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el rinconcito de POL

Wednesday, 22 February 2006

Pioggia

Enclochado en: Uncategorized

La lluvia caía por el embarrado monte capuchino sin cesar y el soldado Soto perdía progresivamente su energía espléndida, su vitalidad infinita y su ímpetu por seguir luchando. El resto del batallón lo había abandonado, lo daban por muerto, habían regresado rápidamente a su refugio con el temor encendido e impregnado de que el enemigo contraatacara, aniquilando sus sueños y sus débiles y cansadas almas. La batalla había sido larga y ardua, varios cuerpos perdieron su fuego resplandeciente bajo el humo confuso de la nublada situación. Incontables padres, madres, hijos y esposas habían perdido a una de sus almas hermanas, todas estas estaban en el suelo, ya sin respirar, hundidos en un mar carmesí, destrozados por el codicioso y vil cuarto color. Esta vez los rojinegros habían vencido y el pobre blanco soldado Soto sentía esa derrota por todo su cuerpo. Sentía hematomas púrpuras, sentía equimosis del tono oscuro de la noche, moretones que quemaban tanto como un fuego azul, desgarros en los que sentía todo el verde de las montañas recorridas sin descanso, ráfagas amarillas blanquecinas de balas que habían producido cicatrices y rasguños dolorosos como el vinotinto que derramaba su cuerpo.
Mientras Soto utilizaba toda su reducida energía, luchando por mantener sus ojos abiertos, el aguacero incrementó su intensidad, como queriendo de una vez por todas borrar este campo de batalla de tantos cuerpos incoloros. Cada gota que terminaba impactando contra la humanidad de nuestro desdichado soldado se sentía como una tortura milenaria, como un castigo por haber entrado a esta guerra sin sentido, o mejor dicho, para no rebozar en la redundancia, a esta guerra. Nuestro armado derrotado sentía ganas infinitas de gritar y pedir por salvación, pero sabía que no podía desperdiciar ni una gota de esa reducida y bien medida energía que le restaba, tenía que resistir entre ese desolado campo de muerte y muertos a que alguien viniera a su socorro.
De repente, la tierra marrón, converitda en una masa casi negra de lodo y barro comenzó a elevarse al ritmo de la intensidad del agua vertida del cielo. Se comenzó a configurar una extraña figura notable por su verticalidad al lado del cuerpo del triste luchador. Se fue formando una torre que comenzó a solidificarse, adquiriendo una textura marfileña y delicada, limpiándose misteriosamente de cualquier exceso de tierra. La torre fue obteniendo una forma humana, colorándose de blanco y azul claro, resplandeciendo ante los ojos del débil Soto y reportándole esperanza. Finalmente se forjó una hermosa figura femenina, fulgurante como todas ellas, la cual se agachó y estiró su mano para suavemente acariciar el cráneo abatido de nuetro protagonista. Soto la reconoció inmediatamente, era su mujer, esa a quien le había prometido regalarle un continente entero, esa por quien supo vivir otra vez, esa a quien decía amar, esa a quien abandonó sin pensarlo dos veces para poder “defender sus convicciones”. Ella se acercó más y cubrió con su aura seca y difractada el abrumado cuerpo de su querido y, pronunciándose con voz leve, le preguntó:
- ¿Qué haces aquí?
El soldado encontró repentinamente la fuerza, pues ante tal ángel aparecido no podía haber sido menos, con la energía renovada logró responder:
- Defiendo mis… nuestros colores.
- ¿De quién?
- De aquellos que quieren desteñirlos, que pretenden deshonrarlos y eliminarlos
- ¿De qué hablas?- insistió aquella figura serafínica.
- De aquellos que… que pretenden destrozarnos.
- ¿Y no te has destrozado tú solo, no es acaso tu sed de venganza la que siempre te ha herido?
- ¡No es verdad!- Gritó Soto, quedando una vez más tendido en el suelo sin poder gesticular y percorrido por el intenso dolor.
- ¿Qué es lo que pretendes de este derroche excesivo de plomo?
- Tan solo… tan solo… liberarme… liberarnos…
- El enemigo eres tú, tú mismo te oprimes, tú eres el que esclavizas, tú eres el villano que acaba con pobres vidas de personas sin opciones, tú eres el que contribuyes a la infinita masacre a la que estamos condenados con tu frío y tan caliente metal. Tú alimentas nuestros autóctonos ríos de sangre y te crees un héroe, te crees un redentor y, redentores querido mío, jamás han existido, solo embusteros o desquiciados, como tú.Tú has quitado almas, por corruptas que sean, lo has hecho, has arrebatado hijos, has dejado huérfanos y has creado viudas, tal como alguien lo ha hecho conmigo, hace unos instantes. Si has de liberarte de alguien, es de ti mismo y de tu irracional espíritu destructivo.- Pronunció grandilocuentemente aquella imagen de la sabiduría.
- ¿Qué locuras dices?- Respondió impactado el soldado Soto.
Sin reparar en esta pregunta, la hermosa visión continuó:
- Te perdono, te perdono, no te preocupes, las madres, los padres y los hijos te perdonarán, tal como yo ya he perdonado a ese escarlatanocturno que te ha hecho esto, pues no hay otra forma de acabar con esta miseria voladora, violadora y aterradora, hay que perdonar, tenemos que juntarnos todos como un solo pueblo, dispuesto a perdonar, aunque, ajmás olvidar.
Ahora, te invito a un mundo anaranjado, donde los árboles crecen alto, pero no tanto y sus frutas saben a todos los colores; donde las verdes verduras también son de rojo intenso y amarillo esperanzador; donde las aguas se extienden infinitamente encontrando el violeta con el azul más intenso, donde el gris desaparece y el negro de la noche es el más hermoso, fundido con el resplandor de las candelas misteriosas inofensivas; donde nadie lleva colores en el pecho ni en el puño y todos son una mezcla brillante mostrando el blanco más puro.
El soldado Soto se quedó inerte ante esta intervención y antes que pudiera reaccionar, la hermosa mujer continuó:
- ¿Me acompañarías a este mágico lugar?
En ese momento, el Soldado comprendió todo, decidió cerrar sus cansados ojos, se acomodo y se dijo: «espero que cuando me veas inmóvil, me sepas perdonar».
Suspiró…
La hermosa imagen sonrío, un resplandeciente rosado apareció en su ya brillante tez, mientras que miles de seres voladores aparecieron a su alrededor y comenzaron a tejerle alas tan pulcras como el cielo despejado. Soto comenzó a sentir un grave dolor en su espalda, pero pronto se enteró que los seres voladores también le otorgaban alas, puras como todo un arcoiris reunido. Pronto ambos comenzaron a volar sublimemente, escapando del mar rojo coagulado en el que se quedaba el cuerpo del soldado y se fueron perdiendo hacia la luna, para finalmente poder desaparecer definitivamente entre el reino inexistente de la aponía.

