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	<title>el rinconcito de POL</title>
	<link>http://elrinconcitodepol.blogsome.com</link>
	<description>El primer blog en perspectiva (¡Ahora también en isometría!)</description>
	<pubDate>Mon, 30 Nov 2009 21:00:30 +0000</pubDate>
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	<language>en</language>

		<item>
		<title>Gott</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Nov 2009 20:59:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Wie ist dein Gott
Ist er gottlos?
Ist es neutrum?
Hat er viele Haaren?
Spricht er Dutch?
War er schon nach Pennsylvania?
Macht er mich schreiben?
Oder singen?
Oder laufen?
Wer ist dein Gott?
 

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Wie ist dein Gott<br />
Ist er gottlos?<br />
Ist es neutrum?<br />
Hat er viele Haaren?<br />
Spricht er Dutch?<br />
War er schon nach Pennsylvania?<br />
Macht er mich schreiben?<br />
Oder singen?<br />
Oder laufen?<br />
Wer ist dein Gott?<br />
<acronym title="Con el perdón de la muchachada teutona por este adefesio contra su lengua"> </acronym>
</p>
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		<title>Así es</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Nov 2009 14:21:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Dice un colombiano mientras contempla la tristeza de un paraguayo:
- Es una mierda
- ¿Qué cosa? - pregunta él.
- Lo asimétrica que es la vida.
- Así es.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Dice un colombiano mientras contempla la tristeza de un paraguayo:<br />
- Es una mierda<br />
- ¿Qué cosa? - pregunta él.<br />
- Lo asimétrica que es la vida.<br />
- Así es<acronym title="'Al menos' apunta 'nos queda el jazz y la cerveza para desbalancearnos'.">.</acronym></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Helena</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Nov 2009 13:51:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Nadie tiene la culpa de enamorarse.

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			<content:encoded><![CDATA[	<p>Nadie tiene la culpa de enamorarse.
</p>
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		<title>La (Fa)</title>
		<link>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2009/11/24/la-fa/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2009 22:45:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Pin, pin, pin.
Ecco un pianoforte,
pin, pin, pin, pin-pin
ed ecco dietro il pianista
stanco, annoiato
no
disperato da morte
pin, pin
ossessionato con quello stesso tasto,
con quella nota sua,
sì, quella che è proprio sua
“pin”
l’ínizio di un grande capolavoro
“Pin”
ma anche la fine, finora
e magari per sempre
“pin”:
un capolavoro perso fra le dita della disperazione.
Plac!
Ed ecco una corda che non vuol farsi ascoltare più.
 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Pin, pin, pin.<br />
Ecco un pianoforte,<br />
pin, pin, pin, pin-pin<br />
ed ecco dietro il pianista<br />
stanco, annoiato<br />
no<br />
disperato da morte<br />
pin, pin<br />
ossessionato con quello stesso tasto,<br />
con quella nota sua,<br />
sì, quella che è proprio sua<br />
“pin”<br />
l’ínizio di un grande capolavoro<br />
“Pin”<br />
ma anche la fine, finora<br />
e magari per sempre<br />
“pin”:<br />
un capolavoro perso fra le dita della disperazione.<br />
Plac!<br />
Ed ecco una corda che non vuol farsi ascoltare più.<br />
<acronym title="Sperando di non sbagliare troppo!"> </acronym></p>
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	</item>
		<item>
		<title>Basic Plot</title>
		<link>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2009/10/16/basic-plot/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 11:21:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Está un ex-novio frente a su computador en su cocina intentando concentrarse para terminar cierto informe de su trabajo, pero encuentra esta hazaña casi imposible, pues aún hay muchas cosas por decir y muchas otras por concluir, así que le vienen a la mente continuamente pensamientos de cómo hacer las cosas y de qué palabras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Está un ex-novio frente a su computador en su cocina intentando concentrarse para terminar cierto informe de su trabajo, pero encuentra esta hazaña casi imposible, pues aún hay muchas cosas por