Entrevistando (Vociferando)
La Revista Pegatina ha conseguido en exclusiva, una anhelada entrevista con el promisorio y prominente escritor de la nueva ola menefreghista, que muy amablemente nos ha concedido una porción de su preciado tiempo. El doctísimo Pablo Medina nos concede aturdido desde su cama y sorprendido por los reflectores que súbitamente aparecieron en sus aposentos:
Revista Pegatina: Un puesto soñado.
Pablo Medina: Una silla cerca a la puerta del TransMilenio.
RP: Lo que más admira del presidente Uribe.
PM: ¿Y a ese por qué tendría que admirarlo?.
RP: Una pesadilla.
PM: Que un montón de periodistas se aparezcan así como así en mi cama y comiencen a hacer preguntas sin sentido.
RP: ¿Qué deuda tiene pendiente?
PM: ¿Por qué me mira así? ¿Le debo algo?
RP: ¿Cuál ha sido su mayor logro?
PM: Una vez saqué un 10 en el colegio.
RP: Un reto.
PM: Dele 15 vueltas a la cuadra y luego haga 50 abdominales, 100 dorsales y 30 flexiones de brazo en 10 minutos. ¿Se le mide?
RP: Una meta.
PM: La de Tocancipá, supongo, no conozco más
RP: ¿A qué huele el dinero?
PM: Desagradable, muy desagradablemente delicioso.
RP: Si fuera invisible, ¿a dónde le gustaría entrar?
PM: Yo ya soy invisible, solo que tengo puesto mi chingue de “visibilidad”, solo por eso me tengo que aguantar esta tortura de entrevista.
RP: ¿Dónde está Dios?
PM: ¿Dios? ¿Quién es ese man? No sé, no lo conozco, lo lamento. Trate llamarlo al celular, si tiene su número.
RP: ¿Qué le queda chiquito?
PM: Los pantalones viejos
RP: ¿Qué le queda grande?
PM: Mmm, la camisa con la que duermo, quizás.
RP: ¿Qué le quita el sueño?
PM: Absolutamente nada, tengo el problema exactamente opuesto al insomnio. Y no me parece justo tratarlo de “problema”.
RP: ¿Qué le falta a Colombia?
PM: Cosas que sobren
RP: ¿Y qué le sobra?
PM: Cosas que faltan.
RP: ¿Con qué personaje histórico se identifica?
PM: Un megalómano como Napoleón, con lo piromaníaco de Nerón y la competencia de Calígula y Claudio combinadas.
RP: ¿Cuál sería su última voluntad?
PM: Cuando me muera, le comento.
RP: ¿Cuándo miente?
PM: Todo el tiempo, toda esta entrevista es una vulgar mentira, y de hecho, esta respuesta que estoy dando es la mentira más grande que se me haya ocurrido decir.
RP: ¿De dónde son los ladrones?
PM: ¿Yo que voy a saber? ¿Acaso me cree ladrón?
RP: ¿De qué puesto lo han echado?
PM: La mañana de ayer cargaba yo dos grandes maletas verdes, junto con una pequeña negra con flores rosadas. Me senté en la sala de espera y una señora de grandes posaderas- que intuyo por alguna razón, era brasileña- me echó de mi puesto sin vacilar.
RP: La peor plaga de la humanidad.
PM: Estos periodistas que no tienen nada interesante que preguntar.
RP: Una misión imposible.
PM: No, no me gusta ninguna de las tres.
RP: ¿A quién le gustaría ver en la Presidencia?
PM: A una cabra lechera.
RP: ¿Cómo combate el estrés?
PM: ¿Cuántas hijuemadres veces tendré que repetirle, señor periodista del demonio, que yo no tengo estrés? ¡CARAJO!
RP: ¿A quién le tiene miedo?
PM: A Pablo Medina, ese tipo está demasiado loco, a veces me parece que confabula contra mi.
RP: ¿Y quién le tiene miedo a usted?
PM: Intuyo que usted.
RP: ¿Cuál ha sido su mayor oso?
PM: Yo no cazo, es demasiado problemático.
RP: ¿Quién lo manda a usted?
PM: POL es mi amo.
RP: La última vez que lo tumbaron.
PM: Pues la señora brasileña de ayer que le comento, me tumbó del asiento. Berrionda ella.
RP: ¿Qué derecho defiende con uñas y dientes?
PM: La libertad de expresión, aun si algunos abusan horriblemente de ella.
RP: Su mayor gesto de ternura.
PM: Mis requiebros, supongo. O no sé cómo entienda usted “ternura”
RP: ¿El error más grande que ha cometido?
PM: Despertarme esta mañana.
RP: ¿Lo más injusto que le han hecho
en la vida?
PM: No hay quejas, pago lo que debo. Y tomo chocolate.
RP: ¿Qué es lo más frustrante de su trabajo?
PM: Solo los periodistas.
RP: Lo que menos le gusta del Presidente.
PM: Que sea presidente.
Y así, y con una orden de resticción concluyó nuestra entrevista, que esperamos sea de gran utilidad para el futuro de la literatura.



