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el rinconcito de POL

Wednesday, 1 July 2009

Angeli

Capite come siete vecchi?
Siete pravi, siete bravi, siete stanchi.
No! Non le gambe, né le ali, neanche i becchi
vi funzionano, siete bacchi!

Abitate questo mondo terrenale
senza speranza di salire
né quel grande cielo capire,
che semplici, come qualunque animale!

La bugìa avete perso
ora i vostri piedi conoscono il suolo:
nella materia v’hanno immerso,

come vivete senza prendere volo?
Come camminerete verso
quel luogo, senza guida, ognuno da solo?

(more…)

¡Un poema!

Cuando baja mucha pola,
la panza se hace una bola
y cuando mucho se toma
se va cayendo esa loma
que va aflojando la toma
y al organismo no doma
pues así ya nada le estorba.

Wednesday, 10 June 2009

Doña Augurios

Enclochado en: Funeral

Hoy soñé contigo, Javié, y con un pájaro grande, con alas negras y brillantes. Volaba en círculos sin caer, revoloteando en ondas, como si estuviera dibujando olas. Tú lo contemplabas desde el suelo, tenías la mirada fija en el cielo. Se te torcía el cuello y la cabeza se te desprendía mientras lo mirabas. Inclinabas tanto la vista que, mientras seguías viéndolo voltear, la piel de cuello se te desgastaba y, poco a poco, la cabeza se te escapaba. Entonces él bajaba en picada y tu cabeza se llevaba y volvía, de a ratos, y todo tu cuerpo esculcaba. No te dejó brazos, ni piernas, ni las rodillas, ni siquiera el bazo, o las costillas. Todo se llevó, el muy egoísta.
Por eso creo que grité anoche ¿no te desperté, Javié? Siempre me preocupa que me asusten en sueños y que te despierte, a ti, que trabajas tanto y nunca descansas y que además tienes ese sueño tan ligero, oye, porque a veces hasta te despiertas con los perros que pasan caminando por la calle o con una ola que pega muy duro contra la playa, ¿no, niño? Tenía hasta miedo en mi sueño que te fueras a despertar aquí en este otro mundo, porque te debió haber dolido la decapitada, o porque yo debo de haber suspirado al ver cómo te despedazaban. ¿Sabes? No creo que este mundo de los espíritus sea tan literal o tan directo como creen otras matronas, así como dice la niña Nani, la tía de tu ahija’o, tú sabe’ quién, que dice que “¿pa’ qué ponerse a darle vuelta y vuelta a los sueños, si todo son tan claros?” “Tan claros como el río” le digo yo, que creo que hay que aprender a interpretar los símbolos oníricos y saberlo hacer en contexto. Porque cada sueño es diferente ¿eh, me oíste? Porque la niña Nani seguro te va a venir a dar lata y a decir que el pájaro con el que soñé quiere decir que debes tener cuida’o, porque seguro hay alguien que quiere despedazarte y seguro va a venir a decirte que alguien quiere robarte, porque como es esa niña, siempre pensando en plata, en su chance y en sus números de la suerte, pero no, no. Niño, quizás ella tenga razón con ese pájaro en otro sueño, que alguien más se lo sueñe y quiera decir eso, pero este sueño no es así, no, yo lo sé, yo lo siento, y para hacer bien esto de contar los sueños hay que saberlos sentir. Sentir, te digo, y no me joda, que yo los sé sentir, ¿o no sentí cuando se vinieron las lluvias y se desbordó el río? ¿O cuando se subió la marea y se nos inundó la casa? ¿O cuando se dañó la cañería y nos quedamos sin agua pa’ tomar ni pa’ cocinar? ¿Ajá, no te lo acuerdas?
Y ahora no siento nada malo, te digo, Javié, nada malo. Sí, te digo que me asusté con el pajarraco ese y la sangre y tu cabeza… pero no, ahora que pienso en el sueño, no siento nada malo, éste no es tu cuervo. Yo lo que creo es que nos van a venir cosas buenas, ¿eh? Óyeme, ¡no me voltees la cabeza así que esto en serio! Sí, sí, ya sé que tienes sueño y que tú nunca me crees lo que te digo cuando yo sueño, pero es en serio, yo lo siento, lo presiento, aquí, muy dentro, me palpita al lado del corazón, como si ambos lados del pecho me estuvieran saltando. Ya te lo digo, Javié, que esto es muy grande. Pero, ¿sabe’? no creo que sea plata, al menos no de una, es otra cosa, niño, otra cosa, pero muy grande, de esa’ que cambian la vida y ¿por qué no? de pronto es que por fin alguien te va a poner cuida’o cuando toques ese bendito acordeón y te quedes callado, ahí, llorando mientras toca. Sí, de pronto es que va a llegar alguien que te deje terminar y no se burle de ti y de ese aparato. O, ¿sabes? Creo que puede ser otra cosa, que eso de que te parta en dos partes el pájaro, que te quite la cabeza, quiera decir que va a haber dos de ti, ¿ah? Dime, ¿qué tal? De repente es que va a llegar otro angelito para reemplazar al que se nos fue.
Ey, oye, no me ponga’ esa cara, niño, tú sabes que yo sé que no hay cosa que pueda reemplazar a nuestro Angelito, pero, bueno, tú sabe’ qué es lo que yo digo, que de pronto nos llega otra criatura para que la cuidemos y la tengamos y la queramos y nos distraigamos de pensar en él, para que ya no se nos cruce por la cabeza cada tres segundos.
Ay, ¿ya va’ a soltar la lágrima otra vez? Mira, mira, cálmate, Javié, que por más agua que sueltes por esos ojos, no hay nada que podamos hacer. Lo único que haces es que te arda la piel otra vez, ¿sí ves? Ven, déjame que te ponga unas matas ahí antes de que se te reseque todo otra vez. ¡Eh! Y a mí que mi papá me decía que los hombres nunca lloraban, niño, y nunca he conocido a alguien que llore tanto como tú. Ni mujeres, ni bebés, ¿me oyes? Ey, ¡Quédate quieto! Si al menos me dijeras algo, pero claro, como nunca quieres escuchar cuando te cuento de mis sueños…
Pero bueno, tranquilízate, mira que de pronto no es lo que pienso, todavía no estoy segura qué es lo que es, sólo sé que es algo grande, muy grande, ya vas a ver. Quizás es algo sobre mí, de pronto por fin me van a dejar escribir el horóscopo en el periódico y van a sacar a esa embustera de la Gloria Díaz, que no hace sino inventarse todo lo que pone ahí. O, mira, qué sé yo, de golpe es algo que no entiendo. Bueno, Javié, ¡al menos mírame cuando te digo estas cosas! Agh, yo no sé para qué te despierto si nunca me pones cuidado. Mejor vete a dormir, que yo voy a volver a soñar.

Monday, 8 June 2009

Ἀνά

Ἀνά

Μῆ γὴϊνα καὶ οὐρὰνια ὀρρωδὼ εἰπῶς
ἀνὰ ὁρὰοιμι γὰρ μὴ ὀπτὰζω μειζὀν ἢ
φὼς ἠελὶοιο ἐν τῷ ὀφθαλμῷ ἐμοῦ. Μὺω
καὶ σκοπὲω μονῶς καὶ τραυματὶζει μὲ δῆ
οὐδεμὶαν εἰ σὺ ἐγγυς εἰ πρὸς ἐμοὶ εἶ εἰ ἀνὰ
καὶ κατὰ ἀεὶ ὁρὰω σὲ ὂνειρος ὁμῶς

[“Arriba”

No le temo a las cosas de la tierra ni del cielo cuando
miro hacia arriba, pues no veo más que
la luz del sol en mis ojos. Entonces cierro mis ojos
y te veo sólo a ti y, ciertamente, nada me hiere
si tú estás cerca, si estás junto a mí, si hacia arriba,
o hacia abajo miro, siempre te veo, igual que en un sueño.]

/Aná

Mé géïna kái uránia orrodó eipós
aná khoráoimi gár mé optázo meizón é
fós eelíoio év tói ofthalmói emú. Mýo
kái skopéo monós kái traumatízei mé dé
udemían éi sý engýs éi prós emói éi éi aná
kái katá aéi khoráo sé oneirós khomós./

Monday, 1 June 2009

(Mi mejor acercamiento a un dístico elegíaco en griego)

Μὴ ὁ θυμὸς μὲ κελεὺει μὴδε εμοῦ βασιλεύει
τοῦ σὼματος εἰ ταῦτα λὲγοιμι μῦθα ᾖ.

[/Mé kho thymós me keleuei méde emú vasileuei
tú sómatos ei tauta légoimi mýtha éi./]

[”Mi corazón no me manda, ni me gobierna
el cuerpo; si estas cosas dijera, serían mentira.”]

Kurz

(Viejos poemas cortos de ocasión)

1.A.
Versos.
Rimas.
Amigos.

1.B.
Versos encadenados,
rimas enjuiciadas,
amigos descabezados.

1.C.
Versos que recuerdan
las rimas extranjeras
y amigos en galera.

2.
Aquellos en la esquina
no saben qué es la vida:
esa rosa bajo la lluvia
que florece tan amarilla.

3.
Me ilumino como el poeta
al que mece el alba
que alumbra el campo de guerra.

4.
No estás en las calles, en el parqueadero privado,
ni en los andenes, en las verjas o en los candados,
ni en los parques, las plazas o los mercados.
En cualquier parte no te he encontrado.

5.
Frío en la noche,
calor entre tus brazos:
esos son escalofríos.

6.
Con la mente tibia
y la boca quemada
me despierto a tu lado.

7.
Te conozco en cada parte
de tu cuerpo zigzagueante,
desde el Palacio hasta de Duque el parque.

8.
Quisiera saber cuándo
tus suspiros tan ligeros
se escapan pidiendo un abrazo.

9.A. “Fragmentos de un entrenamiento del Cortuluá al que no ha asistido el Tino Asprilla (doble-haikú)”
Mirá, ¡rotala!
¡Marcalo, marcalo, ve!
Me muestro, ¡abrímela!
¡Hacete un pase
en tu reputa vida!
¡cambiala ‘e barrio!

9.B. “Fragmentos de un entrenamiento del Cortuluá al que sí ha asistido el Tino Asprilla (triple-haikú)
Miren ahí
muchachos que llegó
la salvación:
¡El Tino con las polas!
Carga el alcohol,
carga las balas,
vaciadas las petacas
¡Pum, pum, pum, pum, pum!

9.C. “Fragmentos de un juicio injusto en el Tribunal Superior del Valle del Cauca (Haikú sencillo)”
Fue suicidio eso
de la Lady Noriega
Free Tino Now!

10. No me mires
si no me quieres
y no me abraces
si no me besas.

11. Jorge Luis Pinto,
es grande mi desgracia:
Bónner Mosquera.

12. Te veo en las estrellas
y a las estrellas en mis sueños
y a mis sueños todo el día.

13. Es la brisa helada de la noche
el abrazo más cálido
de este pueblo desahuciado.

14. En esta noche
respiras agitada.
Luego te alejas.

15. Suena un do bajo,
miramos esperando
el sonido de tu boca.

16. Lloro y no siento
las lágrimas que corren
por la piedra de mi pecho.

17. Te vi campeón
arrullado por lágrimas
tibias de mi padre.

18. La voz de vos suena como un Bose.

La lettera di suicidio di Emilio Salgari

Ho viaggiato,
per mari e tanti oceani,
per carte ad inchiostro nero,
e cartine senza frontiere.
Così ho percorso
le jungle e le foreste
delle lettere premurose
d’avventure senza limiti.

Là ho trovato cammini,
fra i rami e le fronde,
fra le strade e le fogne,
fra le righie dei paragrafi
e fra gli spazi tipografici.
Mi ho fatto passaggio
fra le grotte del Borneo
e ho fatto le rotte
dell’Indiano Oceano.

La mia piuma ha camminato
tra l’amore e la vendetta,
tra gli eroi e i villani,
tra i cuori neri di rabbia
e quei pieni da lontananza.
I miei tratti, anche se corti,
mi hanno portato verso la distanza
così lunga, e magna, e grassa
come le pagine dell’effemeride
che oggi pesano tanto sulla spalla.

Con coltelli o con le navi a vele
o con le sofferte mani annerate,
andavo in avanti migliaia di chilometri,
anche più di tre al giorno,
ancora mille con ogni giro del mondo.

Ma ora son vinto:
non trovo più direzione né cammino
che quello che non porta a costa terrena
ma alla sponda inferna;
non so come andare pure,
se non per quella via
che percorrono le anime prave.

Ora mi indirizzo
e vi saluto spezzando la penna.

