[Oficinas Canal 60]
Sr. A.: B., mira estos ratings, tenemos que hacer algo al rescpeto.
Sr. B.: Tienes razón A. Tenemos que hacer algo distinto, un vuelco total de la programación, una revolución televisiva tan radical que ni el mismo Robespierre podría tolerar.
Sr. A: ¿Quién?
Sr. B: Ah un amigo francés que conocí hace dos años en Cannes. Le gustaban las cosas extremas, pensé que lo conocías.
Sr. A.: Jamás lo había escuchado. ¿Qué hace él?
Sr. B.: Ah, nada. Se ahogó en su tina luego de una sobredosis de cocaína.
Sr. A.: Veo. Bien, estoy de acuerdo contigo, tenemos que renovar nuestros programas, darles un toque más juvenil para que las nuevas generaciones se sientan atraídas.
Sr. B.: Tienes razón, deberíamos crear nuevos formatos y nuevos métodos de participación, ya sabes, para que el público nos ‘colabore’ con la renta.
Sr. A.: Jeje, eso mismo pensaba yo. Bien, pues pensemos, ¿qué nuevos programas podríamos traer?
Sr. B.: Pues yo pienso que deberíamos ir haciendo una transición lenta, ¿sabes? para no perder nuestra audiencia actual y atraer la audiencia moderna.
Sr. A.: ¿Así que quieres ir cambiando los programas? Me parece una genial idea.
Sr. B.: Sí, ¿por dónde crees que deberíamos comenzar?
…
Sr. A., Sr. B.: ¡Dorita!
Dorita: ¿Sí, doctores?
Sr. A.: Llámenos a Bert, por favor. Dígale que es una reunión estratégica muy importante y que se afane.
Dorita: Bueno doctor, yo lo llamo. Pero creo que se demora, ¿no ve que está celebrando un cumpleaños de un amigo de esos que tiene en un bar todo raro por allá en el centro?
Sr. B.: No importa, llámelo y dígale que venga si es que no quiere perder su trabajo.
Dorita: Bueno doctores, yo ya les hago la vuelta.
Sr. A.: Gracias Dorita.
(…)
(…)
(……….)
[Una hora después]
[Entra Bert con camisa apretada y confetti encima. Tambalea al caminar]
Sr. A.: ¡Bert! Qué bueno que viniste.
Bert: Díganme, ¿Pa’qué soy bueno?
Sr. B.: Pues, para muchas cosas, pero hoy nos vas a ayudar a crear la revolución.
Bert: ¿Revolución? No, hermano, yo ya no estoy para revolcones. Luego de todos los que tuve hoy por allá…
Sr. A.: No, no, Bert. Una revolución, un cambio radical, un giro de raíz.
Bert: ¿Quieren que plante árboles? Está bien ¡El planeta me necesita!
Sr. B.: No, Bert. Lo que queremos decir es que queremos hacer un cambio drástico en la programación del canal. Y tú nos vas a ayudar.
Bert: ¿Ah sí?
Sr. B.: Claro que sí, tú eres el elemento más importante de esta cadena y no podemos prescindir de ti.
Bert: Veo… Bueno, pues, a cascarle.
Sr. A.: Bert, Bert. Cálmate, relájate, tómate un vaso de agua. Ponte cómodo.
Bert: Yo ya estoy cómodo. Apúrenle que no tengo todo el día.
Sr. B: Bert, siéntate, por favor, tenemos que hablar seriamente de tu programa.
Bert: Ey, ey. Yo sé que hemos quemado algunas cosas del set y que el camarógrafo que traje se emborrachó y destruyó una cámara. Pero aún así son pérdidas menores que se pueden reparar fácilmente.
Sr. A.: Lo sabemos, pero eso no es por lo que queremos hablarte. Es algo más, profundo, más estructural. Tiene que ver más bien con la corporeidad de tu show.
Bert: Bueno, está bien, he subido unos kilos, pero con unos días en el gimnasio los puedo rebajar.
Sr. B.: Pues no te caería mal, pero lo que te queremos decir es que estamos pensando en hacerle unos cambios a tu programa.
Bert: Cambios… ¿como cuáles?
