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	<title>el rinconcito de POL</title>
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	<description>El primer blog en perspectiva (¡Ahora también en isometría!)</description>
	<pubDate>Wed, 28 Sep 2011 07:10:10 +0000</pubDate>
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		<title>Túmbilis</title>
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		<pubDate>Mon, 24 May 2010 06:09:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[	Dios ha muerto. Lo seguirán en su camino otros ídolos y otros íconos. Es el curso natural de las cosas, así ha sido siempre y así siempre será. Ya cayeron los olimpianos, los residentes del Val-Hala y los hijos de Viracocha. Los siguieron los trenes, las monarquías y los peinados tipo &#8220;Alf&#8221;. Los seguirán los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Dios ha muerto. Lo seguirán en su camino otros ídolos y otros íconos. Es el curso natural de las cosas, así ha sido siempre y así siempre será. Ya cayeron los olimpianos, los residentes del Val-Hala y los hijos de Viracocha. Los siguieron los trenes, las monarquías y los peinados tipo &#8220;Alf&#8221;. Los seguirán los tecnófilos, la alineación inicialista della Associazione Sportiva Roma, los cantantes de karaoke y los hábiles para Guitar Hero. Y todo lo demás, también. Pero, por ahora, se les une Blogsome para poder dejarle paso a nuevas adoraciones.<br />
Yemanyá, tú que todo lo puedes (amar), compárteme un poco: <a href="http://elrinconcitodepol.tumblr.com">http://elrinconcitodepol.tumblr.com</a>
</p>
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		<title>To-do</title>
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		<pubDate>Sat, 15 May 2010 04:52:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[	<p>Todos los libros que he abierto y no he sabido cuándo acabar me pesan en la espalda, hacia el medio de la columna vertebral, a veces creo que un poco más a la derecha que a la izquierda. Todos, todos se acumulan sobre mí, todos los cuentos que he comenzado y no he sabido cómo acabar, todos los planes de novelas apenas esbozadas, todas las cartas que he comenzado y no he tenido el valor de ponerles punto final, todas las conversaciones que me han atrapado sin saber cómo seguirlas, todas las miradas volteadas incómodamente, todos los abrazos acabados prematuramente, todos los besos interrumpidos por un abusivo sentido de la vergüenza todo. Lo llevo todo ahí encima, cual silletero, pero yo nunca he sido fuerte ni de huesos, ni de corazón, ni de alma. Por eso me estoy jorobando, por eso ahora cargo con mi lumbago, por eso ahora camino despacio por la calle, con extremo cuidado pues aún no he conseguido un bastón y por eso, cuando un viejo amigo se tropieza conmigo me dice “¡cómo te estás torciendo!”. Sí, cada día más, me aplana el mundo, pasa sobre mí y yo no sé cómo alzarlo. Lo haría, lo intentaría, sí que lo haría, pero siempre tengo libros por terminar, cuentos por escribir, novelas por firmar, cartas por entregar, conversaciones por comenzar, miradas por encontrar, abrazos por sostener, besos por dar, todo, todo me espera y se me hace tarde y no voy a alcanzar. ¿Lo ven? Estoy atado, comprometido en otros asuntos, ¿cómo voy a preocuparme por mi espina si tengo tantas cosas en las que pensar primero? Me tendrá que esperar el techo, yo sé que se está cayendo sobre mí, pero no puedo preocuparme por él si no soluciono lo demás antes. ¿Cuándo más voy a tener tiempo para ocuparme de eso? No, no. Si reparo el techo, luego viene una y otra cosa, y entonces me quedarán cuentas por pagar, amigos por agradecer, escombros por barrer, doctores por visitar, historias por escuchar mientras intento no embriagarme de whiskey para pasar el aburrimiento, reposos por tomar lejos del escritorio y terapias por intentar enderezarme. Pero no, primero lo primero, tengo que ir a comprar esferos, buscar papel en blanco, pulir mi teclado, comprar tinta, encontrar concentración, conseguir estampillas, convencerme de que el correo todavía es una vía válida de comunicación, mancharme todo de morado oscuro y buscar jabón para limpiarme por las noches. ¿Pero cómo voy a hacer todo eso si estoy casi en ángulo recto? Se me suben las palabras que nunca dije, los suspiros que nunca quise traducir, los viajes que nunca pude hacer, las películas vistas a medias, las fotocopias rayadas hasta la mitad, los silencios que dejé en silencios y nada más, las canciones que aún no he aprendido, los discos que no he escuchado enteros, los videos que nunca he editado, los dibujos que nunca he delineado, las llamadas que nunca he hecho, los correos que nunca he respondido, los planes que nunca han sido más que eso, los corazones que dejé a medio romper, los idiomas que dejé a medio aprender. Todo. Y yo, ¿yo qué voy a hacer para terminar todo esto? ¿Yo qué voy hacer para aliviar el peso de mi espalda? ¿Yo cómo voy a poder hacer algo si lo único que sé hacer es comenzar?