Tuesday, 12 May 2009

El Unión Magdalena y el descenso a los avernos

Enclochado en: El Periodismo

Por Pablo Medina Uribe:

(No se tomen esto muy en serio)

Aquella tarde el sol no brillaba en Santa Marta. Los transeúntes, acostumbrados a andar ligeros de ropa, miraban el cielo gris con preocupación mientras, con frío, se frotaban los brazos y pensaban en cómo hacer para cubrirse del temporal que acechaba. Frente a la pared verde de la tienda Piso Alto –famoso lugar de encuentro de los hinchas del Unión Magdalena, el equipo de fútbol de la ciudad costeña–, estaba recostado contra el popular aviso de “Víveres, rancho y licores” Éimer Ochoa, fiel seguidor del Ciclón bananero, mirando preocupado hacia lo alto. Él, aún estudiante universitario, veinteañero y orgulloso samario, había estado preocupado durante toda su vida por el pobre desempeño que había tenido su más grande amor; por la misma razón, nunca había sentido tanta angustia como en el transcurso del último año y jamás había sentido una opresión en su pecho tan aguda como la que ahora lo obligaba a permanecer parado y melancólico, contemplando el cielo. Éimer siempre ha creído que en el cielo está escrito el destino, por lo que vaciló asustado antes de estirar su brazo para, al sentir que algunas gotas caían sobre su mano, bajar la mirada y murmurar: “creo que hoy descendemos”. Dos de sus amigos que esperaban sentados la llegada del momento crucial de ese día gris, ataviados con camisas y banderas azules y rojas, golpearon fuertemente sus botellas de cerveza contra la mesa en la que se encontraban y miraron a su compañero con algo de rencor. “Esas cosas no se dicen”, protestó Alberto López, un estudiante graduado de Hotelería que comenzaba a hacer una pasantía en el hotel Zuana de su amada ciudad natal. “Y menos en estos momentos”, lo apoyó Yesid Mejía, su compañero de carrera. Éimer los miró en silencio con una cara fatalista y los tres se quedaron callados, mientras Alberto y Yesid se unían a su amigo, observando preocupados el cielo.

Más del descenso a los avernos

El Payasito Willy

Enclochado en: El Periodismo

Jhon William Ramírez, “Willy”, es un payaso que decidió alternar las risas de los niños y las aventuras del circo con un trabajo más lucrativo: anunciar los platos de un restaurante de bajos precios.

Por: Pablo Medina y María Antonia Giraldo:
Más del Payasito Willy

Doña Ceci

Enclochado en: El Periodismo

Por: Pablo Medina Uribe

María Cecilia Ortiz, Doña Ceci, ha atendido una tienda de su propiedad en el centro de Bogotá por más de 25 años. Pero, más que convertirse en la despachadora de alcohol favorita de los estudiantes, trabajadores y turistas de la zona, su figura se ha convertido en la de una segunda madre para todos aquellos que frecuentan su negocio.

Más de Doña Ceci

Thursday, 16 April 2009

XVI/IV/MXCLX

Enclochado en: Uncategorized

No sé si esa noche haya habido estrellas –quizás sí, siempre me contabas que entonces esta ciudad era un pueblo y las calles eran carreteras y las casas gastaban lo menos que podían–, pero hoy no veo más que nubes grises y las luces de los postes eléctricos. Yo siempre veía las estrellas desde mi ventana, la que era mía, pero a ti ya no te importaba mirar hacia afuera, desde tu ventana sólo se veía una pared, pero ¿qué importaba? si tenías un libro lleno de estrellas (tenías un libro para todo) y de tanto verlo ya te las habías aprendido todas. Yo todavía lo tengo y, cuando hay nubes negras, me pongo a ojearlo y te busco entre las constelaciones o juego a encontrar animales que no vieron los antiguos para distraerme del hecho de no haber dado contigo.
Pero supongo que esa noche hizo frío, como el que hace ahora, aunque quizás entonces no se sentiría tan vacío, te habrán arropado con lo que encontraran y todos se habrán calentado. No sé si miraste hacia el cielo esa vez y comenzaste a juntar puntitos, o te recostaste y comenzaste a soñar, eso que tanto te gustaba, andar con los ojos cerrados, sin preocuparte por las aburridas minucias de la vida utilitaria. ¿Para qué? A mí tampoco me gusta andarme preocupando por problemas banales y efímeros pero, eso sí, te saqué el gusto a andar catalogando sueños: me la paso por ahí mirando hacia cualquier parte y pensando en cualquier cosa que no sea lo que tengo en frente. Y a veces me acuerdo de cuando soñaba por las noches y mis sueños de repente se hacían más claros y luego descubría por las mañanas que todo había sido tu obra, que me habías besado y me habías protegido del frío.
No sé qué te hayan dicho, si te hayan advertido que la vida no era una cosa fácil, o que respirar a veces iba a ser doloroso, o que a veces el sufrimiento traía sus recompensas. Yo me acuerdo cuando era pequeño y me iniciabas en la filosofía. Tú me hablabas del dolor y de su necesidad y yo te respondía, sin saberlo, como un epicúreo, así que me advertías que mi idealismo era una cosa peligrosa, aunque yo no entendía muy bien qué querías decir. Pero creo que ahora sí comprendo, al menos más que antes, lo que me querías decir. Con tanto dolor que ha pasado por aquí me ha quedado mucho tiempo para pensar en eso, así a veces prefiera no tener este privilegio.
En cualquier caso espero que ese día hayas podido sonreír y que, a pesar de todo, hayas disfrutado todo lo que te quedó de vida, es lo que yo he estado tratando de hacer.

(Feliz cumpleaños)

Saturday, 14 March 2009

Don Eulalio, un hombre asmático.

Enclochado en: Funeral

¿Qué quiere que le diga? He estado a punto de morirme un montón de veces; pero nunca he visto la luz al final del túnel, ni mi vida pasando frente a mis ojos, ni alguna otra de esas vainas que dicen que pasan los que nunca se han muerto. A mí, lo que me pasa es que veo puntos de colores, por todas partes. Son como remolinos, o como sifones que van atrayendo todo lo que los rodea. Y la luz que está al lado de los puntos de colores va cayendo como al caño, cuando llueve mucho, y los remolinos sobre las alcantarillas van creciendo, van creciendo tanto, hasta que unos se juntan con otros y todos terminan siendo una gran mancha borrosa que va dando vueltas hacia quién sabe qué dirección. Entonces ya no sé si tengo los ojos abiertos o cerrados, ni si estoy de pie o ya me he caído, ni si alguien me está ayudando, o me estoy pudriendo solo en el suelo.
¿Alguna vez se ha enamorado? Es algo parecido. Yo sí me he enamorado y por eso le digo. ¿No le ha pasado alguna vez que ve pasar por ahí a su amada –sobre todo si ella no le corresponde sus amoríos– que después de verla pasar queda como embobado y como viendo todo de colores? A mí sí me sucedía, sí que me sucedía. Cuando estaba allá en el pueblo y veía a Marinita, entonces era cuando me sucedía. Ella caminaba con su gracia tan particular, como aplastando una hormiga a cada paso, siempre mirando hacia el suelo para no tropezarse, y yo me quedaba contemplándola fijamente, esperando que algún día levantara la mirada, me observara y me sonriera, como diciéndome “hace años que espero que me saludes”. Pero no, ella no era así. Ella siempre miraba al suelo porque no quería que la vieran, “¿para qué?” supongo que se preguntaba “si, de todas maneras, lo único que me voy a ganar con un hombre en mi vida son problemas”. Y yo creo que tenía razón, si eso era lo que de verdad creía, porque yo le habría prometido el cielo, la tierra y un palacio blanco de mármol y marfil donde nadie la molestara, pero ¿qué le íbamos a hacer? Yo sé que me la hubiera pasado detrás de ella, viendo a ver con quién era que hablaba y si le daban palabras de amor, o si se las insinuaban, porque es que una mujer tan hermosa no puede caminar por ahí tan tranquila. En cualquier caso, lo que pasaba era que cada vez que la veía, se llenaban mis ojos de colores que no estaban ahí y todo me comenzaba a dar vueltas en la cabeza. Ella me entorpecía, me volvía un idiota y cada vez –y en ese maldito pueblo las veces eran tantas– que se cruzaba por mi camino, me embobaba tanto que yo caminaba sin rumbo hasta golpearme con lo primero que se cruzara en mi camino.
Por eso le digo que esto de estarse muriendo a cada rato es lo mismo que estar enamorado, porque es como… como ¿cómo es que dice usted? Ah, sí, como un ‘éxtasis’, como salirse del propio cuerpo, pero con el mismo dolor de golpearse en la frente con una columna, o de sentir que el alma se le está tratando de escapar por la garganta, ¿sí me entiende? Bueno, no sé si me explique bien, ya le digo que es que hay que haber estado enamorado para saber lo que es estar enfermo. Y enfermo de esto que me ha hecho caer en este lecho de muerte ya tantas veces que me han puesto los santos óleos como tres o cuatro veces. Usted no se imagina cómo es esto, digo, esto de los ataques, lo que le decía de no saber si uno está vivo y muerto y, luego de tener una pantalla lluviosa, como esa de los televisores cuando no entra la señal, despertarse aquí, con el padre despidiéndolo hacia el otro mundo. Porque ¿qué hace uno ahí? ¿Decirle al padre “muchas gracias, pero hoy no requiero de sus servicios”? ¿Y uno qué va a saber? De pronto hasta se levantó sólo para ver el mundo una última vez y sí necesita que lo unten o lo unjan, o como se diga. Yo siempre me quedaba callado mientras el padre me preparaba para que el alma me dejara y, cuando acababa, le daba las gracias y le decía “qué bueno que vayamos cogiendo práctica, para que cuando me muera de verdad la ceremonia salga perfecta”. Él se reía y me daba la bienvenida de vuelta al mundo de los vivos.
Pero, ¿sabe qué era lo que yo hacía? Yo me imaginaba que me moría de verdad, que no me aguantaban más los pulmones y que exhalaba mi último aliento, pero que no venía el padre a darme la despedida, sino que allí estaba Ella, Marinita, y le voy a decir que escribiría ese Ella con mayúscula, como en el libro del patán ese que me prestó el otro día, porque yo la amo tanto como él a Ella, y porque yo quiero que sea Ella como la Virgen, como una Diosa que me despida, que me mire fijamente a los ojos y me diga “Por fin podemos hablar”.

Tuesday, 3 February 2009

Temporada alta

Enclochado en: Z

Temporada alta - Z en vacaciones.
[La época de vacaciones
es una temporada de
arduo trabajo para Z y sus amigos]

Monday, 2 February 2009

Remember

Enclochado en: Uncategorized

It’s not what you lie about,
it’s how you lie about it.

Wednesday, 21 January 2009

Respuestas varias

Enclochado en: Uncategorized

Fui confrontado acerca de mis decisiones y acerca de mis disposiciones. Don Mario, hombre cansado, que parece haber tenido que trabajar, escondiéndose de la luz del sol, por mañanas y tardes inalcanzables, hombre que posee tanta vitalidad en sus ojos como pelo en su cabeza, pero que –aun abatido por “los rigores del día a día”– no se resigna a renunciar a la solemne labor de proveer a su familia. Él me mira de reojo, con algo de furia y una gran mueca de incomprensión:
-¿Literatura…? –Me pregunta confundido gruñendo la última vocal– ¿Para qué eso?
Calmado, luego de haber escuchado, ya varias veces, reacciones similares, elaboré mi respuesta, la cual encontré tan atractiva que decidí registrarla para poder hacer uso de ella cada vez que ocurra sea necesario.
–Si me pregunta sobre el arte de la literatura –comencé con notable altivez–, entonces tengo que responderle que, objetivamente, la literatura sirve para muchas cosas. ¿Cuántos no la han usado para hacer propaganda a través de ella? Bien sea de ideas políticas, de denuncias sociales, de teoremas críticos, de halagos y sobresaltos paisajísticos o de descaradas autopromociones, siempre ha habido libros que pretenden cambiar al mundo: los que aconsejan cómo mejorar, los que atacan la maldad de la humanidad y los que quieren derribar barreras de odio entre los hombres. Y, claro, también están esos otros libros, con fines ya no individuales, sino colectivos, aquellos que quieren guardar la memoria de las grandes gestas de un pueblo, los que lo quieren unir bajo el nombre de un gran héroe y los que quieren explicar los cielos en sus propios términos.
»Pero todo eso es lo de menos. Lo que importa es que la literatura no necesita ser útil, ni los libros requieren tener un fin práctico para poder ser escritos (mucho menos para poder ser leídos). Lo hermoso de la literatura no consiste en los resultados que con ella se puede obtener, sino en el mero placer de ser, de existir, de ser ella misma; consiste en la inevitable necesidad de contar historias y escuchar otras, sólo por el júbilo de oírlas, de formar imágenes fantásticas a partir de sonidos aparentemente inconexos.
»Ya me han hecho tantas veces esta pregunta que ya me he aprendido este discurso de memoria, ¿ve, don Mario?, pero hoy quisiera agregarle algo nuevo, para no convertirme en un autómata. Hace poco leí un artículo de William Ospina en el que aquel paisano coincide con mi opinión acerca de la hermosura de lo literario, pero la describe de una manera mucho más bella de la que yo me siento capaz: dice, si no recuerdo mal, que el leer literatura es como “buscar por el placer de buscar y no por el de encontrar”, y yo agrego, trilladamente, que es como caminar por el placer de observar el paisaje, y no por el afán de llegar a alguna parte.
»Si, en cambio don Mario, me está preguntando cuál es el fin de estudiar una carrera universitaria con tan poca demanda laboral como lo es “Literatura”, tendré que decirle que para esto también tengo una respuesta. Creo que todos aquí –o, al menos sé que yo sí– somos hijos de esa extraña e inatajable era llamada “Modernidad” y, por lo tanto, herederos de todo el peso de la Revolución Industrial y de todas sus preocupaciones pragmáticas y utilitaristas, alabadores del trabajo arduo y duro, y justos desdeñadores de la vagancia y la ociosidad, amantes férreos del capital y la producción material. Pero también soy uno de esos, que aunque no somos ni mejores, ni peores que el resto, si nos contamos por pocos, los cuales tenemos la enfermedad de la curiosidad, el ímpetu irrefrenable de pasar página tras página para saber qué viene luego, las ansias incontenibles de esconderse en un rincón y aprender sobre las disquisiciones de monjes domínicos del siglo XIII. Pero estos dos aspectos son difíciles de reconciliar. Así que, aun si quisiera pasar mi vida navegando entre páginas, perdiéndome entre inmensos océanos y viviendo en el papel las aventuras que Sandokán vivió en carne, no tardaría en aparecer un sentimiento agudo de culpa que me reclamaría por mi ociosidad. Oh, no, no faltaría de estar perdiendo las vueltas de las manecillas del reloj, ni el de estarse quedando atrás de las vueltas que da el mundo, y pronto me encontraría en un estado de angustia insoluble. Pero, afortunadamente, ya han sido varios los que sufren mi aflicción y desde hace años alguien se inventó que vivir esta enfermedad era una labor académica, que pasar las páginas inquietas era una actividad que pertenecía en las universidades, porque allí unas curiosidades podrían satisfacer y alimentar a otras. Así que ahora lucho por un pedazo de cartón, como la minoría afortunada colombiana, así como lucho por un puesto, como la mayoría desafortunada, pero lo hago mientras leo, mientras calmo esa hinchazón que me viene con tanta frecuencia y sólo se puede curar con una buena historia.
»Por supuesto, las gratificaciones económicas son nimias, pero ¿qué es eso frente a saber cómo curar la locura? Es poco, diría yo.
»Pero no se preocupe por el dinero. Yo a su hija la voy a mantener, para que ella pueda estudiar, o trabajar, o echar chismes con la vecina. Tranquilo. Pronto montaré un grupo de merengue y, cuando reventemos, ¡nos vamos a tapar en plata!
»¿Sí pilla?