decir y muchas otras por concluir, así que le vienen a la mente continuamente pensamientos de cómo hacer las cosas y de qué palabras sería mejor escoger. Mientras se debate entre los impactos que podría generar, alguien timbra, pero él, que está tan distraído no alcanza a oír, así que ese alguien afuera tiene que insistir hasta que él vuelve a tomar conciencia del mundo tangible, cierra la pantalla de su computador y se dirige hacia la puerta con parsimonia algo confundido y preguntándose quién puede estar del otro lado de la puerta justo a esa hora de ese día solicitándolo. Abre y se da cuenta con el repentino aumento de ritmo cardíaco quién es que está esperando afuera. Es ella.<br />
 Él había pensado tantas veces el discurso que querría haber dado al volverla a ver que ahora, con su aparición espontánea, no puede hacer más que quedarse en silencio contemplándola, pues pensaba que hubiera podido tener algo más de tiempo para practicar, ajustar detalles, arreglar minucias y en este punto no sabe bien por dónde comenzar. Ella, que viene mojada de la calle y tiene algo de frío, tiene la esperanza de que él la deje pasar, así que intenta un dulce “Hola…” a lo que él, con algo de retardo, responde “¿cómo estás?” con un ligero quiebre de su voz, mientras se corre de la puerta para indicarle que entre. Ella lo hace y se dirige hacia donde usualmente lo hacía, una silla de la mesa del comedor, para ahora quitarse la chaqueta húmeda. No puede evitar rodearse con los brazos, cerrar sus pestañas fuertemente y temblar mientras que exclama con su voz más aguda de lo normal “Brrr… ¡qué frío!”, lo que él alcanza a ver y le hace olvidar todas las palabras que había pensado en las últimas semanas. Él le ofrece una manta sin abrir la boca y ella lo acepta con un “gracias” casi imperceptible. Pero él, ahora, está más perdido que nunca, no sabe qué decir para lograr su cometido, de hecho, ya ni sabe qué es lo que quiere. Ella, nerviosa por su silencio, se atreve a comenzar: “No… no podemos quedar así de mal. Yo te quiero y, aunque creo que será mejor que cada uno siga su camino en la vida, no quiero que estemos así, sin podernos hablar. Todas las veces que nos vamos a encontrar de ahora en adelante y con esta tensión entre nosotros… ¿te imaginas? Yo no me la quiero aguantar, quiero que podamos ser amigos y seguir disfrutando de nuestra compañía, ¿no crees?”. “Yo también te quiero” simplemente atina a decir él, pues no sabe qué más hacer. “Lo sé” dice ella suspirando, “por eso no quiero que nos alejemos, creo… creo que podemos aún estar juntos, sólo que en otro tipo de relación…”. Ella cree haber sido demasiado directa y se arrepiente, no quiere herirlo y, a decir verdad, tampoco quisiera tener que alejarse tanto, por eso debe ser que insiste tanto en que sigan siendo amigos. Él sigue perdido, había estado preparando un largo discurso con el cual acabar las cosas de manera dulce, pero formal, despegada, pero cariñosa, sin causar daño y mostrándose superior a las nimiedades de los sentimientos. Sólo que se acaba de dar cuenta que eso es lo último que querría, que no quiere que las cosas acaben así de fríamente y, que de hecho, no quisiera que acabasen, así que intenta recordar la razón por la que están separados para intentar devolverse en el tiempo y borrarla, pero descubre con desesperación que ya ni se acuerda qué fue lo que sucedió y que no sabe si fue un error suyo o de ella y, por lo tanto, sin saber la avería, no puede conocer el arreglo. Se aventura a mandar una frase: “Yo…” pero se frena ahí porque la verdad no tiene nada qué decir. Ella, que es mucho más valiente y que está ahora enternecida con su dificultad con las palabras, no lo quiere dejar pasar la vergüenza de no saber qué decir, así que lo interrumpe a tiempo y dice cualquier cosa, o lo mismo que antes, pero con palabras ligeramente diferentes. Y ahora que no sabe qué más hacer, mira al suelo, porque se da cuenta lo difícil que le es decir ahora, con lo rápido que el silencio de él le ha hecho ir el corazón, ese “Está bien que nos separemos ahora, pero… pero no quiero que te olvides de mí”. Y él sonríe porque por fin tiene algo que aportar a la conversación: “No sabría cómo hacerlo”. Ella sonríe también y se acerca para darle un último abrazo que ninguno quisiera terminar, pero que ambos acortan para que el otro no piense que con un simple abrazo lo van a reconquistar.<br />
