Basic Plot
Está un ex-novio frente a su computador en su cocina intentando concentrarse para terminar cierto informe de su trabajo, pero encuentra esta hazaña casi imposible, pues aún hay muchas cosas por decir y muchas otras por concluir, así que le vienen a la mente continuamente pensamientos de cómo hacer las cosas y de qué palabras sería mejor escoger. Mientras se debate entre los impactos que podría generar, alguien timbra, pero él, que está tan distraído no alcanza a oír, así que ese alguien afuera tiene que insistir hasta que él vuelve a tomar conciencia del mundo tangible, cierra la pantalla de su computador y se dirige hacia la puerta con parsimonia algo confundido y preguntándose quién puede estar del otro lado de la puerta justo a esa hora de ese día solicitándolo. Abre y se da cuenta con el repentino aumento de ritmo cardíaco quién es que está esperando afuera. Es ella.
Él había pensado tantas veces el discurso que querría haber dado al volverla a ver que ahora, con su aparición espontánea, no puede hacer más que quedarse en silencio contemplándola, pues pensaba que hubiera podido tener algo más de tiempo para practicar, ajustar detalles, arreglar minucias y en este punto no sabe bien por dónde comenzar. Ella, que viene mojada de la calle y tiene algo de frío, tiene la esperanza de que él la deje pasar, así que intenta un dulce “Hola…” a lo que él, con algo de retardo, responde “¿cómo estás?” con un ligero quiebre de su voz, mientras se corre de la puerta para indicarle que entre. Ella lo hace y se dirige hacia donde usualmente lo hacía, una silla de la mesa del comedor, para ahora quitarse la chaqueta húmeda. No puede evitar rodearse con los brazos, cerrar sus pestañas fuertemente y temblar mientras que exclama con su voz más aguda de lo normal “Brrr… ¡qué frío!”, lo que él alcanza a ver y le hace olvidar todas las palabras que había pensado en las últimas semanas. Él le ofrece una manta sin abrir la boca y ella lo acepta con un “gracias” casi imperceptible. Pero él, ahora, está más perdido que nunca, no sabe qué decir para lograr su cometido, de hecho, ya ni sabe qué es lo que quiere. Ella, nerviosa por su silencio, se atreve a comenzar: “No… no podemos quedar así de mal. Yo te quiero y, aunque creo que será mejor que cada uno siga su camino en la vida, no quiero que estemos así, sin podernos hablar. Todas las veces que nos vamos a encontrar de ahora en adelante y con esta tensión entre nosotros… ¿te imaginas? Yo no me la quiero aguantar, quiero que podamos ser amigos y seguir disfrutando de nuestra compañía, ¿no crees?”. “Yo también te quiero” simplemente atina a decir él, pues no sabe qué más hacer. “Lo sé” dice ella suspirando, “por eso no quiero que nos alejemos, creo… creo que podemos aún estar juntos, sólo que en otro tipo de relación…”. Ella cree haber sido demasiado directa y se arrepiente, no quiere herirlo y, a decir verdad, tampoco quisiera tener que alejarse tanto, por eso debe ser que insiste tanto en que sigan siendo amigos. Él sigue perdido, había estado preparando un largo discurso con el cual acabar las cosas de manera dulce, pero formal, despegada, pero cariñosa, sin causar daño y mostrándose superior a las nimiedades de los sentimientos. Sólo que se acaba de dar cuenta que eso es lo último que querría, que no quiere que las cosas acaben así de fríamente y, que de hecho, no quisiera que acabasen, así que intenta recordar la razón por la que están separados para intentar devolverse en el tiempo y borrarla, pero descubre con desesperación que ya ni se acuerda qué fue lo que sucedió y que no sabe si fue un error suyo o de ella y, por lo tanto, sin saber la avería, no puede conocer el arreglo. Se aventura a mandar una frase: “Yo…” pero se frena ahí porque la verdad no tiene nada qué decir. Ella, que es mucho más valiente y que está ahora enternecida con su dificultad con las palabras, no lo quiere dejar pasar la vergüenza de no saber qué decir, así que lo interrumpe a tiempo y dice cualquier cosa, o lo mismo que antes, pero con palabras ligeramente diferentes. Y ahora que no sabe qué más hacer, mira al suelo, porque se da cuenta lo difícil que le es decir ahora, con lo rápido que el silencio de él le ha hecho ir el corazón, ese “Está bien que nos separemos ahora, pero… pero no quiero que te olvides de mí”. Y él sonríe porque por fin tiene algo que aportar a la conversación: “No sabría cómo hacerlo”. Ella sonríe también y se acerca para darle un último abrazo que ninguno quisiera terminar, pero que ambos acortan para que el otro no piense que con un simple abrazo lo van a reconquistar.
Ambos concuerdan en quedar en eso, así que ella se despide amable, diciendo que espera poder encontrarlo otra vez pronto y se va a cruzar la puerta, pensando en si hizo lo correcto, si dijo lo que de verdad quería decir o si su orgullo la encegueció ante lo que de verdad hubiera querido. Y mientras va pensando en estas cosas, siente que una mano la sujeta del brazo. Asustada voltea a mirar y se llena de nervios cuando ve que es él quien está ahí, a su lado, aguantando su partida. Y él, tragando saliva, mirándola a los ojos y tomándose su tiempo le dice “todavía no te puedes ir” y, como no agrega más, ella se ve forzada a preguntar “¿por qué?”, a lo que él responde despacio “porque tengo algo que decirte” y ella, que espera con ansias escuchar lo que quisiera escuchar, tiene que interrumpir su nuevo silencio que ahora parece eterno con un “dime…”. Él toma valor y la trae hacia sí, abrazándola y dándole un beso en el que espera concentrar todos los besos de todos los años futuros en los que esperaba estar así, junto a ella bajo la lluvia, sin mediar palabra y que ahora se van a perder en el mero recuerdo de las potencialidades. Ella lo acepta, porque se acaba de dar cuenta que eso es lo único que ella esperaba, nada de amigos, ni de buenos términos, nada de fines, sólo un beso, un beso era lo que ella buscaba, que por fin él se envalentonara e intentara luchar por no dejarla ir. Era tan simple y sólo hasta ahora lo comprendía, sólo quería saber si él tendría las agallas suficientes para luchar por ella.
“¿Me entiendes?” le susurra él al oído apenas se separan sus bocas y ella le dice suavemente, casi suspirando en su oído “más o menos, ¿podrías repetírmelo… pero más despacio?”. Y entonces vuelven a la casa del ex-novio que no sabemos si ahora será el novio, o el amante, o el amigo, o el esposo, pero que sí sabemos que cierra la puerta tras de sí, dejando la cámara por fuera para hacerle comprender a los espectadores qué es lo que va a pasar esta noche.




Este corto SÍ me gustaría verlo antes de empezar la película. Porque me lo imaginé como un corto de esos que pasan por acá cuando uno va a cine. No se dónde más puedo ver cortos. Ah sí In Vitro.
Saludos.
Comment por DG — Friday, 16 October 2009 @ 9:18 AM
Vaya que me gustó, emocionante tú relato, queda uno como con ese…que la bese!!! que la bese!! que chévere son las emociones viscerales, esas que le ganan al orgullo y a las expresiones mal administradas de indiferencia.
Un saludo
Comment por LA ReiNa Roja — Wednesday, 18 November 2009 @ 5:55 AM