Thursday, 15 January 2009

Hello

Enclochado en: Uncategorized

My name is POL and I’m a liar.
A professional.
And the-fuck-ing-best.

Tuesday, 18 November 2008

De cómo sobreviví al mundo moderno

Enclochado en: Uncategorized

Fue dentro de las calles que se cruzan como serpientes en medio de esta ciudad tan esquemática y tan extraña. Ya era mi décima hora de caminar, de esperar impávido, de pie en la multitud que frente a mí se alineaba, de comprender nombres de instituciones y averiguar números de códigos tan inusitados que jamás, siquiera, había imaginado; ya era mi cuarto día de rondar ubicándome entre sinuosas calles y carreras y de deambular sin rumbo entre las dudas que me acosaban y entre papeles que me confundían. Buscaba qué hacer con mi vida. Iba, poco a poco, cancelando sus cuentas, entregando sus datos y borrando sus huellas, mientras que me movía, tembloroso, con aquel horripilante certificado de defunción entre mis manos. Yo, ya sin vida, buscaba un lugar para esperar, tranquilo, a expirar con mi último aliento.
Fue ahí, en esa esquina, allí donde siempre me esperaba Doña Gloria, con el jugo listo y la empanada recién hecha. Antes de abandonarme, decidí darme un último placer y saludar por última vez a esa viejecita tan simpática. Mientras degustaba ese placer tan terrenal, que me hacía dudar de mi decisión, lo vi. El buen amigo de siempre, aquel que aparece siempre en los momentos más oscuros y trae consigo una linterna para dispersar las tinieblas. Lo vi, como siempre, con su gran carga al hombro, algo cansado por tanto caminar, pero tan risueño y alegre como un niño que nunca se ha dejado vencer por la tristeza.
-¿Qué hay con esa cara? –dijo.
-Es que muero –respondí.
Él me miró, analizándome mientras se iluminaba su rostro con una idea. Entre el gran atavío que llevaba sobre su espalda, noté a La Milagrosa, aquella amiga de madera que nos había alegrado en tantas noches y que él quería como si fuera su novia. Él, sin señalarla aún, decidió estirar su brazo y, con la magia propia de todos los bogotanos, logró que uno de esos aparatos de transporte masivo se detuviera frente a nosotros. Aún con los frenos chirriando sobre el pavimento, mi amigo me agarró y me empujó hacia dentro, donde me encontré con las comunes caras indiferentes, sin entender qué sucedía. Luego de unas breves palabras al conductor, que asintió algo molesto, mi amigo desenfundó a La Milagrosa y me dijo, en voz baja «Canta». Sin poder reprochar, él –o, más bien, La Milagrosa– comenzó a sonar aquellos acordes, que tan sólo al oírlos me devolvían a la infancia, me recubrían el cuerpo de arena y mar y me hacían sentir la brisa golpeando suavemente en mi rostro. Sin poder yo escapar aún de mi sorpresa o de mi trance nostálgico, él me susurró al oído «Oye morenita, te vas a quedar muy sola…», viendo que no reaccionaba aún. Pero, al escuchar esas palabras y sentirme de nuevo en casa, cantando junto a ella, me reincorporé y me uní al canto con todo lo que mi pecho congestionado me permitió.
Ah, mi garganta destrozada por tantas noches de llorar y por tantos días de sucumbir al frío, sólo me dejó cantar, si acaso, desafinado, al punto que más de un miembro de la audiencia decidió levantarse y retirarse hasta el fondo del vehículo, los más radicales, prefiriendo de una vez presionar el botón que les permitiría escapar de mis aullidos. Pero yo, frente al pasillo, no les daba importancia, yo los veía frente a mí, pero no estaba junto a ellos, yo estaba en la playa junto a una fogata, estaba en aquel diablo que llaman tren, estaba bajando por Valencia y cogiendo por La Sabana; y mucho menos cantaba para ellos, era ella quien, frente a la fogata me escuchaba mientras sonreía orgullosa, aunque con lágrimas en los ojos me recordaba «Yo, en Santa Marta me puedo morir». Y cantaba con el corazón aún más herido, tanto, que decidí pedir una nueva canción y salir de toda esa pasión. Él me miró triunfante y vio las lágrimas que bañaban tibias mis mejillas, volviéndome a llevar por aquellas noches cálidas de la infancia junto a ella. Al bajar, alegres y con doscientos pesos extra, exclamé entusiasmado: -¡Hay que repetir esto!
Él, replicó, burlón: -Si mueres, no podremos –con una sonrisa que, poco a poco se me fue contagiando.
No he muerto, muy a pesar de algunas crucetas y bandas de músicos del transporte urbano que se han cruzado por mi camino. Y, en cambio de sentarme a esperar mi hora, he pensado que algún día, quizás en Santa Marta, mientras vuelvo a entonar aquellas canciones como se lo merecen, yo moriré y la visitaré en su casa en el aire.

Monday, 10 November 2008

Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán

Quienes aburridos y decepcionados del manejo que la República hermana de Colombia y sus varias instituciones decidieron darle al país que antes los hospedaba; frustrados frente a la imposibilidad de cualquier mejoría o intento racional de construcción de nación; apabullados ante la siempre más pálida falta de soluciones y el siempre creciente número de problemas frente a los cuales se generaban más discusiones que proposiciones; rechazados por múltiples entidades y gobiernos internacionales en su búsqueda de asilo político; hemos decidido independizarnos. Aunque con gran clandestinidad, con fiera severidad proclamamos que desde el 16 de Octubre de 2007 el territorio de la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán ha dejado de formar parte oficialmente del territorio de la hermana República de Colombia. El área independiente de la GRIM Krasnijkoverstán correspondía originalmente al glorioso tapete rojo de mi cuarto, enclave en el barrio bogotano de Rosales, pero ahora se ha trasladado, además de haberse expandido, comprendiendo ahora ese mismo glorioso tapete rojo, la gloriosa alfombra café de mi nuevo cuarto, el glorioso tapete blanco del baño de visitantes y la improvisada y gloriosa mesa de café que se creó a partir de sobras de una anterior construcción, todos gloriosos enclaves inconexos dentro del barrio Chapinero de la capital colombiana.
Los gloriosos ciudadanos de la Gloriosa República han ido creciendo con firmeza en número desde entonces y, por lo tanto, se ha procedido a escoger una forma de gobierno, concordando todos los presentes a la Gloriosa Asamblea que la mejor opción es y siempre será la democracia. Unánimemente, se escogió al glorioso líder, artífice de la idea de la GRIM Krasnijkoverstán –que prefiere no ser nombrado por su nombre de pila– para que liderara la rama ejecutiva. Pronto se volvió evidente que su inmensa sabiduría llevaría a la Gloriosa Nación hacia la prosperidad y el bienestar, por lo que no ha sido repetir elecciones, ni ponerle cuitas a su mandato. Él, en su amplia, infinita y gloriosa sabiduría, prefiere permanecer al margen de la vida pública, para así poderse concentrar en los gloriosos asuntos que involucren el desarrollo sin fin de la Gloriosa Patria. Sin embargo, yo, en calidad de su leal y fiel sirviente, he sido delegado para ocuparme de las misiones diplomáticas, así como de los asuntos de comunicación interna entre el glorioso pueblo y su glorioso líder. Así que hoy, luego de una larga espera, volteamos nuestras glorias hacia la gloria superior, puesto que, después de varios meses de profundo y glorioso pensamiento, el glorioso líder me ha encomendado que transmita a la gloriosa conciudadanía la primeras gloriosas leyes de la gloriosa nación:

1. De la gloriosidad:
Para mantener el espíritu de la gloriosa conciudadanía en alto, y para nunca desfallecer en el intento de ver a nuestra Gloriosa Patria en alta estima, de ahora en adelante, toda comunicación humana que haga referencia a la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán, deberá ir acompañado del adjetivo “glorioso” en su declinación más apropiada, o del equivalente al adjetivo en otras lenguas (se dispone por ejemplo que, en italiano, el equivalente es “glorioso” y no “gioioso”, así como en inglés es “glorious” y no “joyful”)

2. De la ciudadanía:
la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán no cree en líneas imaginarias y, por lo tanto, no confiere particular atención a quienes hayan conseguido el milagro de nacer dentro de su glorioso territorio. Aunque estás personas –y en especial sus madres– serán loadas por toda la eternidad y obtendrán de inmediato la ciudadanía, si así lo solicitan, personas nacidas dentro de territorios menos gloriosos pueden también aspirar a esta gloriosa ciudadanía y a todos los gloriosos derechos y gloriosos deberes que ello implica. Las opciones para aspirar a la gloriosa ciudadanía son simples y serán elencados a continuación: 1) Dirigir al glorioso líder, por medio de algún miembro cercano de la gloriosa conciudadanía, una petición en la que se exprese el deseo de pertenecer a la Gloria de nuestra patria y en la que se expliquen los gloriosos motivos y se haga una breve reseña de qué es lo que el/la solicitante considera más glorioso de la la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán. Todo esto para asegurarnos que la gloria de la nación nunca se vea amenazada por personajillos que quieran aprovecharse de nuestro glorioso orgullo. 2) Proclamar la anexión de un nuevo territorio independiente y móvil (se prefieren tapetes, pero se aceptan alfombras, esterillas, sábanas, ruanas y similares) al glorioso territorio de la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán. De seguir esta opción, el glorioso nuevo miembro de la conciudadanía será nombrado gobernador temporal del nuevo glorioso territorio, hasta que el glorioso líder decida que sea oportuno llamar a elecciones. 3) Para las personas del género femenino que se llamen Gloria o cambien su nombre legalmente (en la registraduría de cualquier país) a Gloria, el proceso se acelerará. Las mujeres que cumplan estas condiciones y manifiesten un deseo expreso de pertenecer a la gloriosa conciudadanía, obtendrán gloriosa ciudadanía automáticamente. Mujeres que no cumplan con estas condiciones podrán acceder a la ciudadanía mediante las opciones 1) ó 2).

3. De la lengua:
La Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán se precia de ser bohemia, cosmopolita y pluricultural, por lo que, siguiendo el rechazo a las líneas imaginarias, nunca decretará un idioma oficial, ni siquiera para asuntos oficiales. Aunque éste glorioso servidor se suele expresar en castellano (y gran parte de las ordenanzas vendrán en esta forma), será igual de legal dirigirse a cualquier otro miembro de la gloriosa conciudadanía en cualquier otro idioma, incluyendo y, en particular, el dirigirse al glorioso líder, puesto que él, aunque prefiere intermediarios, los puede recibir de cualquier origen lingüístico, ya que su sabiduría es tan magna que no necesita usar de lenguaje alguno para pensar, ni para gobernar. Con esto, nuestro glorioso líder espera ampliar las fronteras del glorioso territorio en cada esquina del globo, así como traer a la gloriosa conciudadanía una comunidad de orígenes variados.

4. De la lectura.
A diferencia del Reino amigo de Elleore, nuestra Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán no prohíbe libro alguno. Todos los libros son permitidos, siempre y cuando muestren la palabra “gloria” o alguno de sus derivados en cualquier idioma. También es legal introducir a la Gloriosa República un libro sobre el que alguien haya escrito “gloria” o alguno de sus derivados en cualquier idioma. Sin embargo, debido a la estrechez de nuestra extensión de área, sólo se permite un libro a la vez por territorio.

5. De la percepción sensible:
Al igual que el Reino amigo de Elleore, la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán prohíbe el tráfico de sardinas dentro de sus fronteras, puesto que pocos de sus gloriosos conciudadanos soportan su olor. De igual manera, los gloriosos oídos de los miembros de la gloriosa conciudadanía son sensibles, por lo que queda terminante prohibido la existencia de empaques de icopor dentro de las fronteras y, el hacer chirriar dichos empaques (o producir sonidos similares) a menos de 50 metros de alguna de las fronteras de la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán, será considerado como una provocación y justificación suficiente para declarar la guerra.