 Ambos concuerdan en quedar en eso, así que ella se despide amable, diciendo que espera poder encontrarlo otra vez pronto y se va a cruzar la puerta, pensando en si hizo lo correcto, si dijo lo que de verdad quería decir o si su orgullo la encegueció ante lo que de verdad hubiera querido. Y mientras va pensando en estas cosas, siente que una mano la sujeta del brazo. Asustada voltea a mirar y se llena de nervios cuando ve que es él quien está ahí, a su lado, aguantando su partida. Y él, tragando saliva, mirándola a los ojos y tomándose su tiempo le dice “todavía no te puedes ir” y, como no agrega más, ella se ve forzada a preguntar “¿por qué?”, a lo que él responde despacio “porque tengo algo que decirte” y ella, que espera con ansias escuchar lo que quisiera escuchar, tiene que interrumpir su nuevo silencio que ahora parece eterno con un “dime…”. Él toma valor y la trae hacia sí, abrazándola y dándole un beso en el que espera concentrar todos los besos de todos los años futuros en los que esperaba estar así, junto a ella bajo la lluvia, sin mediar palabra y que ahora se van a perder en el mero recuerdo de las potencialidades. Ella lo acepta, porque se acaba de dar cuenta que eso es lo único que ella esperaba, nada de amigos, ni de buenos términos, nada de fines, sólo un beso, un beso era lo que ella buscaba, que por fin él se envalentonara e intentara luchar por no dejarla ir. Era tan simple y sólo hasta ahora lo comprendía, sólo quería saber si él tendría las agallas suficientes para luchar por ella.<br />
 “¿Me entiendes?” le susurra él al oído apenas se separan sus bocas y ella le dice suavemente, casi suspirando en su oído “más o menos, ¿podrías repetírmelo… pero más despacio?”. Y entonces vuelven a la casa del ex-novio que no sabemos si ahora será el novio, o el amante, o el amigo, o el esposo, pero que sí sabemos que cierra la puerta tras de sí, dejando la cámara por fuera para hacerle comprender a los espectadores qué es lo que va a pasar esta noche.</p>
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		<title>Il Belpaese</title>
		<link>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2009/09/23/drunken-chats/</link>
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		<pubDate>Wed, 23 Sep 2009 20:24:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Many people seem to travel under the excuse that they need to get away, to get some space in order to seek and, eventually, find themselves. Cheers for them. I already have found myself –that is, to be accutely precise, I’ve found one of myselves– and it’s not a nice sight, to say the least. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Many people seem to travel under the excuse that they need to get away, to get some space in order to seek and, eventually, find themselves. Cheers for them. I already have found myself –that is, to be accutely precise, I’ve found one of myselves– and it’s not a nice sight, to say the least. I travel now because I need to get away from myself, from that arrogantly egotistical self I’ve discovered in me and to, maybe, hopefuly encounter a new self –one with which I, and everybody around me, can feel more comfortable. Since we’re not one, but many, one differente from each point of view (cfr. Uno nessuno e centomilla by Luigi Pirandello), I’ve come to the conclusion that changing drastically the points of view from which I’m regularly seen would be the fittest option to help me in this separation from myself and this eventual search for the other me. Thus, I’m in Italy, even if a remote land, one in which I’ve always felt like my second (or third, maybe) home, in an enviroment that I’ve known forever –even if I just taste it directly for the first time right now–, somewhere where I can feel comfortable and be who I am, without drastic changes, but yet look for myself in strange eyes, those which can speak louder truths about me and myself. Then, I hope, I’ll leave behind that self and return with not a differente one, but a better one. Because I know certain people that deserve that from me.<br />
	Now, you may know that I enjoy talking about myself a lot, but that I don’t write about me that merrily, so, until comeback, I hope I won’t have to pick through my soul that much.<br />
	Soaked in Limoncello and Grappa, I must tell you: “See you soon”.