</p>
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		<title>Llaves</title>
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		<pubDate>Mon, 10 May 2010 23:59:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[	 	Una vez mi hermano mayor que, por varias razones, más que mi hermano, es mi amigo, no me invitó, sino que yo me aparecí en su casa que en aquel entonces quedaba por Queens, NY. Él tenía que trabajar y como yo me quedé algo más de un mes, me la pasaba caminando por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p> 	Una vez mi hermano mayor que, por varias razones, más que mi hermano, es mi amigo, no me invitó, sino que yo me aparecí en su casa que en aquel entonces quedaba por Queens, NY. Él tenía que trabajar y como yo me quedé algo más de un mes, me la pasaba caminando por Manhattan, buscando libros, intentando comprar cerveza, viendo mujeres pasar por Central Park y yendo a un pub irlandés a no entenderle nada a nadie y ver la Eurocopa mientras él estaba aburriéndose en la oficina. Un día en particular, regresamos los dos de “The City” en la línea R del metro sin hablarnos mucho, no recuerdo bien por qué, pero supongo que él había tenido un mal día en un trabajo que odiaba, que estaba algo cansado de mí que a veces soy una plasta y una molestia y que nunca logro expresarle a nadie lo agradecido que estoy, o que tenía ese cansancio que nos da a todos de vez en cuando de nuestros hermanos menores (y yo hablo con propiedad de esto, porque tengo dos hermanos y una hermana de tal tipo). Caminamos las tres cuadras desde la salida de la estación hasta la entrada de su edificio en una calle adyacente al Long Island Expressway en Rego Park, mientras él pensaba en cualquier cosa y yo intentaba leer los letreros en cirílico regados por varios negocios del barrio; entramos y saludamos al portero boricua y nos encaminamos al ascensor pensando en el calor tan agresivo que estaba haciendo ese verano. Puesto que no había muchos juegos de llaves y yo no soy bueno para madrugar y siempre salía después de él de la casa, yo me quedaba con el llavero y lo paseaba por el Estado de Nueva York, hasta que él me llamara y me dijera que era momento de volver a la casa. Por lo tanto, cuando el ascensor se acercaba al piso de destino, él me preguntó secamente: “¿Llaves?”, a lo que yo respondí con uno de esos ataques de inspiración que casi nunca me da “Hasta la muerte, brother”. Él se rió y terminamos abrazándonos, alegres de la oportunidad del chiste. Luego entramos a la casa y vimos algún partido o jugamos Super Smash Bros.: Brawl hasta que nos dolieran los brazos, o futbolito en FIFA 2009 para Wii, o quién sabe qué hicimos, pero seguro que nos divertimos.