6. De las fronteras:
El glorioso gobierno de la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán NO pedirá papeles cuando uno de sus gloriosos conciudadanos salga de su glorioso territorio, ni cuando algún no-ciudadano decida entrar al glorioso territorio. Sin embargo, ningún no-ciudadano podrá poner pie dentro del glorioso territorio, a menos que algún miembro de la gloriosa conciudadanía lo invite a hacer tal. Del mismo modo, el gobierno de la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán espera que los gobiernos de los países vecinos sepan manejar sus fronteras con la misma amistad y ecuanimidad, que el glorioso gobierno lo hace y, por lo tanto, no expedirá pasaportes con la gloriosa insignia nacional.

7. De lo que no debería suceder.
Quien sea descubierto infringiendo las leyes ya mencionadas y sea reportado, perderá su glorioso derecho a ser un glorioso conciudadano de la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán. Además, será humillado hasta el fin de sus días por el resto de la comunidad y su orgullo será vilipendiado de una manera tal que ni siquiera será capaz de volver a pronunciar la palabra “Gloria”

Léase, nótese, faxéese, emailéese, escanéese, hágase y cúmplase.
¡Gloria eterna a la Gloriosa República Independiente y Móvil de Krasnijkoverstán!

Desvariables #6

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Sun Tzu dice “conoce el movimiento de tu enemigo como conoce el cazador al serpentear de la serpiente que acecha”
T’sao T’sao agrega “¡hazlo sangrar por las gónadas!”.

Thursday, 21 August 2008

Z (Cama)

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Z Cama

Z y 19 comparan sus jornadas de trabajo.

Tuesday, 19 August 2008

En China

En China hay conmoción
Pues ha subido el condón
Y cada muchacho picarón,
Que busca su cariñón,
Ve resignado que su opción
Se ha archivado en un cajón.

Junior tu papá

Me dicen “Junior”
Pues soy padre de todo el mundio.
Y, aunque me digan “Raimundio”
Yo prefiero ver Miss Mundio.

Sunday, 10 August 2008

Aquel verde personaje

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Molesto por los ruidos que interrumpían mi sueño, decidí acercarme a la ventana para descubrir qué sucedía. Esa fue la primera vez que vi sus enormes ojos amarillos, dentro de esos ásperos párpados de piel tan verde como del uniforme de un militar y tan rugosa como su forma de hablar. Estaba uno de ellos justo frente a mi ventana y, al abrirla, lo descubrí con sus pupilas abiertas a más no poder, como las de quien intenta espiar en la oscuridad. Al verme, no se movió y, en cambio, fijó toda su atención en mí, que me veía reflejado en aquel oscuro centro. Yo, desconcertado, intenté acercarme y buscar sus oídos, para pedirle amablemente que fuera un buen vecino y dejara dormir.
-Disculpe… –traté de llamar su atención, pero sin éxito. No sabía si no podía oírme a causa de la lejanía de su órgano receptor de sonido, si me escuchaba pero no me comprendía porque mi lenguaje le resultaba extraño, o si era que los gritos que se escuchaban de los doce pisos que había debajo de nosotros no permitían que las ondas sonoras lograran llegar a su destino.
-Disculpe… –volví a intentarlo, pero con el mismo resultado. Me dispuse entonces a volver a acostarme, pensando en ignorar el ruido. Pero, mientras me dirigía hacia la cama escuché que alguien me hablaba: -Perdón, ¿usted me hablaba? –logré escuchar desde afuera de la ventana.
-Sí, dije –acercándome de nuevo al exterior.
-Qué pena con usted, es que la vejez ya me está pasando cuenta de cobro.
-No hay problema, yo lo entiendo, después de tantas horas de mirar pantallas, yo me estoy volviendo ciego. Estoy seguro que lo mismo debe suceder con las noches de destrucción que traen elevadas cuentas de decibeles.
-Es verdad, la gente subestima cuánto se puede sufrir siendo monstruo de thriller. Nosotros también nos desgastamos.
-Bueno, lamento escuchar eso. Pero, en cualquier caso, yo lo que quería decirle, o mejor dicho, pedirle, es que, por favor, obvie esta noche para su trabajo, ya que es la primera vez que puedo dormir en un buen tiempo –el trabajo me ha tenido cual zombie frente al computador– y, además deben ser muchos más quienes querrían, al igual, una buena noche de sueño. Ya debe saber usted que vivir en esta ciudad es difícil y que se necesita un buen descanso para afrontarse a ella por las mañanas.
Él dudó un momento, frenando la destrucción de la noche para analizar todo lo que yo le había dicho, respondiéndome unos segundos después: -Comprendo su punto, yo también sé lo que es ir a trabajar sin descansar lo suficiente. Ya sabe, algunas veces me han amarrado y han tratado de someterme por días enteros, sin dejarme descansar.
-Sí, sí, lo he visto en los noticieros –apunté comprensivo.
-Pero –continuó– usted también tiene que ponerse en mi posición. Trate de entenderme, yo estoy aquí para hacer noches de destrucción, esa es mi labor o, mejor aún, esa es la razón de mi vida, la base de mi existir, ¿comprende?
-Sí, lo entiendo –repliqué, sincero.
-Entonces, yo no puedo simplemente frenar mi actividad cuando alguien me lo pide, aún cuando entiendo su problema y le agradezco su amabilidad al hacerlo. Usualmente tratan de detenerme con policías o aviones de la fuerza armada y cuando piden las cosas a las malas no dan ganas de complacer. Pero, el punto es que yo no puedo dejar de destruir, porque entonces, ¿qué haría yo?
-Bueno, yo comprendo su posición. Pero no le estoy pidiendo que deje la destrucción en su totalidad. Sólo le estoy pidiendo que lo deje de hacer esta noche. No me parece que sea grave descansar por una jornada, ¿no cree?
-Sí, sí, pero es que si yo ahora acepto y me freno, mañana alguien más, o quizás usted mismo me va a pedir lo mismo y tendré que volver a frenarme.
-Entiendo su predicamento y, se me ocurre, que quizás podríamos llegar a un acuerdo, una suerte de horario en la que usted pueda destruir libremente y no tenga que despertar a nadie.
-Escucho su propuesta.
-Bueno, ya que son muy pocas las personas en esta ciudad, y en este barrio en particular, que permanecen en la casa durante el día. No me parecería malo que usted desarrollara su actividad, digamos entre nueve y once de la mañana. ¿Le parecen bien dos horas?
-Sí, dos horas están bien. Pero, la verdad es que soy un tipo con corazón y, a esa hora ¿no estarán los niños en casa? Podría hacerles daño sin querer.
-Oh, no, no se preocupe por eso, ahora los niños entran a algún colegio a los tres días de haber nacido, ya no queda progenitor que se los aguante. Esa calle en la que usted está parado se llena de rutas escolares a eso de las siete de la mañana y, ya para las ocho no queda ningún niño cerca.
-Es bueno saberlo, no quisiera molestar a los niños, ¿sabe? Yo tengo mi conciencia… Pero es que mi larga estirpe de destructores siempre ha trabajado de noche y no me sentiría bien cambiando esa tradición.
-Caballero, caballero, no sea así. Todos tenemos que acoplarnos a las nuevas tendencias, estamos en un nuevo siglo y, aún, en un nuevo milenio y hay que dejar atrás la retrógrada idea del conservadurismo. El mundo está en continuo cambio y tenemos todos que acoplarnos para poder vivir bien con todos.
-Quizá tenga usted razón… Podría probar mañana y destruir por la mañana- dijo aquel verde personaje mientras se alejaba de mi ventana agradeciéndome por la conversación. Yo volví a dirigirme hacia mi cama, pero, en un impulso súbito, decidí darme vuelta y volverlo a llamar.
Pero… –dije, dubitativo– ¿es realmente necesario que usted destruya? Pienso que, a pesar de su cuidado y su caución con los niños, probablemente pueda herir a alguien, aún si no lo quiera. Quizás pueda buscar otras actividades para satisfacer su existencia. No lo sé, macramé, elevar cometas, o cualquier cosa que se le ocurra.
-Señor –se volteó él, algo molesto– Ya le he explicado cómo es necesario para mi destruir. Pierda cuidado, vendré a la hora que usted me ha indicado y tendré mucho cuidado en no dañar a nadie.
-Pero, ¿está seguro de que la destrucción es absolutamente necesaria?
-Claro que sí, usted mismo lo dijo –apuntó con lo que creo fue una sonrisa– hay que acabar con lo viejo para darle paso a lo nuevo, hay que abrir espacio para dejar entrar las novedades.
-Nunca había pensado en un acercamiento tan moderno a la arquitectura y la urbanística –opiné, curioso.
-Bueno, pero eso no es todo –prosiguió– también ayudo a muchos. Hay muchas personas en esta ciudad que no han podido obtener una educación superior o una recomendación apropiada para conseguir un buen puesto de trabajo. Todos ellos terminan trabajando en alguna construcción y, al destruir, son muchos los puestos de trabajo que creo.
-Nunca lo había pensado de esa manera, pero, ¿no cree que los dueños de los edificios y los apartamentos que caen sufrirán?
-Quizás sufran alguna pérdida material, pero –ya le he dicho– trato de no herir a nadie. Las constructoras tienen suficiente dinero como para perder alguno al pagarle a los obreros; y los habitantes que encuentren su casa destruida, comprenderán que su hogar no es un lugar, sino un grupo de personas y podrán recuperar toda su inversión de las aseguradoras, que también tienen mucho dinero para repartir.
-Tiene usted un pensamiento muy interesante.
-Soy un Robin Hood moderno –opinó orgulloso– y, además, más de un niño me ha escrito, agradeciéndome pues, gracias a mí, tuvieron una excusa perfecta para no hacer la tarea.
-¡Ah! –Exclamé, con simpatía– comprendo el sentimiento.
Nos despedimos amablemente y él se fue alegre, esperando un nuevo día para poder cumplir con su deber. Yo, finalmente volví a la cama, pero, apenas posé mi cabeza en la almohada, escuché el molesto ruido de la alarma que me indicaba el inicio de un nuevo día laboral. Me levanté nuevamente y me vestí rápidamente, alejándome de los suburbios para no tener que sufrir el ruido que mi amigo haría unas horas más tarde.

Friday, 4 July 2008

Musik hat kein Stop

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On why the choosing of such an uncommon title for their newest release, the band leader, Ralf, explains the true meaning behind the odd-sounding name ‘Handle With Care’:

“Well, we were all in an airport –I can’t remember exactly which one, but we were all there, musicians, technicians, managers… We were about to finish our tour of the United States and were really exhausted. To top it all, there was a problem with the lugagge because of an energy shut down, or a technical error, or I don’t know what. Anyway, there weren’t any packages coming out. There were just two or three lying around that no one would pick up. Maybe they got lost or something. In any case, there was this airport employee who kept staring at us, because –we thought- he was a fan of the band. I think he was trying to find a way to approach us without seeming like a groupie or a dumb fan asking ‘hey, you’re in that band, right?’, so he kept walking around us, quietly. Finally, he decided to come closer and started chit-chatting with me. “I hate these people that put those damn ‘fragile’ stickers on their bags” he said pointing at an abandoned suitcase. “It’s like saying ‘hey, I don’t care what you do with the other bags, but treat this carefully, it’s very important to me, to the world, to the universe’, and that’s like saying ‘I’m the important one and the rest can go fuck-off’” he argued, “and it’s even like saying ‘I don’t trust you, I know that you’re a mess up and that you’ll probably damage everything you touch, but please, please, see this sticker and realise this is important stuff that shouldn’t be broken’, like I needed a big red print-out to know that other people’s belongings are valuable and should be handled with care.” I smiled politely while I heard his anger against stickers, nervously trying to remember if my guitar case had the dooming ‘fragile’ sign. He continued by adding “I really hate those people, and I really hate those bags. Do you know what I do when I find one of those? I toss it around the room and kick it a few times. Yeah I kick ‘em, and hard, quite like a soccer star. You have to show those kind of people they’re no better than the rest” I kept on smiling and made a few solidary jokes, now certain that my case had that dreadful sticker on and hoping this guy took a shift off when our equipment arrived. Eventually, the bags never came and we had to pick them up at another city, so this guy couldn’t get the joy of kicking around our things. But anyway, his anger towards fragility was very much like the new ideas we had at the time for the developement of our music. ‘Handle With Care’ has been our rawest, harder-sounding record to date and through its title we wanted to express that hatred towards pretty labels and that rage always ready to explode towards frale warnings. ‘Handle With Care’ is our way of saying ‘this album should be kicked and tossed around as harshly as possible.”

The album is, truly, one of the hardest-sounding recordings of the last few years and the band famous for melodies has surprised the public and the critics with their –very succesful, I should say– ear-blasting, deep-breaking arrangements of songs like ‘Meine Mutter, die Robotin’ and ‘Endlich ein Grund zum Feiern’, among others. Also an oddity of this album, the amount of songs in german, as that language had never been as present as here in the band’s carrier. About this subject, the bass player, Jürgen, gives us a lot of quite interesting reasons:
(more…)

Wednesday, 21 May 2008

Aviso en octosílabos asonantes

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Que se dice, que se avisa
Con la voz que hay mejor
Que Pablo ha sacado Visa
Y que se va al Nueva York.