</p>
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		<title>Nova Vita</title>
		<link>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2009/09/22/nova-vita/</link>
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		<pubDate>Tue, 22 Sep 2009 15:30:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>El Universo</category>
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		<description><![CDATA[	Se habían equivocado, aquellos estudiosos, se habían equivocado, por doscientos años y hacia el lado menos oportuno. Cómo es molesto cuando las cosas suceden antes de lo planeado. Las Autoridades apenas comenzaban a proteger nuestro planeta contra el presupuestado aumento de calor: “Pirx” –que es como llamamos aquí a nuestra estrella, que se encuentra en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Se habían equivocado, aquellos estudiosos, se habían equivocado, por doscientos años y hacia el lado menos oportuno. Cómo es molesto cuando las cosas suceden antes de lo planeado. Las Autoridades apenas comenzaban a proteger nuestro planeta contra el presupuestado aumento de calor: “Pirx” –que es como llamamos aquí a nuestra estrella, que se encuentra en el cuadrante H-1 de nuestra galaxia y que tenía una magnitud P-T, lo que digo por si sucede la improbable casualidad que alguien, alguna vez, encuentre esto y sienta el comprensible deseo de recordarnos– se iba a calentar de repente, su brillo y su temperatura irían aumentando paulatinamente cambiando, mientras tanto, todo en nuestro hogar. Este mundo que nosotros construimos, este que nos dio tanta alegría, este que moldeamos hasta hacerlo perfecto, este que veneramos como prueba innegable de nuestra capacidad de unirnos y de crear algo mucho más grande que nosotros, éste, nos comenzaría a mirar con desdén y nos expulsaría de su tierra, de la manera más grosera y maleducada, como en aquellas leyendas de antaño en las que el anfitrión, sintiendo esa extraña desazón, de la que me han contado pero nunca he llegado a comprender por completo, frente a sus huéspedes, los obliga a irse de su casa, gritando y golpeando cosas violentamente al azar, como si la presencia de otros le causara una molestia insuperable.<br />
 	Como si fuera poco, Pirx, un buen día, iba a estallar. Entonces nuestros océanos se evaporarían, nuestras casas se desprenderían en sus millones de partículas, nuestra gente se derretiría en cuestión de segundos y cualquier rastro de que alguna vez hubo vida en este planeta se borraría para siempre. Por eso las autoridades nos estaban protegiendo: reclutaron a todos los habitantes de nuestro mundo para cubrirlo de una protección especial contra el aumento repentino de calor que nos daría tiempo para buscar un nuevo lugar para habitar y para refundar nuestra tranquila existencia, un nuevo respiro para nuestra orgullosa raza de ávidos conocedores. Fue una labor ardua que ocupó a todos los miembros de varias generaciones, pero todos buenos trabajadores que obraban eficiente y diligentemente, completando el trabajo poco a poco, pero siempre de acuerdo a lo planeado. Yo mismo ayudé a instalar paneles desde Lem hasta Hleb, que distan entre sí unos PHS cirulios pero, como me doy cuenta ahora que, quizás, si alguien llegase a encontrar esto, no esté en capacidad de comprender nuestras seguramente superiores unidades de medida, mejor digo que cubrí casi un tercio del diámetro del planeta.<br />
Estábamos a punto de terminar esta gigantesca obra, siempre apegados al plan y confiados en que nos salvaríamos, pero se equivocaron, por doscientos años, no era esta generación la que se suponía tendría que vivir esto. Quizás nuestros nietos o bisnietos tendrían la responsabilidad de viajar y colonizar nuevos horizontes. Pero no nosotros. Nosotros sólo nos habíamos preparado para aguantar un rato más aquí, en nuestra casa, en nuestro hogar, hasta que no hubiera más opción que buscar nuevos horizontes. Pero ese no era nuestro destino, eso no era lo que nos había dicho el Universo.<br />
Antes de instalar los últimos paneles (sobre Wysla) que nos habrían dado el tiempo suficiente para poder considerar nuestras opciones y decidir qué hacer con nuestra especie, la temperatura comenzó a aumentar con una furia inesperada e ininterrumpida. Pensamos que era un imprevisto menor –una fluctuación, nada más–, así que decidimos proseguir con el plan, que a mí se me antojaba inquebrantable. Sin embargo, los trabajadores sucumbieron ante el aumento indetenible de la temperatura y fracasaron consumiéndose en cenizas por lo que no hubo que esperar mucho para que Wysla –y todos sus habitantes– desaparecieran sofocados.<br />
La posición oficial fue la de no preocuparse, el plan aún se podría llevar a cabo, sólo con ligeras alteraciones, a fin de cuentas, la Autoridad misma lo había confeccionado y, como representante de toda la inteligencia insuperable de nuestra raza, no había razón alguna para considerarlo como algo diferente a infalible.<br />
De todas maneras, confieso que llegué a sentirme nervioso por un momento, en Wysla habíamos perdido a varios pensadores y Autoridades que podrían haber sido de gran ayuda como intérpretes de los designios del Universo y guías hacia nuestro nuevo hogar. Pero no retuve este pensamiento por mucho tiempo y, en cambio, consideré que nuestro conocimiento ya es generalizado (no meramente particular, como en etapas anteriores y lejanas de nuestro desarrollo) y como la raza insuperable que somos, sería fácil encontrar cómo reemplazar aquellas mentes perdidas. Así que volví a mis labores para sacar adelante a nuestra raza y pensé que, en cualquier caso, sin importar ahora la cantidad de Autoridades perdidas, íbamos a cumplir con nuestro objetivo, mientras nos apegáramos al plan creado por nuestra inteligencia colectiva. La inteligencia, evidentemente, es parte esencial de quiénes somos y no nos permitiría fallar.</p>
