Random Image

el rinconcito de POL

Thursday, 16 April 2009

XVI/IV/MXCLX

Enclochado en: Uncategorized

No sé si esa noche haya habido estrellas –quizás sí, siempre me contabas que entonces esta ciudad era un pueblo y las calles eran carreteras y las casas gastaban lo menos que podían–, pero hoy no veo más que nubes grises y las luces de los postes eléctricos. Yo siempre veía las estrellas desde mi ventana, la que era mía, pero a ti ya no te importaba mirar hacia afuera, desde tu ventana sólo se veía una pared, pero ¿qué importaba? si tenías un libro lleno de estrellas (tenías un libro para todo) y de tanto verlo ya te las habías aprendido todas. Yo todavía lo tengo y, cuando hay nubes negras, me pongo a ojearlo y te busco entre las constelaciones o juego a encontrar animales que no vieron los antiguos para distraerme del hecho de no haber dado contigo.
Pero supongo que esa noche hizo frío, como el que hace ahora, aunque quizás entonces no se sentiría tan vacío, te habrán arropado con lo que encontraran y todos se habrán calentado. No sé si miraste hacia el cielo esa vez y comenzaste a juntar puntitos, o te recostaste y comenzaste a soñar, eso que tanto te gustaba, andar con los ojos cerrados, sin preocuparte por las aburridas minucias de la vida utilitaria. ¿Para qué? A mí tampoco me gusta andarme preocupando por problemas banales y efímeros pero, eso sí, te saqué el gusto a andar catalogando sueños: me la paso por ahí mirando hacia cualquier parte y pensando en cualquier cosa que no sea lo que tengo en frente. Y a veces me acuerdo de cuando soñaba por las noches y mis sueños de repente se hacían más claros y luego descubría por las mañanas que todo había sido tu obra, que me habías besado y me habías protegido del frío.
No sé qué te hayan dicho, si te hayan advertido que la vida no era una cosa fácil, o que respirar a veces iba a ser doloroso, o que a veces el sufrimiento traía sus recompensas. Yo me acuerdo cuando era pequeño y me iniciabas en la filosofía. Tú me hablabas del dolor y de su necesidad y yo te respondía, sin saberlo, como un epicúreo, así que me advertías que mi idealismo era una cosa peligrosa, aunque yo no entendía muy bien qué querías decir. Pero creo que ahora sí comprendo, al menos más que antes, lo que me querías decir. Con tanto dolor que ha pasado por aquí me ha quedado mucho tiempo para pensar en eso, así a veces prefiera no tener este privilegio.
En cualquier caso espero que ese día hayas podido sonreír y que, a pesar de todo, hayas disfrutado todo lo que te quedó de vida, es lo que yo he estado tratando de hacer.

(Feliz cumpleaños)






















Get free blog up and running in minutes with Blogsome | Theme designs available here