5 Comments »

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  1. Muy lindo Pol, como todo lo que he leído de ti, así a ratos sea belleza rara, pero en cuanto a este post es belleza clásica y sabiduría mezclada.
    Ahora una preguntica: ¿yo puedo ser colaboradora en el fotoparche?, si es así cuéntame qué debo hacer.
    Ah y leer este post con Sade cantando Jezebel al fondo fue más lindo aún.

    Comment por elmundoylafuerza — Wednesday, 22 February 2006 @ 9:41 PM

  2. Me gustó mucho este post Pol. Frases que te dejan reflexionando…frases llenas de verdad.

    Comment por Adriana — Thursday, 23 February 2006 @ 2:48 AM

  3. La reunión de representantes de la COFOL II se hará el día de mañana. El sitio de encuentro ha cambiado, para mayor información visitar la página oficial de la Copa.

    Comment por Evil Atari — Friday, 24 February 2006 @ 7:17 PM

  4. Me gustó, pero me gustó mas el anterior. Un Abrazo

    Comment por Laurita — Saturday, 25 February 2006 @ 7:13 PM

  5. No, yo me quedo con este, por encima de todos los que he leído. Aunque no me gustó que el guerrero haya sido perdonado de sus pecados…

    Suerte y pulso

    Comment por Mr Brightside — Tuesday, 28 February 2006 @ 7:48 PM

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