No llegue angustia de ver
Al caballero marchado
A lo extraño, pues al mes
Se habrá de ser retornado.

Si es el corazón de dádivas
Palpitante y deseoso
No pretendan acrobacias
Que el dinero es bien costoso.

Y si, con algún saludo
La fiel mole se conforma,
No crean que es un apuro
Pues ser amable es la norma.

Monday, 5 May 2008

Acompañando a Bartleby

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Quise escribir un cuento sobre un hombre que despertaba para encontrar que, de repente y sin mediar explicación, su existencia había cambiado a un sinsentido incomprensible y él, acongojado y extrañado ante su nuevo mundo, se preocupaba al considerar que se entrometía e intentaba no molestar. Pero ese cuento es un libro llamado La Metamorfosis y no lo escribí, pues Kafka ya lo había hecho y, seguramente, mucho mejor de lo que yo habría podido aspirar a hacerlo.

Wednesday, 30 April 2008

Desvariables #5

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La marquesa sale a las 5…
…y se tropieza con una aspiradora.

Thursday, 17 April 2008

Ἀλεξοῦση ἀνδρóσι

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Dicen los papeles –pues, aunque fríos, sólo ellos pueden hablar ahora –que fue un Domingo aquel día. 16 de Abril, 1960. Hablan de los colegios y de los trabajos, al mismo paso que de las enfermedades y de los hospitales. Entre sus congeladas letras que miran indiferentes se destacan algunos viajes de juventud: Estados Unidos, Italia, visas, permisos y cartas. Pero no hablan de los atardeceres, no mencionan los juegos en la nieve. También recuerdan los papeles a aquellos días felices y rebeldes del estudio para la vida. Pero no hablan sobre sonrisas, ni sobre miradas. Sólo mencionan la facultad de comunicación social de la universidad del Externado y remiten a los numerosos artículos que escribió para El Espectador, a sus incontables columnas y a sus escasos pero apreciados libros. Y entre montañas de cartón se siguen reuniendo datos, las deudas, los buenos momentos, los compañeros sentimentales, las dedicatorias, los periodos que, lejos, tuvo que pasar recluida, junto a aquellos numerosos problemas. Hay dos papeles que no saben recordar alegrías ni lágrimas tibias, pero que, entre brazaletes de plástico (uno rosado, uno azul), a algunos nos hacen derramar los ojos. Y hay papeles de papeles, algunos cálidos que, con cursiva mano alzada, recuerdan a “Alexandra, querida amiga” y otros tan secos y tipográficos que comienzan con un cruel “señora” y se explayan en explicaciones fiscales. Hay papeles que subrayados, como la obra de Proust, me acuerdan de las noches en que llegaba y me decía emocionada “mira”. Hay los otros que, rasgados y consumidos, me recuerdan noches tortuosas. Y hay los que, encuadernados, un día triste, me pidieron con compasión ser escritor. Los hay graciosos y los hay atrevidos. Pero la mayoría se pierde entre la maraña de documentos que pretenden resumirla. Como aquel que describe (incomprensiblemente) aquella maraña de células rebeldes, o el que asegura sin más que una mirada rápida que sus ojos resplandecen “café”. Todos datos, todos hechos, todos fríos esquemas. Pero no hay papel más duro que el del 20 de Diciembre de 2008, aquel que anuncia su paso por la Funeraria Gaviria, aquel que invita a llorar junto a nosotros, los más desdichados.
Y, sin embargo, ningún papel que he encontrado escarbando deja constancia de cómo ella fue nombrada a propósito, cómo fue protectora, cómo fue madre consumada, preocupada y amorosa; hermana amada, hija excelsa y tía consentidora. No hay letra que recuerde sus abrazos o sus caricias; sus lecturas por la noche, sus besos en la frente en mitad del frío. No hay nada que recuerde los sacrificios y los sufrimientos por los dos seres que más amó. Si nadie ha querido registrar sus madrugadas para atendernos o el sabor de sus pastas improvisadas, creo que me ha llegado la hora (aunque las lágrimas me impiden elocuencia) de dejar constancia. De esta manera, cuando llegue el día en el que los demás nos vayamos, al menos quedará el recuerdo de las cosas importantes, así, ella jamás tendrá que morir, así jamás se perderán sus momentos más cálidos en los que, rebozando de felicidad, decía “te amo”.

Feliz Cumpleaños mamá.

Thursday, 29 November 2007

Desvariables #4

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Episode VII: A new hope arises after the Republic strikes the Clone Sith Menace back.
A LONG TIME AGO
IN A GALAXY FAR AWAY…

Despite the
incestuous attempts
to penetrate his sister,
Luke is still single and alone.
Now, after saving the galaxy from
the evil hands of the Empire, a new battle
rages on for him: that to find a woman worthy
of a sexually disordered Jedi…ññññññññññññññññ

Monday, 12 November 2007

El Show de Bert XIII

Enclochado en: Unauthorized

[Oficinas Canal 60]
Sr. A.: B., mira estos ratings, tenemos que hacer algo al rescpeto.
Sr. B.: Tienes razón A. Tenemos que hacer algo distinto, un vuelco total de la programación, una revolución televisiva tan radical que ni el mismo Robespierre podría tolerar.
Sr. A: ¿Quién?
Sr. B: Ah un amigo francés que conocí hace dos años en Cannes. Le gustaban las cosas extremas, pensé que lo conocías.
Sr. A.: Jamás lo había escuchado. ¿Qué hace él?
Sr. B.: Ah, nada. Se ahogó en su tina luego de una sobredosis de cocaína.
Sr. A.: Veo. Bien, estoy de acuerdo contigo, tenemos que renovar nuestros programas, darles un toque más juvenil para que las nuevas generaciones se sientan atraídas.
Sr. B.: Tienes razón, deberíamos crear nuevos formatos y nuevos métodos de participación, ya sabes, para que el público nos ‘colabore’ con la renta.
Sr. A.: Jeje, eso mismo pensaba yo. Bien, pues pensemos, ¿qué nuevos programas podríamos traer?
Sr. B.: Pues yo pienso que deberíamos ir haciendo una transición lenta, ¿sabes? para no perder nuestra audiencia actual y atraer la audiencia moderna.
Sr. A.: ¿Así que quieres ir cambiando los programas? Me parece una genial idea.
Sr. B.: Sí, ¿por dónde crees que deberíamos comenzar?

