Marina
- ¡Capitán, capitán!
- ¿Qué sucede?
- Se armó un hueco, se está filtrando agua, por allá, al lado de la cocina.
- ¿En la escotilla 2 o 3?
- Ehh… no sé, allá, como hacia al fogón 2 de la estufa.
- Ah ya, ¿Qué estamos haciendo para solucionarlo?
- Pues… le estamos preguntando a usted que hacer.
- Maldita sea Johnson ¿Por qué son tan inútiles?
- Eh.. pues…
- ¡Cállese maldita sea! Llame a la base y dígale a Smith que traiga su enorme trasero y cubra esa fisura.
- Voy señor Capitán.
- ¡Pero ya que ayer fue muy tarde!
En esas pues se encontraba la tripulación del Shark1, un carcomido submarino, ya en el tercer piso en cuanto a edad se refiere. Llevaba todo oxidado, hasta los cubiertos de la cocina y una desafortunada tripulación relegada a él después de varios respectivos errores -algunos casi mortales- en otras embarcaciones. El Capitán Berg debía soportar a esta tundra de inútiles por seis días y cinco noches en una misión espantosa “Misión: ¿El metal de nuestros submarinos aguanta más de treinta años?”, ya que un error suyo en el Whirlwind casi causa un impacto con un submarino ruso y en épocas aquellas, chocarse con los rusos no era nada bueno. “Un hijueputa grado…” repetía para sí mismo cada vez que se levantaba en su nuevo monstruo de metal y veía como sus hombres parecían más colegialos que militares. Trató más de una vez de hablar con el General Anderson para solucionar su situación, pero éste siempre le respondía con un odioso “Debería agradecer que no le cortamos el cuello, Berg”.
Smith llegó rápidamente, era un hombre grande de color, grande en serio, sin joder, bien grande, era el más fuerte de todos los hombres a bordo. Él había llegado hasta allí del Thunderbird hace no mucho, por asuntos de apuestas y peleas clandestinas.
- ¿Me necesita capitán?
- Sí Smith, vaya a la escotilla 2 y ciérrela, parece que los pescados quieren meterse a chismosear.
- Voy señor, no se preocupe.
- Bien.
Mientras tanto, Johnson llamaba a la base, nadie respondía, parecía que ya estaban muy lejos del continente. Parecía, pues la mayoría de los instrumentos no funcionaba hace una década y a cada destino se llegaba gracias a la buena suerte y el gran sentido de la orientación y del tiempo de Spade, es decir, de la increíble buena suerte que tenían aquellos 7 ineptos en ese pedacito de metal.
Ese James Spade hubiera sido un gran pintor, pero su padre lo obligó a integrar el ejército. “¡No me venga con esas babosadas de arte! Yo no le voy a pagar ninguna de esas perdederas de tiempo. ¿Y sabe qué? Si quiere ver un pedazo de su herencia, tienen que meterse a la marina al menos cinco años ¡Se necesita disciplina para manejar tanta plata!” fue lo último que le dijo el Señor Spade a su hijo antes de convertirse en enemigos. Y Spade detestaba ese sentimiento, pero no concebía la idea de no poder poner sus asquerosas manos en el botín familiar, aunque le pareciera desagradable como había sido obtenido “¡Usurai!” pensaba. Él vino del WaterForce 2500 HD, de donde salió por problemas -graves- de conducta, especialmente con sus superiores. Su eterno compañero en la vida militar, el imbécil de Johnson, decidió que no abandonaría a su amigo y lo siguió hasta el averno en stand-by en el que estaban.
- …Alfa-Bravo…- Escuchó Johnson por su radio.
- Alfa-Beta-Gamma-¿Delta?- se apresuró a responder.
- Aquí el HaterWaylle ¿Quién habla?
Johnson se alegró, era un barco en superficie que, según recordaba, tenía la costumbre de llevar buzos y naves de rescate.
- Aquí el Shark1, avisamos que tenemos una fisura… ehm, hacía un lado de la nave y pedimos que se alisten para cualquier contratiempo.
- Copiado Shark1, ¿Cuál es su posición exacta?
- No sé… ¡James! ¿Dónde estamos?
- No estoy seguro… probablemente pasando Tierra del Fuego- Respondió mientras miraba por una escotilla sentado en su catre.
- HaterWaylle, no tenemos instrumentos ¿Pueden rastrearnos?
- Copiado Shark1- Se despidió la voz mientras se acecaba al operador del radar del barco.
El Capitán, calmado como siempre, esperó mientras Smith trataba de arreglar la entrada de agua, ya estaban hasta los tobillos. Se sentó y comenzó a leer el mismo periódico que había leído todos los días de la misión y esperó, Los Giants aún habían ganado el Domingo… La situación empeoraba, ya se podía pescar comida del suelo. Berg se acercó a Smith, estaba con Fraser, el segundo más corpulento de la tripulación, nadie nunca supo que hacía él en ese aparato de mala muerte “Diferencias técnicas” se limitaba a aclarar. Ambos luchaban con todas sus fuerzas contra el líquido que golpeaba con extrema fuerza sus cuerpos, parecía que el hoyo se estuviera agrandando.
- ¡Capitán, no lo vamos a lograr!- Anunció Fraser.
Berg frunció el ceño un momento.
- ¡Johnson!- Exclamó el Capitán, sin perder su compostura- ¡Pida ayuda inmediata!.
- En el acto. Aquí Shark1, peligro inminente, la embarcación no resistirá mucho más, hay una reparación temporal, pero el agua se sigue filtrando, necesitamos ayuda inmediata.
- Momento- respondió la voz que se comenzaba a distorsionar, el agua había tocado el radio-
¡Ya los encontramos! Esperen, no podemos mandar a nadie, están muy profundo, vamos a buscar a alguien en el área para que corran a su socorro.
El capitán escuchó la respuesta y corrió alterado hacía Johnson.
- ¡Deme ese transmisor! ¿¡Con quién hablo!?
- Aquí el HaterWaylle.
- ¿El HaterWaylle? ¿¡EL HATERWAYLLE!?
- …Sí, señor
- ¡Ponga a Anderson!
- En un momento.- respondió el operador asustado.
- Aquí Anderson, ¿Qué sucede?
- General, necesitamos ayuda inminente, el submarino se inunda rápidamente, varios hombres de la Marina Nacional podrían morir en cuestión de minutos. TIENE que mandar las naves de rescate de su barco.
- Ah Berg, lo supuse.
- General, no es hora de esto, varios de sus hombres, de los hijos de la patria necesitan ayuda.
- Sabe usted muy bien Berg que esas naves solo se desprenden para ayudar a submarinos grandes, el precio de uso es demasiado grande para utilizarlas en éste momento, no podemos hacer nada por uno tan pequeño como el suyo. Ya estamos llamando a otras embarcaciones que están por la zona. ¿Cuáles son sus coordenadas?
- ¿Olvida señor que está chatarra no tiene instrumentos?
- Cierto, ya los busco en el radar…. Parece que están debajo nuestro… El Aquila está a media hora de ustedes.
- Señor, treinta minutos es demasiado ¡Mande esas naves!
- Me es imposible, necesitaría aprobación del Senado.
- Pero General… Vamos a morir…- Dijo Berg, mientras por primera vez en su vida sentía miedo, de ese que atraviesa el pecho, sacude los huesos, hace tremular, aplasta el corazón, aprieta la garganta y paraliza el cerebro- Vamos a morir…
- En ese caso… - respondió friamente el general- Agradezca Berg, agradezca…

















