Nova Vita
Se habían equivocado, aquellos estudiosos, se habían equivocado, por doscientos años y hacia el lado menos oportuno. Cómo es molesto cuando las cosas suceden antes de lo planeado. Las Autoridades apenas comenzaban a proteger nuestro planeta contra el presupuestado aumento de calor: “Pirx” –que es como llamamos aquí a nuestra estrella, que se encuentra en el cuadrante H-1 de nuestra galaxia y que tenía una magnitud P-T, lo que digo por si sucede la improbable casualidad que alguien, alguna vez, encuentre esto y sienta el comprensible deseo de recordarnos– se iba a calentar de repente, su brillo y su temperatura irían aumentando paulatinamente cambiando, mientras tanto, todo en nuestro hogar. Este mundo que nosotros construimos, este que nos dio tanta alegría, este que moldeamos hasta hacerlo perfecto, este que veneramos como prueba innegable de nuestra capacidad de unirnos y de crear algo mucho más grande que nosotros, éste, nos comenzaría a mirar con desdén y nos expulsaría de su tierra, de la manera más grosera y maleducada, como en aquellas leyendas de antaño en las que el anfitrión, sintiendo esa extraña desazón, de la que me han contado pero nunca he llegado a comprender por completo, frente a sus huéspedes, los obliga a irse de su casa, gritando y golpeando cosas violentamente al azar, como si la presencia de otros le causara una molestia insuperable.
Como si fuera poco, Pirx, un buen día, iba a estallar. Entonces nuestros océanos se evaporarían, nuestras casas se desprenderían en sus millones de partículas, nuestra gente se derretiría en cuestión de segundos y cualquier rastro de que alguna vez hubo vida en este planeta se borraría para siempre. Por eso las autoridades nos estaban protegiendo: reclutaron a todos los habitantes de nuestro mundo para cubrirlo de una protección especial contra el aumento repentino de calor que nos daría tiempo para buscar un nuevo lugar para habitar y para refundar nuestra tranquila existencia, un nuevo respiro para nuestra orgullosa raza de ávidos conocedores. Fue una labor ardua que ocupó a todos los miembros de varias generaciones, pero todos buenos trabajadores que obraban eficiente y diligentemente, completando el trabajo poco a poco, pero siempre de acuerdo a lo planeado. Yo mismo ayudé a instalar paneles desde Lem hasta Hleb, que distan entre sí unos PHS cirulios pero, como me doy cuenta ahora que, quizás, si alguien llegase a encontrar esto, no esté en capacidad de comprender nuestras seguramente superiores unidades de medida, mejor digo que cubrí casi un tercio del diámetro del planeta.
Estábamos a punto de terminar esta gigantesca obra, siempre apegados al plan y confiados en que nos salvaríamos, pero se equivocaron, por doscientos años, no era esta generación la que se suponía tendría que vivir esto. Quizás nuestros nietos o bisnietos tendrían la responsabilidad de viajar y colonizar nuevos horizontes. Pero no nosotros. Nosotros sólo nos habíamos preparado para aguantar un rato más aquí, en nuestra casa, en nuestro hogar, hasta que no hubiera más opción que buscar nuevos horizontes. Pero ese no era nuestro destino, eso no era lo que nos había dicho el Universo.
Antes de instalar los últimos paneles (sobre Wysla) que nos habrían dado el tiempo suficiente para poder considerar nuestras opciones y decidir qué hacer con nuestra especie, la temperatura comenzó a aumentar con una furia inesperada e ininterrumpida. Pensamos que era un imprevisto menor –una fluctuación, nada más–, así que decidimos proseguir con el plan, que a mí se me antojaba inquebrantable. Sin embargo, los trabajadores sucumbieron ante el aumento indetenible de la temperatura y fracasaron consumiéndose en cenizas por lo que no hubo que esperar mucho para que Wysla –y todos sus habitantes– desaparecieran sofocados.
La posición oficial fue la de no preocuparse, el plan aún se podría llevar a cabo, sólo con ligeras alteraciones, a fin de cuentas, la Autoridad misma lo había confeccionado y, como representante de toda la inteligencia insuperable de nuestra raza, no había razón alguna para considerarlo como algo diferente a infalible.
De todas maneras, confieso que llegué a sentirme nervioso por un momento, en Wysla habíamos perdido a varios pensadores y Autoridades que podrían haber sido de gran ayuda como intérpretes de los designios del Universo y guías hacia nuestro nuevo hogar. Pero no retuve este pensamiento por mucho tiempo y, en cambio, consideré que nuestro conocimiento ya es generalizado (no meramente particular, como en etapas anteriores y lejanas de nuestro desarrollo) y como la raza insuperable que somos, sería fácil encontrar cómo reemplazar aquellas mentes perdidas. Así que volví a mis labores para sacar adelante a nuestra raza y pensé que, en cualquier caso, sin importar ahora la cantidad de Autoridades perdidas, íbamos a cumplir con nuestro objetivo, mientras nos apegáramos al plan creado por nuestra inteligencia colectiva. La inteligencia, evidentemente, es parte esencial de quiénes somos y no nos permitiría fallar.