Sr. A., Sr. B.: ¡Dorita!
Dorita: ¿Sí, doctores?
Sr. A.: Llámenos a Bert, por favor. Dígale que es una reunión estratégica muy importante y que se afane.
Dorita: Bueno doctor, yo lo llamo. Pero creo que se demora, ¿no ve que está celebrando un cumpleaños de un amigo de esos que tiene en un bar todo raro por allá en el centro?
Sr. B.: No importa, llámelo y dígale que venga si es que no quiere perder su trabajo.
Dorita: Bueno doctores, yo ya les hago la vuelta.
Sr. A.: Gracias Dorita.
(…)
(…)
(……….)
[Una hora después]
[Entra Bert con camisa apretada y confetti encima. Tambalea al caminar]
Sr. A.: ¡Bert! Qué bueno que viniste.
Bert: Díganme, ¿Pa’qué soy bueno?
Sr. B.: Pues, para muchas cosas, pero hoy nos vas a ayudar a crear la revolución.
Bert: ¿Revolución? No, hermano, yo ya no estoy para revolcones. Luego de todos los que tuve hoy por allá…
Sr. A.: No, no, Bert. Una revolución, un cambio radical, un giro de raíz.
Bert: ¿Quieren que plante árboles? Está bien ¡El planeta me necesita!
Sr. B.: No, Bert. Lo que queremos decir es que queremos hacer un cambio drástico en la programación del canal. Y tú nos vas a ayudar.
Bert: ¿Ah sí?
Sr. B.: Claro que sí, tú eres el elemento más importante de esta cadena y no podemos prescindir de ti.
Bert: Veo… Bueno, pues, a cascarle.
Sr. A.: Bert, Bert. Cálmate, relájate, tómate un vaso de agua. Ponte cómodo.
Bert: Yo ya estoy cómodo. Apúrenle que no tengo todo el día.
Sr. B: Bert, siéntate, por favor, tenemos que hablar seriamente de tu programa.
Bert: Ey, ey. Yo sé que hemos quemado algunas cosas del set y que el camarógrafo que traje se emborrachó y destruyó una cámara. Pero aún así son pérdidas menores que se pueden reparar fácilmente.
Sr. A.: Lo sabemos, pero eso no es por lo que queremos hablarte. Es algo más, profundo, más estructural. Tiene que ver más bien con la corporeidad de tu show.
Bert: Bueno, está bien, he subido unos kilos, pero con unos días en el gimnasio los puedo rebajar.
Sr. B.: Pues no te caería mal, pero lo que te queremos decir es que estamos pensando en hacerle unos cambios a tu programa.
Bert: Cambios… ¿como cuáles?
Sr. A.: Pues unos pequeños cambios al set, unos pequeños cambios al tono y, quizás, algunos cambios al formato. Tú sabes, queremos modernizar un poco el ambiente. No es que tú ya no seas popular con la juventud.
Bert: Ah ¿y quién dijo eso? ¿¡Y quién fue el que dijo que estoy gordo!?
Sr. A.: Nadie, nadie, precisamente eso digo. Pero aún así, los ratings están bajando y creemos que nuestras más jóvenes audiencias podrían disfrutar un cambio como el que te estamos proponiendo.
Bert: Está bien, pero no me han dicho qué cambios están pensando hacer.
Sr. B.: Bueno, no te preocupes, no es nada drástico, solamente unos cuantos gimmicks por aquí y por allá. Pero claro, claro, tú seguirías manteniendo el control del programa.
Bert: Seh
Sr. A.: Bueno, mira, yo sé que no te entusiasma que nos estemos encargando de la situación, pero necesitas que te ayudemos. Te tenemos una idea revolucionaria para tu programa. Podrías actuar en algunos segmentos.
Bert: ¿Actuar? Ahora sí me están entusiasmando, ¿por qué no mencionaron eso desde un principio? Ya es hora que la gente se entere de mis grandes dotes histriónicas y comiencen a apreciarme como más que una bonita cara. ¿Se imaginan? ¡Podría estarme ganando un Emmy o un Globo Di’oro en unos meses!
Sr. B.: Bueno, Bert, esos premios no los dan en este país, esos sólo se los entregan a actores de programas estadounidenses.
Bert (dramático): ¡Ah! ¡La injusticia del nacimiento geográfico! Bueno, pero ¿a qué premio puedo aspirar en este paisito?
Sr. A.: Quizás a un premio del Monstruo Comegalletas a “este man en televisión me simpatiza”.
Bert: Bueno, está bien, sería, de todas maneras, una gran vitrina para que los productores de Jóligüd se fijen en mí.
Sr. B.: ¿Por qué le pones diéresis a esa ‘u’?
Bert: Ah, porque así se pronuncia en inglés, pendejo.
Sr. A.: Bueno, está bien, eso no importa. Lo que importa es que ahora está emocionado con nuestras ideas de cambio para el show, ¿no es así?
Bert: ¡Así es!
Sr. A.: Muy bien, entonces escúchanos. Te vamos a decir algo que va a ser tan ground-breaking que vamos a necesitar comprar pisos de cemento.
Bert: ¿Tan qué?
Sr. A.: Tan… innovador, que hasta Leche nos va a envidiar.
Bert: ¿cómo nos va a envidiar la leche?
Sr. A.: Escucha, no importa. Ponme atención. Imagínate esta escena. Es de noche y estás trabajando en tu oficina. Casi es medianoche, hay muy pocas personas en el edificio contigo. Ya todas se quieren ir a la casa, pero tú sigues trabajando porque quieres justicia y no puedes descansar hasta encontrarla.
Bert: Me gusta, me gusta, sigue hablando.
Sr. A.: Bien, parece que te vas a rendir, pero cuando bajas la cabeza, descubres un pelo suelto y decides analizarlo en tu microscopio. Como eres poseedor de una inteligencia superior, no pasa mucho hasta que descubres quién es el asesino que estabas buscando. Corres a avisarle al policía más cercano y con el número más exagerado de patrullas imaginable, van a perseguir al malhechor. ¡Puedes demostrar tus dotes de actor como científico y como héroe de acción!
Bert: ¡Es justo lo que necesito!
Sr. A.: Sí y lo mejor es que a nadie se le ha ocurrido crear un programa así. Podemos innovar en todo lo que queramos. Podemos contratar a dos mujeres buenonas pero que parezcan intelectuales para que te acompañen en la búsqueda por la verdad y que usen un uniforme policiaco sexy. Hasta, hasta… ¡Podemos llamar el segmento sólo con iniciales! ¿Qué tal algo como “UIC: Unidad Investigativa Criminal”?
Bert: ¡Sí, sí! ¡Genial idea!
Sr. B.: Bueno, aunque no niego que la idea de mi compañero es una gran idea, creo que quizás no tenga suficiente mercado. Tendría que evocar demasiado temas y términos científicos y bien sabemos que en este país la ciencia es prácticamente magia negra.
Bert: Bueno, B. ¿usted qué propone entonces?
Sr. B.: Muy bien, póngame cuidado. Es una idea que jamás a alguien se le ha ocurrido. Es tan innovadora que hasta Leche… ehh, que no me lo van a creer. Bert está trabajando de noche en un edifico de oficinas prácticamente abandonado. Todos tus compañeros se han ido, pero tú no puedes descansar pues necesitas que haya justicia.
Bert: Ajá… cuéntame más.
Sr. B.: Estás a punto de rendirte, pasas las páginas del libro que estás estudiando con desdén, sin ponerle gran atención. Te ves… derrotado.
Bert: Mhj, ¿pero al final me doy cuenta de algo? No quiero aparecer en una serie como un perdedor.
Sr. B.: ¡Sí, sí! Pronto descubres en una de las páginas desdeñadas una palabra que hace alusión a un caso similar al que estás procesando. Pronto, corres a llamar a tu jefe y le avisas que has descubierto cómo salvar al señor Sánchez de ir a la cárcel.
Bert: ¡Eso es lo que me gusta! ¡Un Bert heroico! Pero… ¿no puedo ser yo el jefe?
Sr.B.: Sí, puede ser. En cualquier caso, llamas a tus compañeros de firma legal, podemos contratar a dos viejas buenonas, que parezcan inteligentes y les ponemos vestidos de ejecutivas, para atraer audiencia masculina.
Bert: ¡Sí! ¡Audiencia masculina!
Sr. B.: ¡Audiencia masiva, Bert! ¡Hasta podemos traer un tipo musculoso para que haga de abogado rebelde y le hacemos quitar la camisa un par de veces para atraer a la audiencia femenina.
Bert: ¡Entre más se quite la camisa mejor!
Sr. B.: ¿Qué te parece A.?
Sr. A.: Quizás pueda funcionar, me parece bastante original y tu acercamiento al mercado a través de las hormonas me parece una decisión muy acertada, aunque quizás corramos el riesgo de meternos en problemas poco legales, pues puede que haya quien no quiera que el conocimiento de la ley se exparsa en este país.
Bert: No, momento, quizás deberíamos volver a pensar lo del actor musculoso…
Sr. B.: Pues luchamos, no nos podemos dejar atrapar por el homogéneo control de los corruptos.
Bert: Me podría quitar el centro de atención, ¿no ven?
Sr. A.: Yo ya estoy muy viejo para meterme en problemas revolucionarios, aunque quizás podríamos hacer el programa si nos alejamos de temas controversiales.
Bert: Aunque de todas maneras, deberíamos hacer audiciones, sólo para ver si lo de actor musculoso sí cuadra…
Sr. B.: Bueno, si le vamos a poner tanto pereque al asunto, pues mejor no hablemos de eso. Pero entonces, ¿qué hacemos?
Sr. A.: ¡Ya lo sé! ¡Ya lo sé! ¡Estoy teniendo una visión! ¡Esto sí que nadie lo ha hecho! Además, podemos estar al margen de problemas con la justicia y con la injusticia.
Bert: Yo tengo un amigo, se llama John, bueno, al menos le dicen John, podríamos llamarlo para que hiciera casting…
Sr. B.: Bueno, ¿cuál es la idea?
Bert: Hasta podría el John llamar a otros amigos del gimnasio…
Sr. A.: Pónganme Atención. ¡Bert!
Bert: ¿¡Qué!?
Sr. A.: Escucha mi idea para el programa.
Bert: ¿Qué pasó con lo de defender la ley y ver a abogados rbeldes quitándose la camisa?
Sr. A.: No, no, eso no es tan viable como creíamos. Pero, escucha, esto es aún mejor.
Bert: Pero, ¿aún podemos tener actores quitándose la camisa?
Sr. A.: Sí, sí, pero, carajo, escucha. Estás en una habitación de un hospital trabajando por la noche. Ya prácticamente todos tus compañeros se ha ido y en los pasillos sólo encontramos silencio. Estás bajo la luz tenue de una lámpara, revisando un libro. No quieres descansar hasta averiguar qué es lo que le pasa a tu paciente. Él tiene un mal extraño que ningún otro doctor ha podido delimitar, ni siquiera el jefe de medicina. Pero tú, aunque apenas seas un interno, estás dispuesto a desvivirte por el pobre niño que está muriendo en una cama.
Sr. B.: ¡Excelente A.! ¡Así podemos apelar a la ternura de los televidentes!
Bert: Sí, ¿pero dónde entra el actor musculoso descamizante?
Sr. A.: Bueno, puede ser uno de tus compañeros médicos recién graduados. Puede ser un rebelde que, en apariencia no le importa nada de lo que pasa a su alrededor, pero dentro tiene un corazón muy grande y sufre con cada paciente que trata de ayudar.
Sr. B.: ¡Sí! Con algo así podemos atraer una gran audiencia femenina.
Bert: Me parece muy bien, mientras que se aseguren de que el actor musculoso no me robe el centro de atención… y que su camerino quede junto al mío.
Sr. A.: ¡Esto puede ser muy grande! Hasta podemos contratar a dos actrices sexys para que sean tus compañeras médicas recién graduadas, anden por el hospital con su uniforme holgado y, de vez en cuando, se lo tengan que quitar para salvar alguna vida.
Sr. B.: ¡Sí, sí! Así podemos atraer a la audiencia masculina y dominar el mercado!
Sr. A.: Podemos, además, mostrar algo nunca antes visto: el mundo de los médicos recién graduados que luchan por encontrar balance entre su ocupada vida laboral y su complicada vida personal, mientras que tratan de aceptar las verdades de su profesión, como que es inevitable que algunos pacientes mueran.
Bert: ¡Ustedes son unos visionarios!
Sr. B.: Aunque, ¿sabes qué A.? ¿No está quizás Bert ya muy… maduro para ese papel. Digo… la audiencia quizás no creería factible que alguien tan respetable como él haya apenas salido de la universidad.
Bert: ¿Me está tratando de viejo?
Sr. A.: Pues quizás tengas razón, B., eso sería un problema, ya que los televidentes suelen exigir realismo.
Bert: ¿usted también me está tratando de viejo?
Sr. A.: Aunque, la medicina es una carrera bastante larga, los estudiantes no se gradúan hasta entrados en años, quizás Bert sí podría resultar creíble en esta posición.
Bert (molesto): ¡Exijo respeto, señores!
Sr. B.: Pero aún así, yo no creería que Bert tuviera menos de treinta años…
Bert: ¡Ve’ste! ¡No, pues, tan prístino él!
Sr. B.: Tal vez podríamos hacer una historia en la que el personaje de Bert, luego de muchos años de vagar y desperdiciar su vida, haya decidido reformarse y entrar a la universidad, explicando así su excesiva edad al graduarse.
Bert: Bueno, ya me están comenzando a molestar. Ahora, además de viejo, me van a tildar de ‘vago’. Tan lindos los productores que tengo.
Sr. A.: No, pero B. tan sólo se referería a tu personaje respecto a la vagancia. Además, me parece una gran idea, así tu personaje puede ser un ejemplo de superación, puede mostrarse como un rebelde que ha decidido reformarse para ayudar a los demás. Y, por supuesto, podemos crear una gran sarta de problemas internos para llenar arcos de historias.
Bert: ¿Pero toda la premisa del chow sería que estoy viejo?
Sr. B.: No, tú no, tu personaje…
Bert: Bueno, ¡ya me la volaron! ¡Se me van largando! ¡Se largan de mi oficina, pero ya!
Sr. A.: Oye, esta es mi oficina…
Bert: Está bien, ¡No importa! Yo me voy en tal caso, ¡pero no me voy a quedar aquí escuchando como me insultan!
Sr. B.: Bueno, ¿pero qué vas a hacer con tu show? Los ejecutivos están desesperados por ver un cambio… ¡Nos necesitas para ayudarte!
Bert: ¡Yo no necesito a nadie! ¡Yo mismo le voy a hacer los cambios a mi show!
[Bert sale ofuscado]

Tuesday, 30 October 2007

Who’s this Bambino guy?

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Había escrito una diatriba de aproximádamente ocho páginas sobre mi amor al baseball y mi simpatía por los Boston Red Sox (junto a mi odio hacia los Yankees), pero oprimí alguna tecla -aún no he podido descifrar cuál -y todo se fue a la basura.

En cualquier caso, sólo era para decir: “¡We won again, Papi!”



¡Eres grande Papelbon!

Thursday, 4 October 2007

Desvariables #3

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-This is your last chance. After this, there is no turning back. You take the blue pill - the story ends, you wake up in your bed and believe whatever you want to believe. You take the red pill - you stay in Wonderland and I show you how deep the rabbit-hole goes. You take the green pill -somebody better clear the bathroom.

Desvariables #2

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-Luke…
…Ahí le dejé café.

Wednesday, 5 September 2007

You Can’t Stop Me Now

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In on of those crappy talent shows, one judge advises wisely to one of his pupils, during Queen week:

“Don’t try to be like Freddie, ‘cause you can’t”

He’s right. And that goes for all of you.

Happy Birthday, Freddie. No one could ever be like you.

Tuesday, 21 August 2007

El Manuscrito de Livorno

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En el manuscrito de Livorno, se conoce la historia del Abad Nemo y sus peripecias por el centro de Italia. A continuación, la trascripción al italiano y, más abajo, la traducción al español, complementado por notas y comentarios de Adolfo Camacho.

Dicen los registros locales que el Abad Nemo cruzó por la temida puerta el 13 de Octubre de 1582. Documento tras documento encontramos registrada su visita. En las crónicas del padre Rossi [1] se relata detalladamente el viaje por la frontera del Estado de la Iglesia, pues al parecer, ambos fueron compañeros de aventura; descubrimos también su trayecto a través de la Italia septentrional, a través de varias constancias consumadas en los varios monasterios visitados por el par de religiosos; mientras que un monje anónimo del monasterio de Viterbo nos da cuenta de su arribo a la región, de esta manera:

Cruzaron por la frontera norte, llegando por el camino que viene de Milán y cruza por Villa Santangelo [2]. Venían montados sobre dos mulas que denotaban cansancio por el largo viaje. La mula de Nemo era un poco más alta de la de Rossi, que según me enteré más tardes, estos eran sus nombres. Por lo que alcancé a calcular con mis insuficientes dotes de humano, al divisarlos por primera vez, diría que las patas más largas eran unos tres medios de las más cortas [3]. El mismo Nemo era más alto que su compañero, por lo que la escena de dos camaradas tan disímiles arribando, unidos tan sólo por usar el hábito divino y sacro como uniforme, atrajo la atención del tranquilo pueblo que en poco tiempo estaba casi en su totalidad volcado junto al camino que veía llegar a los extraños visitantes. Ellos permanecieron un buen tiempo contemplando a sus observadores sin saber bien qué hacer, pues no sabían si su dialecto se entendía en aquestas tierras tan lejanas y dudaban de que el pueblo pudiera comprender la lingua franca [4] con la que venían. Así que ante el gran ajetreo de los comunes, tuve que interrumpir mis rezos a Dios, para poder intervenir en la compleja situación. Cuando llegué a su encuentro, me dirigí a ellos usando la lengua del Señor [5], sabiendo que los dos aventureros, versados en la verdad de la divinidad, me podrían comprender. Ellos me pidieron un lugar para descansar por la noche y para alimentarse, además de alimentar a sus pobres bestias demacradas. Como buen cristiano, bajo la gracia de Nuestro Señor Todopoderoso, les ofrecí posada en este humilde monasterio [6] que dirijo, desde el cual escribo ahora estas líneas y en el que restaron por dos días con sus noches, para seguir luego con su viaje.

[7]

La estadía en este desaparecido monasterio, es resumida brevemente por el padre Rossi en sus ya mencionadas crónicas, en lo escrito bajo la fecha de 9 de Octubre de 1582:

Entramos esta tarde al monasterio de Vetralla luego de un arduo viaje de varios días y con poco reposo. El padre superior –de quien no hemos podido averiguar el nombre, pues insiste en ser nuestro benefactor anónimo [8] –nos ha aceptado durante unos días entre su comunidad religiosa. No hemos podido averiguar o indagar con la justicia de la palabra sobre la misión que sigan o la hermandad a la que pertenezcan estos nobles hombres seguidores de la luz divina, pues al parecer, todos están sometidos a un férreo voto de silencio y sólo reservan sus voces para alabar a Dios, como lo hemos podido comprobar por entre las paredes durante esta noche [9]. Ante la imposibilidad de comunicarnos con nuestros nuevos conocidos, ha hablado con Nemo y he tratado de averiguar las razones de su viaje y su extraño destino. Él, sin embargo, se mantiene reacio a responder sobre estas preguntas y nuestras conversaciones se han limitado a discusiones teológicas y a compartir pasajes de la biblia, en lo cual la memoria de mi compañero está iluminada.
Sé que no debería dejarme llevar por la tentación de la curiosidad y que debería volver a mi lejana celda para continuar con mis deberes sacros. Pero la extraña conducta de Nemo me preocupa y me consterna que quizás necesite a alguien para extraerle el demonio, una vez llegue a su destino.
Si mañana clarea, partiremos juntos, si no, partiremos al día siguiente.

[10]

La extraña pareja que se acompaña en este misterioso viaje parece explicarse en otro manuscrito, el de Lucca, del padre Esposito [11], cuando dice:

Esta mañana, del día 8 de Octubre de 1582 después de la llegada de Nuestro Señor Jesucristo, han pasado por esta humilde residencia dos viajeros, dos religiosos en busca de la verdad del señor y de difundir su mensaje sagrado. Uno, mucho más alto que el otro, luego de recordarme varios pasajes del libro santo que se me hicieron deliciosos y me conmovieron en lo más hondo de mi alma, dijo que debía andar en una búsqueda espiritual y que tendría que llegar a un lugar que yo jamás había escuchado nombrar, pero que él me explicó quedaba cerca de Roma.

