¿196? Años de ¿independencia?
Sobre lo que ocurrió la mañana del 20 de Julio de 1810, hay muchas versiones. Yo me apego a la siguiente:
Napoleón Bonaparte, una figura de idolatración en este blog, impuso su poder sobre España, logrando así que la corona de dicho país recayera sobre su hermano José Bonaparte (quien era popularmente conocido como “Pepe Botellas”, debido a su jovial inclinación a las botellas de jerez, vino y similares). Los americanos entonces vieron una oportunidad para aprovechar la debilidad de la corona española. Algunos patriotas nacieron, queriendo acabar con la vil, dictatorial, corrupta y autoritaria ley española, para seguir el sueño romántico de un país democrático, igualitario, fraternal y, más que nada, libre. La mayoría de patriotas, sin embargo, simplemente querían imponer su propia ley vil, dictatorial, corrupta y autoritara. Aprovechando insurrecciones como la de Quito y México, algunos santafereños tenían planes para llevar a cabo la misión patriótica. La locura reventó en plena plaza de mercado de la ciudad americana de Santafé, capital del virreino español de La Nueva Granada. Los hermanos criollos (hijos de españoles nacidos en América) Francisco y Antonio Morales entraron temprano a la tienda del español José (Don Pepe) González de Llorente, que se ubicaba cerca a la plaza de mercado, para pedir un caro florero en préstamo, adecuado para adornar una celebración en casa de Don Luis de Rubio esa noche. Don Pepe era un pobre tendero y, evidentemente, no podía prestar sin mayor garantía una de las piezas más valiosas de su mercancia. Ante la negativa del señor González de Llorente, los hermanos Morales aprovecharon para salir a la calle y vociferar que Don Pepe les había tratado como ciudadanos de segunda por el simple hecho de ser americanos. De si Llorente de hecho era xenofobo o no, nunca tendremos real noticia, y no es de extrañarse esta falta de información, todos los registros son extremistas republicanos o monárquicos. Lo que sí podemos afirmar es que toda la plaza estalló en ira, reclamando la cabeza del tendero y, para protegerlo de la subsecuente linchada, Llorente fue arrestado y puesto a salvo en la cárcel. Detrás de toda esta locura, estaban grandes genios de la patria como Francisco José de Caldas, José María Carbonell, Joaquín Camacho, José Acevedo y Gómez y Sinforoso Mutis. Luego- no entraremos en detalles, pues no me da la gana- el pueblo siguió pidiendo cabezas, como la del Oidor y la del Virrey. El Oidor fue puesto bajo arresto para proteger su integridad, mientras que al Virrey le esperaba un futuro aun más extraño. Por la tarde, los patriotas reunieron al pueblo en la plaza y prosiguieron la “elección” de una Junta Administrativa que ejercería como nuevo gobierno y que representaría “los interes del pueblo de Nueva Granada”. Acevedo y Gómez fue quien dirigió esta repentina y súbita elección. Mientras el “tribuno del pueblo” le preguntaba al pueblo quiénes deberían ser sus representantes, algún compañero entre la multitud vociferaba el nombre de alguno de sus amigos patriotas. Las multitudes se conocen por ’seguir la corriente’ y fue así que se gritaron los nombres de Caldas, Carbonell, Camacho, Mutis y Acevedo y Gómez. Para el final, los patriotas dejaron una sorpresa: Como presidente de la Junta, se designó s “su excelencia” el Señor Virrey de La Nueva Granada. Esto desconcertó y enfureció al pueblo. Pero, como mis compatriotas comprenderán, aquí el pueblo nunca ha importado, el Señor Virrey fue elegido presidente de la Junta Administrativa. Claro que eso rápidamente se mostró contraproducente, 11 días después el Virrey fue arrestado, dejando a cargo del virreinato, un gobierno que nadie comprendía y del cual, pocos fuera de Santafé tenían noticia.
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