	<p>Pronto fue, sin embargo, que entendimos que Pirx estallaría mucho antes de lo planeado y fue entonces que entendimos que las Autoridades se habían equivocado. Por doscientos años, se habían equivocado. Pero no fue realmente por doscientos años que se habían equivocado, no fue un mero error de cálculo lo que había ocurrido, fue un error de lectura: No supimos cómo leer apropiadamente los designios del universo. Porque pensamos que esa única inteligencia superior a la nuestra, que es el mundo que nos rodea, nos estaba pidiendo que abandonáramos nuestro mundo y nos estableciéramos en otro lugar, que era hora de llevar nuestra inteligencia por nuevos rumbos, de comenzar una nueva vida que partiera desde la perfección que ya habíamos alcanzado, que dejáramos cualquier rastro de nuestra evolución imperfecta atrás, que nos daba una oportunidad para olvidarnos por completo de nuestro pasado que ya, de todas maneras, nos parecía tan alejado. Pero la verdad de los designios era que Pirx había brillado antes de lo presupuestado porque nos quería decir que nuestro tiempo ya había llegado y, como dicen los sabios, ya era hora de que las estrellas nos llevasen a otro mundo.<br />
Nos demoramos en entenderlo –aún una inteligencia tan avanzada como la nuestra puede llegar a confundirse frente a los intrincados mensajes del Universo–, muchos pensaron que el mundo quería acabar con nosotros pues no quería arriesgar a que nuestra inteligencia degenerara, nos quería llevar en nuestro punto más alto, pero las Autoridades, más sabias, apuntaron correcciones diciendo que es hora de llevar nuestras desarrolladas mentes por nuevos planos de existencia. Hemos comprendido, finalmente. Hemos abandonado nuestros avances y nuestra búsqueda por proteger nuestro mundo y nos hemos dedicado a esperar. Mientras Pirx explota, nuestros paneles nos mantendrán relativamente frescos. Pero cuando llegue ese momento inevitable, el calor será tan monumental que ni siquiera tendremos tiempo para sentir dolor y, finalmente, el Universo nos mandará al lugar en el que nos quiere ver.</p>
	<p>A decir verdad, no estoy muy seguro por qué dejo este recuerdo. Toda mi raza se va a ir conmigo y aquí, en este segmento vivo del Universo –estamos completamente seguros– no quedará nadie. Hemos buscado a través de millones de métodos otra vida, otro tipo de vida, diferente a la nuestra, quizás similar, pero ajena a nuestro mundo. Sin embargo, a pesar de nuestros esfuerzos irrefrenables, no hemos encontrado rastro alguno. Y, si nosotros no hemos sido capaces de descubrir algo, poniendo toda la energía de nuestra inteligencia al servicio de la búsqueda, quiere decir que no hay nada que encontrar. Estamos solos, quizás por eso nos lleven a otra parte. Pero estamos solos y no quedará nadie para recibir este mensaje que ahora dejo navegando con mi voz entre las estrellas. De todas maneras, siento que necesito dejar constancia –y no de nuestra historia, o de nuestro gran conocimiento, porque ya nuestra raza ha enlistado, protegido y empacado todo lo referente a nuestra inteligencia para que, si por alguna razón surge alguna vez otro tipo de inteligencia en este mundo, pueda aprovechar de nuestros avances–, sino de un pensamiento que me surgió esta mañana que creo que aún nadie lo ha dejado registrado:<br />
Y es que tengo un hijo, es decir, tengo vario, pero hay uno en particular que es un poco extraño porque le encanta leer, pero no cintas, ni compactos telepáticos sobre las verdades científicas que nuestra raza ha logrado demostrar, como debería ser, sino que prefiere realizar el esfuerzo de pasear sus ojos a través de las páginas de aquellos antiguos libros polvorientos que algunos ancianos recordaban llamar alguna vez “ciencia-ficción” y que son mentirosos y hablan sobre gente que no existe, y quizás nunca existirá, en particular una raza que supuestamente habita en una galaxia lejana y casi invisible –aún con nuestros mejores telescopios–, que por su falta de luz no podría nunca albergar vida, pero que en esas patrañas la gente imaginaria no sólo vive allí, sino que además le tiene un nombre al lugar, “Vía Láctea”, sea lo que sea eso. En cualquier caso mi hijo, el lector, a quien he dejado llenar su cabeza con tales bobadas, pues creo que, en cualquier caso ya no podrían hacerle daño a nadie, me habla continuamente acerca de esa gente y de cómo están en continua lucha unos contra otros. Mi hijo, que además de lector de patrañas es un incrédulo, me preguntó ¿por qué, si nosotros somos una raza perfecta y la sabiduría del Universo es tan inmensa, vamos a ser nosotros los aniquilados y no aquella gente perniciosa? Las estrellas me iluminaron entonces y le respondí, que es el pensamiento que quiero dejar consagrado, que nosotros no vamos a ser aniquilados, sino que el Universo nos va a llevar a un mejor lugar y que esos personajes, en realidad, no existen y que, si algún día llegaran a existir, pues también les llegará su hora, pues el Universo es sabio y sabrá cuándo hacerlos ir. Como nos sucede a nosotros, pues es sabio que ya nos vayamos.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Asma</title>
		<link>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2009/08/03/asma/</link>
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		<pubDate>Tue, 04 Aug 2009 01:40:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>"Junior tu papá" y otras rimas quebradas</category>
		<guid>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2009/08/03/asma/</guid>
		<description><![CDATA[	Un neo-soneto que respira. Para que las masas lo disfruten.//
Vuelvo a ti, muchas veces suspirando
y atravieso las válvulas vetustas
llenas de polvo y músculo blando
que hacen angostas las vías robustas.