Sr. A.: Pues unos pequeños cambios al set, unos pequeños cambios al tono y, quizás, algunos cambios al formato. Tú sabes, queremos modernizar un poco el ambiente. No es que tú ya no seas popular con la juventud.
Bert: Ah ¿y quién dijo eso? ¿¡Y quién fue el que dijo que estoy gordo!?
Sr. A.: Nadie, nadie, precisamente eso digo. Pero aún así, los ratings están bajando y creemos que nuestras más jóvenes audiencias podrían disfrutar un cambio como el que te estamos proponiendo.
Bert: Está bien, pero no me han dicho qué cambios están pensando hacer.
Sr. B.: Bueno, no te preocupes, no es nada drástico, solamente unos cuantos gimmicks por aquí y por allá. Pero claro, claro, tú seguirías manteniendo el control del programa.
Bert: Seh…
Sr. A.: Bueno, mira, yo sé que no te entusiasma que nos estemos encargando de la situación, pero necesitas que te ayudemos. Te tenemos una idea revolucionaria para tu programa. Podrías actuar en algunos segmentos.
Bert: ¿Actuar? Ahora sí me están entusiasmando, ¿por qué no mencionaron eso desde un principio? Ya es hora que la gente se entere de mis grandes dotes histriónicas y comiencen a apreciarme como más que una bonita cara. ¿Se imaginan? ¡Podría estarme ganando un Emmy o un Globo Di’oro en unos meses!
Sr. B.: Bueno, Bert, esos premios no los dan en este país, esos sólo se los entregan a actores de programas estadounidenses.
Bert (dramático): ¡Ah! ¡La injusticia del nacimiento geográfico! Bueno, pero ¿a qué premio puedo aspirar en este paisito?
Sr. A.: Quizás a un premio del Monstruo Comegalletas a “este man en televisión me simpatiza”.
Bert: Bueno, está bien, sería, de todas maneras, una gran vitrina para que los productores de Jóligüd se fijen en mí.
Sr. B.: ¿Por qué le pones diéresis a esa ‘u’?
Bert: Ah, porque así se pronuncia en inglés, pendejo.
Sr. A.: Bueno, está bien, eso no importa. Lo que importa es que ahora está emocionado con nuestras ideas de cambio para el show, ¿no es así?
Bert: ¡Así es!
Sr. A.: Muy bien, entonces escúchanos. Te vamos a decir algo que va a ser tan ground-breaking que vamos a necesitar comprar pisos de cemento.
Bert: ¿Tan qué?
Sr. A.: Tan… innovador, que hasta Leche nos va a envidiar.
Bert: ¿cómo nos va a envidiar la leche?
Sr. A.: Escucha, no importa. Ponme atención. Imagínate esta escena. Es de noche y estás trabajando en tu oficina. Casi es medianoche, hay muy pocas personas en el edificio contigo. Ya todas se quieren ir a la casa, pero tú sigues trabajando porque quieres justicia y no puedes descansar hasta encontrarla.
Bert: Me gusta, me gusta, sigue hablando.
Sr. A.: Bien, parece que te vas a rendir, pero cuando bajas la cabeza, descubres un pelo suelto y decides analizarlo en tu microscopio. Como eres poseedor de una inteligencia superior, no pasa mucho hasta que descubres quién es el asesino que estabas buscando. Corres a avisarle al policía más cercano y con el número más exagerado de patrullas imaginable, van a perseguir al malhechor. ¡Puedes demostrar tus dotes de actor como científico y como héroe de acción!
Bert: ¡Es justo lo que necesito!
Sr. A.: Sí y lo mejor es que a nadie se le ha ocurrido crear un programa así. Podemos innovar en todo lo que queramos. Podemos contratar a dos mujeres buenonas pero que parezcan intelectuales para que te acompañen en la búsqueda por la verdad y que usen un uniforme policiaco sexy. Hasta, hasta… ¡Podemos llamar el segmento sólo con iniciales! ¿Qué tal algo como “UIC: Unidad Investigativa Criminal”?
Bert: ¡Sí, sí! ¡Genial idea!
