El Manuscrito de Livorno
En el manuscrito de Livorno, se conoce la historia del Abad Nemo y sus peripecias por el centro de Italia. A continuación, la trascripción al italiano y, más abajo, la traducción al español, complementado por notas y comentarios de Adolfo Camacho.
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Dicen los registros locales que el Abad Nemo cruzó por la temida puerta el 13 de Octubre de 1582. Documento tras documento encontramos registrada su visita. En las crónicas del padre Rossi [1] se relata detalladamente el viaje por la frontera del Estado de la Iglesia, pues al parecer, ambos fueron compañeros de aventura; descubrimos también su trayecto a través de la Italia septentrional, a través de varias constancias consumadas en los varios monasterios visitados por el par de religiosos; mientras que un monje anónimo del monasterio de Viterbo nos da cuenta de su arribo a la región, de esta manera:
[7]Cruzaron por la frontera norte, llegando por el camino que viene de Milán y cruza por Villa Santangelo [2]. Venían montados sobre dos mulas que denotaban cansancio por el largo viaje. La mula de Nemo era un poco más alta de la de Rossi, que según me enteré más tardes, estos eran sus nombres. Por lo que alcancé a calcular con mis insuficientes dotes de humano, al divisarlos por primera vez, diría que las patas más largas eran unos tres medios de las más cortas [3]. El mismo Nemo era más alto que su compañero, por lo que la escena de dos camaradas tan disímiles arribando, unidos tan sólo por usar el hábito divino y sacro como uniforme, atrajo la atención del tranquilo pueblo que en poco tiempo estaba casi en su totalidad volcado junto al camino que veía llegar a los extraños visitantes. Ellos permanecieron un buen tiempo contemplando a sus observadores sin saber bien qué hacer, pues no sabían si su dialecto se entendía en aquestas tierras tan lejanas y dudaban de que el pueblo pudiera comprender la lingua franca [4] con la que venían. Así que ante el gran ajetreo de los comunes, tuve que interrumpir mis rezos a Dios, para poder intervenir en la compleja situación. Cuando llegué a su encuentro, me dirigí a ellos usando la lengua del Señor [5], sabiendo que los dos aventureros, versados en la verdad de la divinidad, me podrían comprender. Ellos me pidieron un lugar para descansar por la noche y para alimentarse, además de alimentar a sus pobres bestias demacradas. Como buen cristiano, bajo la gracia de Nuestro Señor Todopoderoso, les ofrecí posada en este humilde monasterio [6] que dirijo, desde el cual escribo ahora estas líneas y en el que restaron por dos días con sus noches, para seguir luego con su viaje.
La estadía en este desaparecido monasterio, es resumida brevemente por el padre Rossi en sus ya mencionadas crónicas, en lo escrito bajo la fecha de 9 de Octubre de 1582:
[10]Entramos esta tarde al monasterio de Vetralla luego de un arduo viaje de varios días y con poco reposo. El padre superior –de quien no hemos podido averiguar el nombre, pues insiste en ser nuestro benefactor anónimo [8] –nos ha aceptado durante unos días entre su comunidad religiosa. No hemos podido averiguar o indagar con la justicia de la palabra sobre la misión que sigan o la hermandad a la que pertenezcan estos nobles hombres seguidores de la luz divina, pues al parecer, todos están sometidos a un férreo voto de silencio y sólo reservan sus voces para alabar a Dios, como lo hemos podido comprobar por entre las paredes durante esta noche [9]. Ante la imposibilidad de comunicarnos con nuestros nuevos conocidos, ha hablado con Nemo y he tratado de averiguar las razones de su viaje y su extraño destino. Él, sin embargo, se mantiene reacio a responder sobre estas preguntas y nuestras conversaciones se han limitado a discusiones teológicas y a compartir pasajes de la biblia, en lo cual la memoria de mi compañero está iluminada.
Sé que no debería dejarme llevar por la tentación de la curiosidad y que debería volver a mi lejana celda para continuar con mis deberes sacros. Pero la extraña conducta de Nemo me preocupa y me consterna que quizás necesite a alguien para extraerle el demonio, una vez llegue a su destino.
Si mañana clarea, partiremos juntos, si no, partiremos al día siguiente.
La extraña pareja que se acompaña en este misterioso viaje parece explicarse en otro manuscrito, el de Lucca, del padre Esposito [11], cuando dice:
[12]Esta mañana, del día 8 de Octubre de 1582 después de la llegada de Nuestro Señor Jesucristo, han pasado por esta humilde residencia dos viajeros, dos religiosos en busca de la verdad del señor y de difundir su mensaje sagrado. Uno, mucho más alto que el otro, luego de recordarme varios pasajes del libro santo que se me hicieron deliciosos y me conmovieron en lo más hondo de mi alma, dijo que debía andar en una búsqueda espiritual y que tendría que llegar a un lugar que yo jamás había escuchado nombrar, pero que él me explicó quedaba cerca de Roma.
