Una biografía
Hoy, 30 de Agosto, del año en curso 2023, muero por fin. En la ciudad que tanto mal me vio hacer, por fin tengo el privilegio de decir adiós. En esta cama ensangrentada, me veo en la laboriosa tarea de escribir mis primeras palabras, dejar los contratos meramente verbales y escribir para que el olvido siga su cauce. Ensucié todo, derramándome en horrible líquido vinotinto, dejando una estera de dolorosos recurdos que secaron pronto. Vine desválido desde la calle, aguantando el dolor para no gritar y no alarmar a nadie, sollozando en silencio, aullando por dentro. Mi verdugo escapó sobrador, orgulloso de su labor, sin siquiera cerciorarse de su éxito. Cerca a mi hombro izquierdo, ingresó ayer, una bala calibre .35. El tonto lacayo me disparó una sola vez, creyendo que había alcanzado mi putrefacto corazón. Me había estado esperando en las sombras por dos horas, carcomiéndose, calculando cada movimiento de su dedo índice. Yo lo noté el primer día de su acecho, pero nunca lo creí capaz de accionar el gatillo. Me había estado siguiendo desde hace dos semanas, observando atento, consumado en su deber, devoto a su pasión de asesino. Seguía al pie de la letra las órdenes de Gómez, un antiguo enemigo que nunca aprendió a olvidar. Jaime Gómez es su nombre, vende droga a Europa, trafica con blancas y con morenas, deseó mi muerte desde la primera vez que nos vimos. Causó grandes tragedias, la alta sociedad le repudia y los demás lo odian. Ni siquiera su propia prole puede sentir afecto por él. Destruyó un edificio colmado de gente que se encontraba en tiempo de relajación. Escapé milagrosamente, encontré un refugio bajo un camión abastecedor que por suerte había llegado al famoso club. En su último intento fallido de acabar con mi existencia, me acorraló en el parqueadero del edificio de antiguos ladrillos y activó una bomba casi sobre mi cabeza. Él me despreciaba infinitamente, nunca pudo aprender a perdonar, yo al fin de cuentas, lo logré después de mucho esfuerzo. Meses atrás yo me encontraba con mi cañón junto a su sien, con su vida en mis manos y jamás disparé. Un año antes, se había formado mi ira contra él. Llegué a casa y encontré tan solo los cadáveres de mi esposa y los restos indiferenciables de mis hijos. Los hombres de Gómez los habían cercenado, luego de asesinarlos brutalmente. Habían forzado la entrada con modernos arietes de plomo minúsculo. Todo- los materiales, los instrumentos, las órdenes- lo habían obtenido del bastardo de su patrón. Gómez quería venganza. Sus hombres esperaron diez minutos hasta que yo saliera por negocios, para entrar por fin. Salí apresurado esa mañana, una gran inversión se tambaleaba, un trato con un nigeriano peligraba, había visto una imperfección en los diamantes. Él no quería entender la índole de nuestro comercio, se rehusaba a creer esa infatua situación. Temoroso, de ser descubierto, había decidido retirarse del infausto proceder. Namuba había aceptado comprarnos las piedras, aun cuando un mes antes de mi tragedia familiar, le habíamos comentado que no eran diamantes reales. Fue por esa época que atracamos en República Dominicana en un barco robado lleno de oro blanco y semi-transparente. Mis hombres y yo nos fuimos de polizones en un barco cocalero, le cambiamos el rumbo cuarenta y cinco grados luego de asesinar o inmovilizar a toda la tirpulación. El barco pertenecía al entonces desocnocido Gómez. Tuvimos suerte entonces, en cierta medida. No teníamos más remedio para recuperar lo perdido que ir a Puerto Colombia y embarcarnos, como viles piratas, en la primera embarcación interesante que divisáramos. Habíamos quedado vacíos cuando el gobierno arrasó con nuestras plantaciones en el Guaviare y dañço nuestro negocio. Fue orden directa del senador Cáceres, me perseguía desde hace cinco años, se entrometía en mis negocios desde que un primo suyo fue a la cárcel en mi reemplazo por un típico error de nuestra corte. En el juicio, el primo apenas aparecía como testigo, pero yo tenía mejores abogados y logré que lo condenaran por tráfico de drogas y asesinato. El primo me había visto una sola vez, cuando disfrutábamos nuestras ganancias en Villa Florencia, él estaba recogido y asustado ante la exagerada exposición a la mis amigos y yo estábamos acostumbrados. Había llegado como el hermano de una de las novias favoritas de Sánchez. Y cualquiera que recibera la aprobación de Sánchez, tenía la mía. Llegué al estatus de Sánchez a mis 25 años y a él no pareció molestarle, es más, se mostró complacido. Yo había ido escalando posiciones, gracias a mi ingenio y a mi gran habilidad para traicionar. Diez años atrás, cuando yo estaba por la calle sin un centavo, Sánchez confío en mi potencial y me regaló una pistola y un puesto, ser su protector. Antes había deambulado por días, o quizás años, gastando lo poco que ganaba trabajando en restaurantes de media estrella, en casinos, en polvo, en desagradables puteaderos. Hace veinte años que no hablo con mis padres, desde que ellos me comenzaron a negar el ingreso a su casa. Yo escogí el camino de la vida fácil y barata, rechacé mi oportunidad de ir a la universidad, aun habiendo obtenido los primeros puestos en mi colegio. Yo, antes de convertirme en el criminal que soy y que hoy desaparece, fui por quince cortos años un estudiante modelo, un hijo predilecto, una persona que no mataba una mosca. Pero hoy no puedo hacer más que retorcerme de dolor y, con mis últimas fuerzas que por fin se desvanecen, escribir estas dolorosas palabras resumiendo todo mi ser que debe ser olvidado, olvidando a mi displiciente padre, el Señor Rosas y olvidando a su desgraciada señora Martínez de Rosas, que un desdichado día de intensa lluvia de la Sábana me hizo ver la asquerosa luz adornada de explosiones, hace unos cuarenta años o quizás más.




Self-portrait?
Espero que no.
Comment por Diego — Tuesday, 5 September 2006 @ 7:42 AM
Que bueno se lee esto!!!
]:)
Comment por Nené Atómico — Tuesday, 12 September 2006 @ 7:20 PM