Pronto fue, sin embargo, que entendimos que Pirx estallaría mucho antes de lo planeado y fue entonces que entendimos que las Autoridades se habían equivocado. Por doscientos años, se habían equivocado. Pero no fue realmente por doscientos años que se habían equivocado, no fue un mero error de cálculo lo que había ocurrido, fue un error de lectura: No supimos cómo leer apropiadamente los designios del universo. Porque pensamos que esa única inteligencia superior a la nuestra, que es el mundo que nos rodea, nos estaba pidiendo que abandonáramos nuestro mundo y nos estableciéramos en otro lugar, que era hora de llevar nuestra inteligencia por nuevos rumbos, de comenzar una nueva vida que partiera desde la perfección que ya habíamos alcanzado, que dejáramos cualquier rastro de nuestra evolución imperfecta atrás, que nos daba una oportunidad para olvidarnos por completo de nuestro pasado que ya, de todas maneras, nos parecía tan alejado. Pero la verdad de los designios era que Pirx había brillado antes de lo presupuestado porque nos quería decir que nuestro tiempo ya había llegado y, como dicen los sabios, ya era hora de que las estrellas nos llevasen a otro mundo.
Nos demoramos en entenderlo –aún una inteligencia tan avanzada como la nuestra puede llegar a confundirse frente a los intrincados mensajes del Universo–, muchos pensaron que el mundo quería acabar con nosotros pues no quería arriesgar a que nuestra inteligencia degenerara, nos quería llevar en nuestro punto más alto, pero las Autoridades, más sabias, apuntaron correcciones diciendo que es hora de llevar nuestras desarrolladas mentes por nuevos planos de existencia. Hemos comprendido, finalmente. Hemos abandonado nuestros avances y nuestra búsqueda por proteger nuestro mundo y nos hemos dedicado a esperar. Mientras Pirx explota, nuestros paneles nos mantendrán relativamente frescos. Pero cuando llegue ese momento inevitable, el calor será tan monumental que ni siquiera tendremos tiempo para sentir dolor y, finalmente, el Universo nos mandará al lugar en el que nos quiere ver.
A decir verdad, no estoy muy seguro por qué dejo este recuerdo. Toda mi raza se va a ir conmigo y aquí, en este segmento vivo del Universo –estamos completamente seguros– no quedará nadie. Hemos buscado a través de millones de métodos otra vida, otro tipo de vida, diferente a la nuestra, quizás similar, pero ajena a nuestro mundo. Sin embargo, a pesar de nuestros esfuerzos irrefrenables, no hemos encontrado rastro alguno. Y, si nosotros no hemos sido capaces de descubrir algo, poniendo toda la energía de nuestra inteligencia al servicio de la búsqueda, quiere decir que no hay nada que encontrar. Estamos solos, quizás por eso nos lleven a otra parte. Pero estamos solos y no quedará nadie para recibir este mensaje que ahora dejo navegando con mi voz entre las estrellas. De todas maneras, siento que necesito dejar constancia –y no de nuestra historia, o de nuestro gran conocimiento, porque ya nuestra raza ha enlistado, protegido y empacado todo lo referente a nuestra inteligencia para que, si por alguna razón surge alguna vez otro tipo de inteligencia en este mundo, pueda aprovechar de nuestros avances–, sino de un pensamiento que me surgió esta mañana que creo que aún nadie lo ha dejado registrado:
Y es que tengo un hijo, es decir, tengo vario, pero hay uno en particular que es un poco extraño porque le encanta leer, pero no cintas, ni compactos telepáticos sobre las verdades científicas que nuestra raza ha logrado demostrar, como debería ser, sino que prefiere realizar el esfuerzo de pasear sus ojos a través de las páginas de aquellos antiguos libros polvorientos que algunos ancianos recordaban llamar alguna vez “ciencia-ficción” y que son mentirosos y hablan sobre gente que no existe, y quizás nunca existirá, en particular una raza que supuestamente habita en una galaxia lejana y casi invisible –aún con nuestros mejores telescopios–, que por su falta de luz no podría nunca albergar vida, pero que en esas patrañas la gente imaginaria no sólo vive allí, sino que además le tiene un nombre al lugar, “Vía Láctea”, sea lo que sea eso. En cualquier caso mi hijo, el lector, a quien he dejado llenar su cabeza con tales bobadas, pues creo que, en cualquier caso ya no podrían hacerle daño a nadie, me habla continuamente acerca de esa gente y de cómo están en continua lucha unos contra otros. Mi hijo, que además de lector de patrañas es un incrédulo, me preguntó ¿por qué, si nosotros somos una raza perfecta y la sabiduría del Universo es tan inmensa, vamos a ser nosotros los aniquilados y no aquella gente perniciosa? Las estrellas me iluminaron entonces y le respondí, que es el pensamiento que quiero dejar consagrado, que nosotros no vamos a ser aniquilados, sino que el Universo nos va a llevar a un mejor lugar y que esos personajes, en realidad, no existen y que, si algún día llegaran a existir, pues también les llegará su hora, pues el Universo es sabio y sabrá cuándo hacerlos ir. Como nos sucede a nosotros, pues es sabio que ya nos vayamos.




Pablo me gustó mucho este cuento. Tiene muy buen ritmo. No pude parar de leerlo. Además el personaje me pareció genial.
Espero que estés muy feliz y disfrutando mucho tu viaje.
Comment por María Gómez Lara — Sunday, 27 September 2009 @ 7:38 PM