	Vuelvo a ti con el dolor de antaño,
con los silbidos y los sollozos
con que inflo tus bolsas de tal tamaño
que de tu vida me tomo un trozo.
	Y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><span style="color:#FFFFFF;">Un neo-soneto que respira. Para que las masas lo disfruten.//</span><br />
Vuelvo a ti, muchas veces suspirando<br />
y atravieso las válvulas vetustas<br />
llenas de polvo y músculo blando<br />
que hacen angostas las vías robustas.</p>
	<p>Vuelvo a ti con el dolor de antaño,<br />
con los silbidos y los sollozos<br />
con que inflo tus bolsas de tal tamaño<br />
que de tu vida me tomo un trozo.</p>
	<p>Y no te dejo por un simple encargo,<br />
ni porque se intente desterrarme.<br />
No te dejo y, en cambio, en ti duro.</p>
	<p>Y no te dejo más que un oscuro<br />
pasaje que no es digno de adarmes<br />
que le da a tu boca un sabor amargo.</p>
]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>Ateo</title>
		<link>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2009/08/03/ateo/</link>
		<comments>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2009/08/03/ateo/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 04 Aug 2009 01:33:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>"Junior tu papá" y otras rimas quebradas</category>
		<guid>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2009/08/03/ateo/</guid>
		<description><![CDATA[	Ateo(p) 
	En el principio era el verbo
y el verbo estaba con Dios
y el verbo fue el mismo Dios.
El poeta llegó primero
y el poeta estaba con Dios
y el poeta fue el mismo Dios.
Todo pobló con su voz
 y su voz llegó despacio
y el mundo llegó despacio.
Él lo llenó todo de amor
y ese amor de mercenarios
y a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><span style="color:#FFFFFF;">Ateo(p)</span> </p>
	<p>En el principio era el verbo<br />
y el verbo estaba con Dios<br />
y el verbo fue el mismo Dios.<br />
El poeta llegó primero<br />
y el poeta estaba con Dios<br />
y el poeta fue el mismo Dios.<br />
Todo pobló con su voz<br />
 y su voz llegó despacio<br />
y el mundo llegó despacio.<br />
Él lo llenó todo de amor<br />
y ese amor de mercenarios<br />
y a ese mundo de mercenarios.<br />
Cruzaron por varios años<br />
la Tierra al ir recreando<br />
palabras que iban creando.<br />
Y esas palabras, por los años,<br />
fueron creando nuevos bandos<br />
y la discordia recreando.<br />
O, bien, fueron avivando<br />
de las almas poco vivas<br />
el calor de brasas vivas.<br />
Así que el verbo fue quemando,<br />
dio cenizas muertas por vivas<br />
y maderas rojas, tan vivas.<br />
Y las palabras divinas<br />
pronunciaron con sarcasmo.<br />
Nació el mundo con sarcasmo.