[12]

Sin embargo, las largas jornadas que ha hecho el Abad Nemo para llegar a su destino, aún no parecen tener un significado, un motivo, ni una razón, más allá de esta búsqueda espiritual. ¿Por qué tendría que acudir precisamente a este oscuro lugar en alguna parte de la gran Roma? Es una pregunta que muchos historiadores y demás estudiosos han tratado de resolver durante los años. Mientras nos acercamos más a la sede del papado, las evidencias históricas son más efímeras y escasas, sólo podemos reportar aquí, concerniente a este asunto, un extracto de las memorias de un sacristán de la iglesia de San Pietro in Vincoli:

Hoy, 13 de Octubre de 1582, los curiosos viajeros de los que todo el Latium y todo el dominio de su Santidad, Gregorio, ha tenido noticia últimamente, pasaron por aquí. Una pequeña multitud se ha formado alrededor de ellos, atraídos por su fama y las historias que las matronas ya han logrado inventar. Les piden milagros y curaciones. Algunos piden buenas cosechas, otros piden la salud de sus hijos o la llegada de otros más, para poder laborar los campos, algunos otros tan sólo quieren tocarlos, para así congraciarse con el Altísimo. Se ha generado una larga discusión sobre cuál de los dos es el más santo y cuál bendición es el camino más seguro al cielo. Mientras que el hombre bajo bendice a todos los que encuentra, el más alto apenas percibe su presencia, parece concentrado en algo más. Yo los vi, hoy mismo y lo juraría ante Dios si no me conllevara esto la perdición eterna. Entre el ruido de la gente amontonada, el más alto alzó un poco más su cabeza para ver a lo lejos. Al capturar algo su atención, se bajó de su pobre mula, a punto de caer al suelo desnutrida, y abriéndose paso sin mucha consideración entre el público, decidió salir a correr, detrás de lo que todos asumimos, fue una aparición divina. Cruzó por el marco recién levantado de una nueva iglesia cuya construcción apenas comienza y se perdió entre los caminos y luego entre los árboles. Es esta la hora que nadie tiene noticia de él.

[13]

Ni siquiera su compañero de viaje supo de él por un buen rato. En sus memorias, Rossi comenta:

Hace unos días acabé mi periplo junto a mi compañero, el Abad Nemo. Como algunos ya sabrán, pues quizás ha quedado esto constando en los registros históricos, mi buen aleado fue poseído por el demonio y desapareció corriendo sin rumbo fijo. Traté de detenerlo y extraer de él la maldad que el demonio le había insertado, pero mis piernas fueron muy cortas y ahora él quizás viva entre los Belcebús. Dios se apiade de su alma

[14]

Sin embargo, hace muy poco, el Doctor P. Adorno, ha descubierto un hallazgo que podría poner fin por fin a esta intrincada historia. Encuentra una larga carta del Abad Nemo dirigida al padre Rossi, con fecha 14 de Octubre de 1582, de la cual aquí reproducimos el final:

He encontrado lo que con tanto esmero buscaba, amigo mío. Luego de tantos traspiés y tanto esfuerzo lo he conseguido. Quiero agradeceros vuestra compañía, ya que si ella jamás habría llegado a este lugar tan deseado. Si jamás os especifiqué el motivo de aquel tortuoso viaje, por favor disculpadme, es este un lugar que tan sólo puede ser alcanzado de esa manera. Por lo demás, no os preocupéis por mí, estaré bien aunque sé que jamás podré volver a disfrutar de vuestra compañía y os extrañaré por siempre. Ya no tengo tiempo para escribir más, disculpadme, querido amigo. Si aún curioseas sobre mi misterioso destino, sé que en una biblioteca en Toscana, hay un manuscrito firmando por un tal ibérico de nombre Adolfo Camacho, que en la lengua santa os explica todo este asunto. Espero que la encuentres y que Dios te Bendiga

[15]

1. Manuscrito encontrado cerca a Parma y publicado en italiano por Castiglioni Mariotti, en honor a los 400 años del viaje de Nemo en 1982.

2. Ahora, Tivoli, Lazio, según el análisis histórico y geográfico de J.H. Williamson en su libro Journeys of two lonely men, Oxford Publishing House, Londres, 1976.

3. J. Salvatore, en su ensayo Engaños de la palabra (Gredos, Madrid, 1988) cuestiona este texto por los grandes conocimientos que parece mostrar el ‘cura anónimo’.

4. y 5. Latín, según apuntan varios escolares como Rathmeier (Die Geschichte von niemandem), Merlisena (Studio fondamentale del XVI secolo), Mazuera (La elipsis de la historia) y como este humilde editor también considera.

6. Es el monasterio extinto de Vetralla, según las averiguaciones históricas de F. Kammer en Latium (Berlin, 1934)

7. Anónimo, Cronache di Vetralla p. 46-47 (Le Monnier, Roma, 1938) El nombre fue designado según las averiguacones de Kammer.

8. Este parece ser Martino Lasarte, como explicaremos en la nota 9.

9. Javier Gómez, experto teólogo español, afirma que la descripción de esta hermandad corresponde a los Martinianos, expulsados de Tierra Eclesiástica el 29 de Febrero de 1700, acusados de varias herejías. Hermandad fundada por Martino Lasarte en 1575, basaba su ideología en reservar los sentidos sólo para el Creador, pues sus miembros suponían que sólo él era el único emisor y receptor digno. Fueron expulsados bajo cargos de simonía y nicolaísmo. G.Gómez en ¡Viva Zapata! Y otras revoluciones, asegura que fueron expulsados por no pagarle impuestos al papado y desobedecer algunas órdenes.

10. Rossi, p. 438.

11. Mea Vita, publicado en italiano por Mondadori en 1987

12. Esposito, p. 511.

13. Relato inscrito en la colección Vita Sacrorum publicado por Loescher en Roma en 1995.

14. Rossi, p. 657.

15. Traducción de Berenguer Amenos del Latín original.

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Monday, 13 August 2007

Desvariables #1

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-Luke…
… ¿Me alcanzas la droga para el asma?

Sunday, 22 July 2007

Xyzzy

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El acertijo se resuelve mirando fijamente el pequeño haz de luz blanca que se distingue a la distancia. La luz, como verán el encrucijado y la encrucijada, guiará paso a paso el proceso de mover las fichas y relacionarlas entre sí. Al cambiar las piezas de lugar, el preocupado o la preocupada podrán ver si su elección ha sido correcta contemplando la mirada de la luz que lo acompaña. Si es fría y severa, su elección no ha sido la más certera; si es cálida y comprensiva, han dado un paso más por el buen camino.
Claro está, cualquier inteligencia humana podría resolver el acertijo sin siquiera notar la presencia de la luz acompañante. Con tan sólo observar, pensar y llegar a una conclusión lógica bastará. Quien prescinda de la ayuda, verá la luz blanca como una molestia en sus ojos, pero como estará concentrado en algo más, apenas será disturbado.
El humano o la humana que se atreva a parar frente a esta extraña puerta, entonces, tiene dos opciones, pero una de ellas siempre será más divertida y provechosa que la otra.

¿Cómo entrar a la caverna?

Friday, 20 July 2007

Mi mamá, la modernidá

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Hay tantas cosas que yo aprecio de haber nacido en esta época, que ya varios han osado a llamar “post-moderna”, porque no está acá, está post, más allá, está después; en este presente, el ahora no importa, sino que siempre se está pensando en cinco o veinte años al futuro. De esas cosas que tanto me gustan de estos días, tienen mención particular la televisión -extraño aparato cúbico mágico que convierte ondas en intensidades (al menos mi televisor que todavía es RGB) y nos da la ilusión de estar en algún lugar (que es, como es de esperarse, más allá)-; y los deportes -entendidos como juegos de guerra con reglas, instituciones y tradiciones bien delimitadas y establecidas que hace que perseguir un balón o tener una carta de un cierto color no sea sólo un juego de niños, sino que la gente de hecho ponga su vida e integridad en riesgo para ganar fama y gloria (y ¿por qué no? algo de dinero)- junto con las directas descendientes justas y competencias.
Por eso, uno de mis pasatiempos favoritos en los últimos días, además de volver y volver a las empolvadas páginas del siglo XIX y convertir el post en ante, ha sido ver competencias de Póquer por televisión. Es impresionantemente divertido todo lo que sucede en estas gestas. Siempre está el gordo texano, con su sombrero intimidante, que cree que se las sabe todas y que embaucaría hasta un comerciante de San Andresito, que lidera la mayor parte de la competencia, es el que elimina a todos los oponentes- menos uno- pero termina perdiendo contra ese uno suertudo que luego trataremos. Está el matemático estadístico, experto en probabilidades, pero que no sabe mantener una straight face y que, impresionado ante las falencias de la ciencia racional, es eliminado de primero. También encontramos al campesino bendecido por Hera que ni siquiera sabe sumar, pero logra mantenerse al menos hasta el tercer lugar, quizás porque todos (menos el texano, claro) le tienen lástima. Pasamos al tipo buena gente que no sabe cosa alguna sobre el juego, pero por ser tan buen tipo, nadie sabe si está bluffeando o sólo dándoselas de chistoso y eventualmente termina ganando grandes potes. Y, por supuesto, llegamos al más entretenido de todos, el tipo bruto que no sabe absolutamente nada de Póquer, que cada vez que le mandan dos cartas piensa que tiene un buen juego- aunque sean 2 y 7 de diferente color- y que cada vez que se acaba una mano y ve a algunos celebrando y a otros refunfuñando, se queda un segundo pensando para sus adentros: ¿¡Qué putas está pasando!? y dura, casi hasta el final, ya que desconcierta por completo a sus oponentes que sí saben qué están haciendo.
Más entretenido aún es el público, que se ubica en unas especies de gradas, a un lado de la mesa verde y exclama con cada carta que llega, con cada subida de la apuesta y con cada gesto que alcanza a distinguir en el lejano rostro de alguno de los competidores. No sé si haya una pantalla que les muestre las cartas que los jugadores tienen o si sólo vayan para ver la variedad de rostros que están en exposición en estos lugares, mientras se preguntan ¿¡Qué putas está pasando!? y tratan de adivinar o contar ellos mismos las lejanas cartas.
Pero bien, el público puede parecer secundario, pero no en una competencia de Serio como esta, en la que el más mínimo sonido, puede distraer al participante de su objetivo de mantener una sutil cara de “Me ganaste, carachas, me ganaste”. Así que yo sabía muy bien que tenía que cuidarme de los “uyy” y los “ahh” que escucharía y que cuando pensara “¿¡Qué putas está pasando!?“, tendría que ocultarlo a cualquier precio.