Sin embargo, las largas jornadas que ha hecho el Abad Nemo para llegar a su destino, aún no parecen tener un significado, un motivo, ni una razón, más allá de esta búsqueda espiritual. ¿Por qué tendría que acudir precisamente a este oscuro lugar en alguna parte de la gran Roma? Es una pregunta que muchos historiadores y demás estudiosos han tratado de resolver durante los años. Mientras nos acercamos más a la sede del papado, las evidencias históricas son más efímeras y escasas, sólo podemos reportar aquí, concerniente a este asunto, un extracto de las memorias de un sacristán de la iglesia de San Pietro in Vincoli:
[13]Hoy, 13 de Octubre de 1582, los curiosos viajeros de los que todo el Latium y todo el dominio de su Santidad, Gregorio, ha tenido noticia últimamente, pasaron por aquí. Una pequeña multitud se ha formado alrededor de ellos, atraídos por su fama y las historias que las matronas ya han logrado inventar. Les piden milagros y curaciones. Algunos piden buenas cosechas, otros piden la salud de sus hijos o la llegada de otros más, para poder laborar los campos, algunos otros tan sólo quieren tocarlos, para así congraciarse con el Altísimo. Se ha generado una larga discusión sobre cuál de los dos es el más santo y cuál bendición es el camino más seguro al cielo. Mientras que el hombre bajo bendice a todos los que encuentra, el más alto apenas percibe su presencia, parece concentrado en algo más. Yo los vi, hoy mismo y lo juraría ante Dios si no me conllevara esto la perdición eterna. Entre el ruido de la gente amontonada, el más alto alzó un poco más su cabeza para ver a lo lejos. Al capturar algo su atención, se bajó de su pobre mula, a punto de caer al suelo desnutrida, y abriéndose paso sin mucha consideración entre el público, decidió salir a correr, detrás de lo que todos asumimos, fue una aparición divina. Cruzó por el marco recién levantado de una nueva iglesia cuya construcción apenas comienza y se perdió entre los caminos y luego entre los árboles. Es esta la hora que nadie tiene noticia de él.
Ni siquiera su compañero de viaje supo de él por un buen rato. En sus memorias, Rossi comenta:
[14]Hace unos días acabé mi periplo junto a mi compañero, el Abad Nemo. Como algunos ya sabrán, pues quizás ha quedado esto constando en los registros históricos, mi buen aleado fue poseído por el demonio y desapareció corriendo sin rumbo fijo. Traté de detenerlo y extraer de él la maldad que el demonio le había insertado, pero mis piernas fueron muy cortas y ahora él quizás viva entre los Belcebús. Dios se apiade de su alma
Sin embargo, hace muy poco, el Doctor P. Adorno, ha descubierto un hallazgo que podría poner fin por fin a esta intrincada historia. Encuentra una larga carta del Abad Nemo dirigida al padre Rossi, con fecha 14 de Octubre de 1582, de la cual aquí reproducimos el final:
[15]He encontrado lo que con tanto esmero buscaba, amigo mío. Luego de tantos traspiés y tanto esfuerzo lo he conseguido. Quiero agradeceros vuestra compañía, ya que si ella jamás habría llegado a este lugar tan deseado. Si jamás os especifiqué el motivo de aquel tortuoso viaje, por favor disculpadme, es este un lugar que tan sólo puede ser alcanzado de esa manera. Por lo demás, no os preocupéis por mí, estaré bien aunque sé que jamás podré volver a disfrutar de vuestra compañía y os extrañaré por siempre. Ya no tengo tiempo para escribir más, disculpadme, querido amigo. Si aún curioseas sobre mi misterioso destino, sé que en una biblioteca en Toscana, hay un manuscrito firmando por un tal ibérico de nombre Adolfo Camacho, que en la lengua santa os explica todo este asunto. Espero que la encuentres y que Dios te Bendiga
1. Manuscrito encontrado cerca a Parma y publicado en italiano por Castiglioni Mariotti, en honor a los 400 años del viaje de Nemo en 1982.
2. Ahora, Tivoli, Lazio, según el análisis histórico y geográfico de J.H. Williamson en su libro Journeys of two lonely men, Oxford Publishing House, Londres, 1976.
3. J. Salvatore, en su ensayo Engaños de la palabra (Gredos, Madrid, 1988) cuestiona este texto por los grandes conocimientos que parece mostrar el ‘cura anónimo’.
4. y 5. Latín, según apuntan varios escolares como Rathmeier (Die Geschichte von niemandem), Merlisena (Studio fondamentale del XVI secolo), Mazuera (La elipsis de la historia) y como este humilde editor también considera.
6. Es el monasterio extinto de Vetralla, según las averiguaciones históricas de F. Kammer en Latium (Berlin, 1934)
7. Anónimo, Cronache di Vetralla p. 46-47 (Le Monnier, Roma, 1938) El nombre fue designado según las averiguacones de Kammer.
8. Este parece ser Martino Lasarte, como explicaremos en la nota 9.
9. Javier Gómez, experto teólogo español, afirma que la descripción de esta hermandad corresponde a los Martinianos, expulsados de Tierra Eclesiástica el 29 de Febrero de 1700, acusados de varias herejías. Hermandad fundada por Martino Lasarte en 1575, basaba su ideología en reservar los sentidos sólo para el Creador, pues sus miembros suponían que sólo él era el único emisor y receptor digno. Fueron expulsados bajo cargos de simonía y nicolaísmo. G.Gómez en ¡Viva Zapata! Y otras revoluciones, asegura que fueron expulsados por no pagarle impuestos al papado y desobedecer algunas órdenes.
10. Rossi, p. 438.
11. Mea Vita, publicado en italiano por Mondadori en 1987
12. Esposito, p. 511.
13. Relato inscrito en la colección Vita Sacrorum publicado por Loescher en Roma en 1995.
14. Rossi, p. 657.
15. Traducción de Berenguer Amenos del Latín original.