</p>
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		<title>La Profecía</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jul 2009 21:07:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Lord Nollyt hizo lo que pudo por volver a ponerse de pie, había caído de rodillas y le causaba gran dolor el desdoblar sus piernas. Miró a su alrededor buscando encontrar su espada, los gritos de euforia de los muchos lugareños que habían logrado vencer el miedo para presenciar esta épica batalla ya no eran [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Lord Nollyt hizo lo que pudo por volver a ponerse de pie, había caído de rodillas y le causaba gran dolor el desdoblar sus piernas. Miró a su alrededor buscando encontrar su espada, los gritos de euforia de los muchos lugareños que habían logrado vencer el miedo para presenciar esta épica batalla ya no eran su motivación para seguir peleando, ahora sólo le interesaba salir con vida de esa locura. Puso ambos pies en el suelo y sintió que se caía hacia un lado, pero logró conservar el equilibrio abriendo sus brazos y cuasando gritos de desesperación en la multitud que veía que su última esperanza se estaba consumiendo. Vio su espada abandonada en el suelo hacia su derecha y, como notó que su enemigo estaba acercándose vertiginosamente, se lanzó para agarrarla. Tomó el mango de esa legendaria arma por segunda vez, la primera vez que o había hecho, hacía quizás una hora, había sentido el metal frío entre sus manos y se había preguntado una vez más, aglo desolado, por qué tenía que ser justamente él quien se encontrara ahí, en esa posición. Esa primera vez desenfundó la espada y, sin saber cómo, creó un sonido desafiante que emocionó a la gran masa que ya desde hacía un buen tiempo estaba allí congregada cuyo clamor y algarabía lo hizo distraer por un segundo de su objetivo y lo obligó a pasear su mirada contemplando el rostro de todos quienes dependían de él; rostros oscuros y sombríos todos, como aquel lugar en el que fueron condenados a nacer, rostros apagados y sumisos, acostumbrados a soportar el sufrimiento continuo y no esperar ninguna recompensa a cambio. En ese momento creyó esas historias de matronas y desocupados por un segundo, quizás él sí era el apropiado para liberar a todas esas pobres personas del peso que siempre los había agobiado. Alzó su espada y clamó al cielo que le ayudara a encontrarse con su destino, el destino de héroe. Fue entonces cuando el dragón le dio el primer golpe, lo arremetió con sus garras delanteras, rompió su armadura y alcanzó a desgarrarle parte de su costado derecho. Con un dolor que nunca antes había conocido, intentó seguir luchando. La segunda vez que empuñó su espada, volvió a sentir el metal frío, pero ahora no pensaba en tomarla para convertirse en el símbolo de aquel pueblo que clamaba por su ayuda, sino sólo sabía que la agarraba como pudiera para intentar salir con vida de ese desafortunado encuentro. La había logrado empuñar antes de que el dragón le diera un nuevo golpe, uno más que probablemente ya pasara la cuenta de los miles y que con seguridad sería el último que él podría sentir. Se puso en pie de nuevo con mayor dificultad que antes, levantó la espada con ambos brazos y la irguió en dirección del enemigo, reuniendo sus últimas fuerzas en un último grito de batalla después del cual se dio cuenta que no había hacia dónde arremeter, puesto que la bestia había finalmente abierto su boca y él, irremediablemente, encontraría su destino dentro de sus fauces.<br />
	Lord Nollyt, que no era realmente un lord, logró entrar a ese animal acompañado de su espada así que, mientras se movía lentamente en el proceso de digestión de la enorme bestia, intentó usar aquella arma legendaria sobre la cual había escuchado tantas leyendas y a la que se le atribuían tantas proezas. Pero no conseguía ni un rasguño, el dragón era tan duro por dentro como por fuera. Maldijo su suerte y maldijo el momento en el que se había dejado convencer por tal charlatanería. Él había llegado a ese pueblo como un simple mensajero del verdadero Lord de Nollyt, un pueblo muy al sur de donde se encontraba actualmente, tuvo la desgracia de llegar en el momento de la única fiesta al año que demonios y bestias locales permitían celebrar cada año. Bebió tanto que no se acordaba de qué había sucedido, pero cuando se levantó descubrió que los locales lo llevaban a hombros porque, por alguna razón, de alguna manera sobre la cual nadie se podía poner de acuerdo, él había conseguido la muerte de uno de los más grandes azotes del lugar: un gnomo ágil, ingenioso y malvado cuyo cadáver él mismo vio un poco más tarde atravesado por el cuchillo que solía llevar consigo en caso de encontrarse con ladrones. Todo el pueblo lo aclamó y, en actos solemnes, fue declarado Lord por las autoridades del lugar, se le fue encomendada la seguridad de la zona y se publicó un decretó oficial en