Doña Augurios
Hoy soñé contigo, Javié, y con un pájaro grande, con alas negras y brillantes. Volaba en círculos sin caer, revoloteando en ondas, como si estuviera dibujando olas. Tú lo contemplabas desde el suelo, tenías la mirada fija en el cielo. Se te torcía el cuello y la cabeza se te desprendía mientras lo mirabas. Inclinabas tanto la vista que, mientras seguías viéndolo voltear, la piel de cuello se te desgastaba y, poco a poco, la cabeza se te escapaba. Entonces él bajaba en picada y tu cabeza se llevaba y volvía, de a ratos, y todo tu cuerpo esculcaba. No te dejó brazos, ni piernas, ni las rodillas, ni siquiera el bazo, o las costillas. Todo se llevó, el muy egoísta.
Por eso creo que grité anoche ¿no te desperté, Javié? Siempre me preocupa que me asusten en sueños y que te despierte, a ti, que trabajas tanto y nunca descansas y que además tienes ese sueño tan ligero, oye, porque a veces hasta te despiertas con los perros que pasan caminando por la calle o con una ola que pega muy duro contra la playa, ¿no, niño? Tenía hasta miedo en mi sueño que te fueras a despertar aquí en este otro mundo, porque te debió haber dolido la decapitada, o porque yo debo de haber suspirado al ver cómo te despedazaban. ¿Sabes? No creo que este mundo de los espíritus sea tan literal o tan directo como creen otras matronas, así como dice la niña Nani, la tía de tu ahija’o, tú sabe’ quién, que dice que “¿pa’ qué ponerse a darle vuelta y vuelta a los sueños, si todo son tan claros?” “Tan claros como el río” le digo yo, que creo que hay que aprender a interpretar los símbolos oníricos y saberlo hacer en contexto. Porque cada sueño es diferente ¿eh, me oíste? Porque la niña Nani seguro te va a venir a dar lata y a decir que el pájaro con el que soñé quiere decir que debes tener cuida’o, porque seguro hay alguien que quiere despedazarte y seguro va a venir a decirte que alguien quiere robarte, porque como es esa niña, siempre pensando en plata, en su chance y en sus números de la suerte, pero no, no. Niño, quizás ella tenga razón con ese pájaro en otro sueño, que alguien más se lo sueñe y quiera decir eso, pero este sueño no es así, no, yo lo sé, yo lo siento, y para hacer bien esto de contar los sueños hay que saberlos sentir. Sentir, te digo, y no me joda, que yo los sé sentir, ¿o no sentí cuando se vinieron las lluvias y se desbordó el río? ¿O cuando se subió la marea y se nos inundó la casa? ¿O cuando se dañó la cañería y nos quedamos sin agua pa’ tomar ni pa’ cocinar? ¿Ajá, no te lo acuerdas?
Y ahora no siento nada malo, te digo, Javié, nada malo. Sí, te digo que me asusté con el pajarraco ese y la sangre y tu cabeza… pero no, ahora que pienso en el sueño, no siento nada malo, éste no es tu cuervo. Yo lo que creo es que nos van a venir cosas buenas, ¿eh? Óyeme, ¡no me voltees la cabeza así que esto en serio! Sí, sí, ya sé que tienes sueño y que tú nunca me crees lo que te digo cuando yo sueño, pero es en serio, yo lo siento, lo presiento, aquí, muy dentro, me palpita al lado del corazón, como si ambos lados del pecho me estuvieran saltando. Ya te lo digo, Javié, que esto es muy grande. Pero, ¿sabe’? no creo que sea plata, al menos no de una, es otra cosa, niño, otra cosa, pero muy grande, de esa’ que cambian la vida y ¿por qué no? de pronto es que por fin alguien te va a poner cuida’o cuando toques ese bendito acordeón y te quedes callado, ahí, llorando mientras toca. Sí, de pronto es que va a llegar alguien que te deje terminar y no se burle de ti y de ese aparato. O, ¿sabes? Creo que puede ser otra cosa, que eso de que te parta en dos partes el pájaro, que te quite la cabeza, quiera decir que va a haber dos de ti, ¿ah? Dime, ¿qué tal? De repente es que va a llegar otro angelito para reemplazar al que se nos fue.
Ey, oye, no me ponga’ esa cara, niño, tú sabes que yo sé que no hay cosa que pueda reemplazar a nuestro Angelito, pero, bueno, tú sabe’ qué es lo que yo digo, que de pronto nos llega otra criatura para que la cuidemos y la tengamos y la queramos y nos distraigamos de pensar en él, para que ya no se nos cruce por la cabeza cada tres segundos.
Ay, ¿ya va’ a soltar la lágrima otra vez? Mira, mira, cálmate, Javié, que por más agua que sueltes por esos ojos, no hay nada que podamos hacer. Lo único que haces es que te arda la piel otra vez, ¿sí ves? Ven, déjame que te ponga unas matas ahí antes de que se te reseque todo otra vez. ¡Eh! Y a mí que mi papá me decía que los hombres nunca lloraban, niño, y nunca he conocido a alguien que llore tanto como tú. Ni mujeres, ni bebés, ¿me oyes? Ey, ¡Quédate quieto! Si al menos me dijeras algo, pero claro, como nunca quieres escuchar cuando te cuento de mis sueños…
Pero bueno, tranquilízate, mira que de pronto no es lo que pienso, todavía no estoy segura qué es lo que es, sólo sé que es algo grande, muy grande, ya vas a ver. Quizás es algo sobre mí, de pronto por fin me van a dejar escribir el horóscopo en el periódico y van a sacar a esa embustera de la Gloria Díaz, que no hace sino inventarse todo lo que pone ahí. O, mira, qué sé yo, de golpe es algo que no entiendo. Bueno, Javié, ¡al menos mírame cuando te digo estas cosas! Agh, yo no sé para qué te despierto si nunca me pones cuidado. Mejor vete a dormir, que yo voy a volver a soñar.