Sr. B.: Bueno, aunque no niego que la idea de mi compañero es una gran idea, creo que quizás no tenga suficiente mercado. Tendría que evocar demasiado temas y términos científicos y bien sabemos que en este país la ciencia es prácticamente magia negra.
Bert: Bueno, B. ¿usted qué propone entonces?
Sr. B.: Muy bien, póngame cuidado. Es una idea que jamás a alguien se le ha ocurrido. Es tan innovadora que hasta Leche… ehh, que no me lo van a creer. Bert está trabajando de noche en un edifico de oficinas prácticamente abandonado. Todos tus compañeros se han ido, pero tú no puedes descansar pues necesitas que haya justicia.
Bert: Ajá… cuéntame más.
Sr. B.: Estás a punto de rendirte, pasas las páginas del libro que estás estudiando con desdén, sin ponerle gran atención. Te ves… derrotado.
Bert: Mhj, ¿pero al final me doy cuenta de algo? No quiero aparecer en una serie como un perdedor.
Sr. B.: ¡Sí, sí! Pronto descubres en una de las páginas desdeñadas una palabra que hace alusión a un caso similar al que estás procesando. Pronto, corres a llamar a tu jefe y le avisas que has descubierto cómo salvar al señor Sánchez de ir a la cárcel.
Bert: ¡Eso es lo que me gusta! ¡Un Bert heroico! Pero… ¿no puedo ser yo el jefe?
Sr.B.: Sí, puede ser. En cualquier caso, llamas a tus compañeros de firma legal, podemos contratar a dos viejas buenonas, que parezcan inteligentes y les ponemos vestidos de ejecutivas, para atraer audiencia masculina.
Bert: ¡Sí! ¡Audiencia masculina!
Sr. B.: ¡Audiencia masiva, Bert! ¡Hasta podemos traer un tipo musculoso para que haga de abogado rebelde y le hacemos quitar la camisa un par de veces para atraer a la audiencia femenina.
Bert: ¡Entre más se quite la camisa mejor!
Sr. B.: ¿Qué te parece A.?
Sr. A.: Quizás pueda funcionar, me parece bastante original y tu acercamiento al mercado a través de las hormonas me parece una decisión muy acertada, aunque quizás corramos el riesgo de meternos en problemas poco legales, pues puede que haya quien no quiera que el conocimiento de la ley se exparsa en este país.
Bert: No, momento, quizás deberíamos volver a pensar lo del actor musculoso…
Sr. B.: Pues luchamos, no nos podemos dejar atrapar por el homogéneo control de los corruptos.
Bert: Me podría quitar el centro de atención, ¿no ven?
Sr. A.: Yo ya estoy muy viejo para meterme en problemas revolucionarios, aunque quizás podríamos hacer el programa si nos alejamos de temas controversiales.
Bert: Aunque de todas maneras, deberíamos hacer audiciones, sólo para ver si lo de actor musculoso sí cuadra…
Sr. B.: Bueno, si le vamos a poner tanto pereque al asunto, pues mejor no hablemos de eso. Pero entonces, ¿qué hacemos?
Sr. A.: ¡Ya lo sé! ¡Ya lo sé! ¡Estoy teniendo una visión! ¡Esto sí que nadie lo ha hecho! Además, podemos estar al margen de problemas con la justicia y con la injusticia.
Bert: Yo tengo un amigo, se llama John, bueno, al menos le dicen John, podríamos llamarlo para que hiciera casting…
Sr. B.: Bueno, ¿cuál es la idea?
Bert: Hasta podría el John llamar a otros amigos del gimnasio…
Sr. A.: Pónganme Atención. ¡Bert!
Bert: ¿¡Qué!?
Sr. A.: Escucha mi idea para el programa.
Bert: ¿Qué pasó con lo de defender la ley y ver a abogados rbeldes quitándose la camisa?
Sr. A.: No, no, eso no es tan viable como creíamos. Pero, escucha, esto es aún mejor.
Bert: Pero, ¿aún podemos tener actores quitándose la camisa?
