de los niños y las aventuras del circo con un trabajo más lucrativo: anunciar los platos de un restaurante de bajos precios.

Por: Pablo Medina y María Antonia Giraldo:
Más del Payasito Willy

Doña Ceci

Enclochado en: El Periodismo

Por: Pablo Medina Uribe

María Cecilia Ortiz, Doña Ceci, ha atendido una tienda de su propiedad en el centro de Bogotá por más de 25 años. Pero, más que convertirse en la despachadora de alcohol favorita de los estudiantes, trabajadores y turistas de la zona, su figura se ha convertido en la de una segunda madre para todos aquellos que frecuentan su negocio.

Más de Doña Ceci






















Get free blog up and running in minutes with Blogsome | Theme designs available here