Jamás habrían pensado los nobles desocupados franceses a lo que llevaría su juego. Cámaras por todas partes. Una sobre mí, una en mis manos, una general, una que observaba mi rostro y quién sabe cuántas más.
Comenzamos a jugar y el dealer me da un juego bastante bueno. Un 2 y un 7, uno negro y uno rojo. ¿Qué tan seguido se obtiene algo tan improbable? Sonreí ligeramente, mientras el texano me miraba para tratar de descifrarme. “I’ll break you” me decía unos minutos antes del juego, a lo que yo le respondí “you’ll pay the hospital, then”, en un vacío cómico que no pareció agradarle.
Todos pasaban sus fichas de colores, mientras yo trataba de recordar qué denominación correspondía a qué color. Cuando llegó mi turno de apostar, no podía evitar pensar “¿¡Qué putas está pasando!?” ya que todos me miraban y hacían señas extrañas con las manos. Pero logré mantener la compostura y mandé dos monedas azules plásticas y dije “I’m in” con acento desafiante. El croupier puso tres cartas en la mesa y yo hice ademán de agarrar una, pero todos me miraron tan sorprendidos que pretendí que tan sólo bromeaba. Todos rieron nerviosos. El texano sonrió y susurró: “I just broke you”. Vi las cartas, tres, cuatro y cinco. ¿¡Qué putas está pasando!? No tenía la más mínima idea si eso me servía, pero cuando el matemático había apostado 2,76 veces la cantidad de dinero que había en la mesa y los demás se habían retirado, yo puse todo mi dinero en la mesa, pues había visto que normalmente cuando un jugador hacía eso, el otro se retiraba. Pero el matemático tenía una fórmula infalible y, como me diría después, sólo tenía un 4% de posibilidades de perder. Él también puso todo su dinero y el bendito señor éste que tenía nuestro destino en sus manos, puso otras dos cartas, un seis y un ocho. Según me dicen los entendidos, yo tenía una escalera y el matemático un par de ases. Al parecer había ganado y ya me había librado de un contrincante. Y una vez más comenzó el ruedo. Salían las cartas, comenzaban las miradas, las bromas falsas, la observación, el estudio. “¿¡Qué putas está pasando!?“, no pude evitar volver a pensar cuando un tipo al que el texano se refería como “hillbilly” me dijo que había comprado la posibilidad de ver mis cartas. Se las mostré y se escondió furiosamente entre sus brazos sollozando. Yo había vuelto a ganar y ahora éramos aún menos en la mesa. Y una vez más comenzaban las rondas, los tres que quedábamos subíamos y bajábamos nuestro dinero de a poco. Mis dos compañeros en particular luchaban fieramente por centavos en batallas a las que yo no me atrevía a entrar. Pero uno de ellos, el de gafas oscuras, no parecía inmutarse ante esta tensión. Sólo se movía cuando la mesera, muy agraciada ella, llegaba con más licor que el casino nos regalaba. Tenía los labios sellados en una extraña sonrisa que parecía inspirar confianza y parecía que las mujeres en el público lo apoyaban, pues sólo se escuchaban sus gritos cuando él ganaba.
Llegó un momento en el que el texano, el tipo fresco y yo quedamos peleando una jugada. El público gritaba, viendo cuánto dinero estaba en juego. Pero llegó el silencio cuando apareció la cuarta carta que no parecía favorecer a alguien. Y llegó el asombro cuando el texano se retiró. Nunca antes se había retirado tan entrado en el juego. Quedamos el hombre de los anteojos y yo. Luego me enteré que era un actor que quería triunfar en Hollywood y que quería practicar su cara de indiferencia en el torneo, además de ganar algo de dinero para pagar su arriendo. Pero yo necesitaba ese dinero a toda costa y actores en Hollywood hay más que suficientes. Así que jugé agresivamente y, de nuevo, estaba todo adentro, la lechona estaba en el horno. Él, hizo lo mismo sin inmutarse, aunque luego me diría que se quemaba de nervios por dentro. El repartidor lanzó la última carta. Mi rival hizo una cara de displicencia al ver la carta que había salido. Ambos mostramos lo que teníamos y él, por primera vez, se mostró afectado, se agarró la cabeza incrédulo y se paró afectado. El público y yo nos uníamos en un mismo sentir: la curiosidad por saber ¿¡Qué putas está pasando!?
Ya había despachado a alguien más y en mi camino sólo se encontraba el gordo texano que me sonreía maliciosamente, como esperando el momento de romperme. Jugamos varias manos y las ganamos intercaladamente. Nuestras riquezas, nuestras montañas de monedas subían y bajaban como las olas de la piscina del hotel, como la emoción del público que pasaba de alegría a preocupación en segundos. Y una vez más llegamos a un punto de inflexión. Tres cartas en la mesa, dos y dos más en cada mano. Yo estaba temblando, el público estaba callado, creo que algunos se mordían las uñas. Pero el texano seguía con su corta sonrisa. A veces hacía comentarios sexistas o xenofobos, o juntos, para distraerme y lo lograba. No sabía qué hacer y la desesperación se me notaba. Volví a mandar todo al horno, pues ya me había funcionado varias veces. El texano sonrió y comenzó a despedirse sintiéndose ganador. Y aparecieron dos cartas, un 10 y un As de picas. El público estalló en entusiasmo, el texano se quedó mirando incrédulo y yo tuve que preguntarme “¿¡Qué putas está pasando!?
Pero miré mis cartas, una J y una K de picas. Ordenadas bien, junto a las demás, había logrado una escalera real, una escalera de verdad.
Había ganado el gran premio. 50,000 dólares para gastar en jugo de maracuyá o cualquier ítem consumible de la edad post-moderna. No lo podía creer. Nadie lo podía creer. Y nadie estaba menos dispuesto a creer que el texano. Mientras la audiencia coreaba mi nombre y seguía entusiasmada por lo que acababa de ver, el texano sacó una pistola. Todos gritaron, se agacharon mientras se preguntaban “¿¡Qué putas está pasando!?” Y se escondieron como pudieron. Pero yo no me pude mover, el cañón, prolongado llegaba a mi pecho.
-Nobody cheats me- dijo el texano, mientras su dedo se acercaba peligrosamente al gatillo.
-Give me my prize- continuó, sin su sonrisa usual y con una cara que asustaba cada vez más.
-I haven’t done anything wrong- Le dije.
-Yes you did, you walked into this town, into this casino and you bumped into me- respondió él con una voz poco agradable.
Y disparó.
La bala me dio en el hombro y quedó ahí alojada un buen rato, mientras que los guardias de seguridad lograban atajarlo, detenerlo y desarmarlo.
Fui llevado al hospital de emergencia, donde mi brazo fue salvado. Pero como no tenía seguro en ese país, tenía una cuenta enorme sobre mis hombros. Como era un imigrante con visa de turista, no podía reclamar mi premio como ganador del torneo de Póquer. Afortunadamente llegó un representante del casino que, temeroso ante una demanda y mala publicidad, ofreció pagar mis gastos médicos.
Así que salí peor que antes, aún necesitaba conseguir ese dinero de alguna forma.

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Me encargaron cuidar estas tierras hace cinco años. Siempre han sido pasajes estrechos entre abundante y frondosa fauna los que me rodean. Pocos se han atrevido a venir, algunos lo han hecho por la extrañeza del lugar, otros por la rareza de mi situación. Pero todos han escapado tan pronto como han podido. Yo jamás he pensado en irme, tengo una misión y pretendo cumplirla. Cada mañana me levanto a las cinco, antes que aparezcan mis blancas compañeras habituales de largas charlas diurnas. Me lavo en el riachuelo cercano sin otra opción, pues la civilización jamás ha llegado aquí y, sin pudor, pues los únicos que me pueden observar siempre están en el mismo estado que yo en ese momento. Visto con orgullo mi uniforme, lo limpio, lo acomodo, reviso defectos y pequeñas molestias y hago lo que puedo para solucionarlos. Me presento ante la naturaleza y le muestro mi disciplina al vestir, mientras los animales que pasan se detienen un momento a observarme y siguen su camino algo curiosos, luego de tomarme revista. Luego, recorro decidido este vasto bosque inexplorado y olvidado. Reviso a todos los animales y a todas las plantas, los saludo por sus nombres y continúo mi camino, siempre atento, buscando alguna anomalía. Debo defender el único refugio de estas creaturas de cualquier pisada de hombres de mala intención. Reviso los ríos y los riachuelos, para cerciorarme que nada extraño esté ocurriendo, camino entre los árboles y me ancargo de las ramas rotas que traban las corrientes.
Jamás había encontrado algo inusual. Pero aquel día, mientras recorría el último tramo de mi bosque, descubrí algo extraño. Debajo de unas hojas secas por el calor de la temporada, note algo extraño, algo tan curioso, que no pude evitar indagar sobre su existencia. Era un objeto tan geométrico como no había visto en mucho tiempo. Un aparato rectangular con algo de profundidad. Se sentía innatural entre mis manos. Lo dejé caer más de una vez, pues no sabía bien cómo agarrarlo. Logré asirlo y lo llevé a mi guarida, donde noté sus varios botones y otros mandos variopintos. Jugué con ellos y obtuve sonidos extraños, sonidos que no eran naturales, chillidos demasiado audibles para ser de murciélago, lluvia demasiado concentrada para ser verdadera. Sus sonidos hicieron doler mis oídos, así que lo aparté y lo escondí, dejándome ir entre los susurros de la noche, preparándome para un nuevo día. Cuando llegué a mi guarida, luego de la siguiente revisión, no pude evitar pensar en el paralelepípedo, su misteriosa existencia me llamaba a gritos. Volví a jugar con él, esperando mejores resultados. Pero una vez más no obtuve más que dolorosos sonidos incategorizables. Lo volví a guardar y lo volví a encontrar en mis manos la noche siguiente, repitiendo este nuevo doloroso ritual infinitamente y convirtiéndolo en parte de mi rutina diaria. No pasó mucho tiempo para que necesitara su horripilante sonido para poder dormir.
Una noche decidí no escucharlo más. Su sonido me hacía mal, me distraía de las tareas diarias, me hacía desvelar pensando en su curiosa aparición y me quitaba tiempo precioso para ayudar a la naturaleza. Decidí llevarlo al día siguiente al lugar donde lo había encontrado y dejarlo descansar ahí, para que quien tuviera que descubrirlo, lo hiciera. Pero esa noche, ya dormido, escuché su sonido. Era una pesadilla, chirridos y aullidos se espantaban en mi mente, en mis oídos retumbaba el sonido y todo mi cuerpo se estremecía. Me levanté con el propósito de deshacerme del infernal aparato, pero, antes de tocarlo, escuché una voz que buscaba respuesta. Luego de la sorpresa, decidí responder. Sentí algo extraño, un escalofrío, quizás, cuando hablé con esta persona. Me decía que necesitaba con quien hablar y yo le dije que yo era ideal para oír. Así que la voz comenzó a hablar y yo a escucharla. Lo hacíamos todo el día, a todas horas. Llevaba el aparato conmigo en mis rondas, mientras oía cómo alguien me hablaba. Me contaba que se sentía en una prisión, entre muros inertes de personas indiferentes que jamás querían escuchar. Me preguntaba cómo era mi vida y yo le decía la verdad, le hablaba de los animales y las plantas, de los ríos y de los paisajes que recorría todos los días. Y al otro lado suspiraban, como deseando unirse a mi cruzada. Pero a mí me hablaba de una cantidad de maravillas modernas, de almacenamiento y transmisión de información, de aparatos que ayudarían mi ventura y de formas incontables de encontrar personas que me quisieran ayudar. Y yo suspiraba y deseaba conocerlas alguna vez. Cuando ya no oía al aparato, sentía una especie de vacío que antes jamás había experimentado. Esperaba con ansia el momento en el que alguien se escuchaba por allí. Me hablaba sobre todos los aparatos modernos, me explicaba como funcionaban, me decía quién los fabricaba y para qué servían.
Un día le pregunté sobre mi aparato, se lo describí como pude, sin los términos técnicos extraños que yo le había escuchado mencionar. Pero las descripciones no fueron necesarias, pues al otro lado había uno igual, según me enteré esa vez. Lo definió como un “radio-transmisor” y me explicó todo lo referente a él. Fueron muchas las cosas que no logré entender. Pero hubo una cosa que llamó mi atención y me dejó preocupado. Según lo que escuché, mi aparato funcionaba gracias a unas ‘baterías’ que de tanto en tanto habría que cambiar cada vez que se agotaran y que se encontrarían en la parte de atrás. No quise creerlo, pues no sabía dónde encontrar de esas ‘baterías’ y ¿si era verdad que se agotaban poco a poco y que yo jamás podría volver a escucar esa voz? ¿qué iba a hacer?
Yo le dije que mi aparato no funcionaba de tal manera, pues ya llevaba días usándolo y no se agotaba esta extraña fuente de energía. Pero como respuesta obtuve que ese era un típico comportamiento de las “pilas” que se dejan de usar por mucho tiempo y que pronto se acabarían.
Le comenté mis preocupaciones, le conté entristecido cómo temía tener que abandonar nuestras charlas y cómo, luego de acostumbrarme a su voz, me despavoría la idea de tener que olvidar su compañía. Me tranquilizó y me dio varios consejo para alargar la “vida” de estos seres mágicos que nos permitían comunicarnos.
Aún así, un día decidimos despedirnos. Por primera vez en mucho tiempo, lloré, las lagrimas se sentían ardiendo sobre mis mejillas y los sollozos por poco me ahogaban. Al otro lado trataban de calmarme, pero sabiendo que en cualquie momento llegaría el fin inesperadamente.
Seguimos hablando, normalmente, su voz se escuchaba igual que antes y nuestras charlas eran igual de sentidas, pero yo me preocupaba siempre por ese extraño elemento ‘electrónico’ que me había descrito.
Un día no aguante más, decidí revisar la parte de atrás y comprobar si me había dicho la verdad. Mi mano tembló cuando fui a alcanzar el aparato, estaba teniendo dudas sobre mi decisión. Pero cerré los ojos y procedí. Quité la tapa cómo me había enseñado y respiré profundamente preparándome para lo que vería.
Nada, era un hueco vacío, sin ‘baterías’ ni ‘conectores’. Nada.

Sunday, 15 July 2007

Asesino [Fast Death]

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Y me miraba, de lejos, una humareda salía de sus manos. Nos separaba una laguna roja y violenta de la más maloliente sangre. Pensé que se arrepentiría, que botaría el arma, que se hincaría para poder llorar. Pero me miró, convencido, fuerte, como si una nueva bala tuviese que descargar.
- ¿Qué te hemos hecho?- Le pregunté.
Me miró con desazón, con desagrado, como si no quisiera responder aquella horripilante pregunta.
¿Y qué le habíamoss hecho? lo mismo que los demás, todos cometimos el error de no creerle, de no segurile el juego, de -de hecho- pensar que él en realidad existía.
Él dio unos pasos atrás, aferró su arma y la apuntó hacía mi. Yo me vi desesperado, ansioso, dije la primera estupidez que se me ocurrió:
- ¿¡Qué vas a hacer animal!?
- Te mataré y acabaré con mi suplicio. Ya no tendré que pensar más, ya no tendré que correr más, ya no tendré que existir más.- Me respondió, mientras sus ojos comenzaban a brillar.
- ¿Así que eso es lo que quieres?- Interrumpí para aplazar mi enjuiciamiento- ¿Piensas desvanecerte, piensas esfumarte, piensas acaso que es posible desaparecer sin dejar rastro?
- Por supuesto que sí, te eliminaré, ya no pensarás más, ya no tendré que correr fatigado por tus castillos inhóspitos. ¡Seré libre al no existir más!
Y fue ahí que descargó y me volvió a atravesar. Callé pues ya no podía hablar más. El plomo me había silenciado.
Mientras mis últimas energías se desvanecían, logré mirarlo y ver cómo, poco a poco, se desvanecía. Sí, primero su pistola, luego su mano. Y él sonreía mientras su brazo desaparecía.
No lo pude ver más, pues ya no despertaría jamás.

Y muerto, lo olvidé y ya no hubo quién lo imaginara.






















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