el que se declaraba que todos los habitantes debían estar a plena disposición para cualquier orden que diera el nuevo Lord que fue comenzado a llamar por su lugar de origen, puesto que carecía de apellido. Rápidamente, el nuevo Lord Nollyt se enteró que él era “aquel del que habla la profecía”, puesto que esta vaticinaba que sólo un extranjero podría vencer las fuerzas del mal que se asentaban en ese lugar y que lo haría, venciendo sus primeros enemigos sin darse cuenta. Supo que muchos otros extranjeros habían llegado con la esperanza de ser quienes mencionaba aquella leyenda, pero que todos habían llegado engreídos y sólo buscando fama, gloria, reconocimiento y, quizás, a largo plazo, la mano y las posesiones de una princesa, como en aquellos cuentos de caballería que a veces se escuchaban. Pero todos, por fuertes, valientes o inteligentes que fueran, habían fallecido dolorosamente, sucumbiendo siempre antes de lo pensado ante las fuerzas del mal. Uno de los habitantes del lugar tenía un almacén en la parte trasera de su casa donde guardaba los restos de todos aquellos que perecieron porque no eran quienes la profecía necesitaba que fueran. Lord Nollyt fue llevado allí una vez, para que pudiera contemplar cuántas muertes debía vengar t cuán importante era que él se encontrara con su destino. Él olió allí la putrefacción y vio la descomposición y no pudo evitar vomitar, así que pensó que quizás él no era a quien buscaba la profecía de aquel desdichado lugar, quizás sería sólo un accidente y quizás deberían esperar a alguien más fuerte. Pero en el pueblo estaban cansados de esperar y le dijeron que él era el primero, durante toda la historia del reino del mal en ese lugar, en acabar con alguno de sus representantes, sin darse cuenta, estaban seguros que él era el indicado. Él reflexionó y, aunque seguí incrédulo, sijo que, quizás, podría intentarlo.<br />
	El pueblo celebró su decisión y se dispuso a armarlo para que pudiera llevar su lucha hasta el fin. Lo proveyeron de armaduras, caballos, escuderos y, sobretodo, de su espada, aquella espada que había existido por tanto tiempo que ya nadie recordaba cómo había llegado a existir, aquella legendaria extansión de metal que, algún día, un día que parecía siempre tan lejano, iba a sacarlos a todos de sus pesares. Se ocuparon también en entrenarlo, combate cuerpo a cuerpo, manejo de armas y equitación y, para sorpresa y alegría de todos, mientras intentaba manejar un caballo, aplastó con su animal a un elfo venido de la parte de la maldad que había sido enviado como espía para enterarse cuál era el supuesto elegido y que no entendía cuál era el tal alboroto por un flacuchento pueblerino con buena suerte. Cuando se descubrió el cadáver de este nuevo enemigo abatido, hubo nueva fiesta, pues ya no quedaba en duda que Lord Nollyt era el designado por el destino para salvarlos. Pronto fue llevado hasta el lugar donde podría vencer definitivamente a esa nube negra que se imponía sobre ellos, la guarida del enemigo más grande de todos, el escondite del dragón.<br />
	Cuando estaba dentro de él, mientras maldecía su suerte y su credulidad, la de haberse dejado convencer muy adentro de estimular su ego con la idea de poder llegar a ser un héroe épico, recordó al gnomo y al elfo y a unas cuantas hadas y un par de duendes, todos muertos por él y todos por mera casualidad. Así que soltó la espada con la que no había dejado de golpear los intestinos por los cuales descendía sin freno y decidió esperar a que se cumpliera su destino. Quizás, para ser héroe épico tendría que morir mientras creaba su leyenda. Pero eso estaba bien, sabía que iba a vivir en el recuerdo durante muchas más generaciones que las que su mera existencia mortal le hubieran permitido. Se dejó resbalar y, luego de un agónico viaje, finalmente fue devorado por los jugos gástricos del inmenso animal.  El pueblo que estaba allí reunido presenció en silencio sepulcral el momento en el que su héroe se convertía en gases dentro de la bestia y, poco a poco, comenzaron a recobrar la cordura y a escapar tan rápido como les fuera posible, del peligro.<br />
	Sólo unos pocos se quedaron para presenciar cómo el dragón comenzó a retorcerse, intentando gemir gritos de dolor que se le quedaban estancados. Los pocos restantes se le acercaron mientras que él se revolvía en el suelo intentando salvarse. Los escasos valientes llegaron a acercarse tanto como para verle los ojos, que parecían lacrimar y pedir ayuda. Entonces, cuando alguien se iba a acercar para celebrar su próxima muerte, el dragón eruptó y chamuscó a todos los que se encontraban cerca. Luego, sin darse muchos problemas, se alejó volando para volver algún otro día a tormentar aquel pueblo desdichado. Los habitantes que sobrevivieron se quedaron, temerosos, sin hacer nada, sólo esperando que llegara el extranjero de la profecía.</p>
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