Sr. A.: Sí, sí, pero, carajo, escucha. Estás en una habitación de un hospital trabajando por la noche. Ya prácticamente todos tus compañeros se ha ido y en los pasillos sólo encontramos silencio. Estás bajo la luz tenue de una lámpara, revisando un libro. No quieres descansar hasta averiguar qué es lo que le pasa a tu paciente. Él tiene un mal extraño que ningún otro doctor ha podido delimitar, ni siquiera el jefe de medicina. Pero tú, aunque apenas seas un interno, estás dispuesto a desvivirte por el pobre niño que está muriendo en una cama.
Sr. B.: ¡Excelente A.! ¡Así podemos apelar a la ternura de los televidentes!
Bert: Sí, ¿pero dónde entra el actor musculoso descamizante?
Sr. A.: Bueno, puede ser uno de tus compañeros médicos recién graduados. Puede ser un rebelde que, en apariencia no le importa nada de lo que pasa a su alrededor, pero dentro tiene un corazón muy grande y sufre con cada paciente que trata de ayudar.
Sr. B.: ¡Sí! Con algo así podemos atraer una gran audiencia femenina.
Bert: Me parece muy bien, mientras que se aseguren de que el actor musculoso no me robe el centro de atención… y que su camerino quede junto al mío.
Sr. A.: ¡Esto puede ser muy grande! Hasta podemos contratar a dos actrices sexys para que sean tus compañeras médicas recién graduadas, anden por el hospital con su uniforme holgado y, de vez en cuando, se lo tengan que quitar para salvar alguna vida.
Sr. B.: ¡Sí, sí! Así podemos atraer a la audiencia masculina y dominar el mercado!
Sr. A.: Podemos, además, mostrar algo nunca antes visto: el mundo de los médicos recién graduados que luchan por encontrar balance entre su ocupada vida laboral y su complicada vida personal, mientras que tratan de aceptar las verdades de su profesión, como que es inevitable que algunos pacientes mueran.
Bert: ¡Ustedes son unos visionarios!
Sr. B.: Aunque, ¿sabes qué A.? ¿No está quizás Bert ya muy… maduro para ese papel. Digo… la audiencia quizás no creería factible que alguien tan respetable como él haya apenas salido de la universidad.
Bert: ¿Me está tratando de viejo?
Sr. A.: Pues quizás tengas razón, B., eso sería un problema, ya que los televidentes suelen exigir realismo.
Bert: ¿usted también me está tratando de viejo?
Sr. A.: Aunque, la medicina es una carrera bastante larga, los estudiantes no se gradúan hasta entrados en años, quizás Bert sí podría resultar creíble en esta posición.
Bert (molesto): ¡Exijo respeto, señores!
Sr. B.: Pero aún así, yo no creería que Bert tuviera menos de treinta años…
Bert: ¡Ve’ste! ¡No, pues, tan prístino él!
Sr. B.: Tal vez podríamos hacer una historia en la que el personaje de Bert, luego de muchos años de vagar y desperdiciar su vida, haya decidido reformarse y entrar a la universidad, explicando así su excesiva edad al graduarse.
Bert: Bueno, ya me están comenzando a molestar. Ahora, además de viejo, me van a tildar de ‘vago’. Tan lindos los productores que tengo.
Sr. A.: No, pero B. tan sólo se referería a tu personaje respecto a la vagancia. Además, me parece una gran idea, así tu personaje puede ser un ejemplo de superación, puede mostrarse como un rebelde que ha decidido reformarse para ayudar a los demás. Y, por supuesto, podemos crear una gran sarta de problemas internos para llenar arcos de historias.
Bert: ¿Pero toda la premisa del chow sería que estoy viejo?
Sr. B.: No, tú no, tu personaje…
Bert: Bueno, ¡ya me la volaron! ¡Se me van largando! ¡Se largan de mi oficina, pero ya!
Sr. A.: Oye, esta es mi oficina…
Bert: Está bien, ¡No importa! Yo me voy en tal caso, ¡pero no me voy a quedar aquí escuchando como me insultan!
Sr. B.: Bueno, ¿pero qué vas a hacer con tu show? Los ejecutivos están desesperados por ver un cambio… ¡Nos necesitas para ayudarte!
Bert: ¡Yo no necesito a nadie! ¡Yo mismo le voy a hacer los cambios a mi show!
[Bert sale ofuscado]