</p>
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		<title>La fiamma dei nomi</title>
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		<pubDate>Mon, 10 May 2010 23:55:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[	Desde la primera jornada del Decamerón surge una inquietud al describir el narrador a “siete jóvenes señoras (&#8230;) todas discretas y de sangre noble y bellas de aspecto y adornadas de buenas costumbres y de gentil honestidad” (126-127), a quienes el narrador quiere proteger –quizás, justamente, por esta condición de nobleza–, diciendo: “yo diría sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Desde la primera jornada del Decamerón surge una inquietud al describir el narrador a “siete jóvenes señoras (&#8230;) todas discretas y de sangre noble y bellas de aspecto y adornadas de buenas costumbres y de gentil honestidad” (126-127), a quienes el narrador quiere proteger –quizás, justamente, por esta condición de nobleza–, diciendo: “yo diría sus nombres verdaderos si justa razón no me lo impidiese, y es ésta: que no quiero que alguna de ellas en lo sucesivo pueda avergonzarse de las cosas relatadas por ellas (&#8230;); ni tampoco darles pie a los envidiosos, dispuestos a criticar cualquier vida respetable, a disminuir en modo alguno la honestidad de las ilustres señoras con desconsideradas habladurías” (127). El narrador aclara que, “para que en lo sucesivo pueda comprenderse sin confusión lo que cada una dijo, pretendo llamarlas con nombres en todo o en parte apropiados a la índole de cada una” (127) y la duda que surge, luego de ver cómo el narrador opina que cada nombre tiene una razón de ser, pero no especificar cuál es esta (por ejemplo, dice: “y a la última no sin razón la denominaremos Elissa” (128), sin aclarar más) es, entonces, ¿en qué sentido es apropiado el pseudónimo que le otorga a cada una? Y, si, como el narrador parece haber sugerido, este nombre falso corresponde a la esencia de cada una (y a la de los tres hombres que se unen a ellas), ¿esta esencia se manifiesta también en los relatos que cada uno cuenta a lo largo del libro? En los acontecimientos y relatos de la primera jornada, algunos de estos personajes hacen evidente esta relación onomástica.<br />
El primero de los diez personajes que narran las historias en ser mencionado en el libro es Pampinea, cuyo pseudónimo, según las notas de Hernández, viene de una raíz que denotaba en el Toscano de la época de Boccaccio “exhuberancia” y “orgullo”, es “la de más edad” (127), y es descrita como poseedora de “real señorío y autoridad” (138), lo que parece estar en concordancia con que sea ella quien delimite en primer lugar las reglas para narrar los cuentos y que sea quien reciba en primer lugar el título de “reina de la jornada”. “Pampinea”, entonces, parece hacer referencia a una mujer de clase alta ya recorrida en el mundo social que entiende cómo organizar y cómo mandar, lo que es demostrado por el hecho de que es ella quien divide y otorga las labores de los criados y estos la acatan sin protestar. Su historia, la décima y última de la primera jornada trata sobre un hombre que hace avergonzar a una mujer que lo quería hacer avergonzar a él valiéndose del coqueteo y el engaño, dando cuenta de las argucias y minucias sociales que sólo una cortesana, como la mujer que se ha descrito que ella es, podría conocer, opinando además que “las ingeniosas ocurrencias son [el ornamento] de las loables costumbres y de las gratas costumbres [que] son más propias de las mujeres que de los hombres” (201), revalidando tanto el uso de ingenio por parte de los hombres, como demostrado en el cuento, como la de las mujeres.<br />
En segundo lugar es presentada Fiammetta quien, con ese pseudónimo (cuya traducción del italiano corresponde al diminutivo de “llama de fuego”), parece remitir a la pasión que la amada despierta en el corazón del que la contempla, a la llama viva que es metáfora stilnovista comúnmente asociada al amor. Sin embargo, el fuego al que hace referencia sui nombre no remite a un ánimo exaltado, como se podría llegar a pensar, sino a la personalidad animada de una persona que frecuentemente es vista divirtiendo a los demás al tocar la viola y que cuenta sus relatos “con gracia y con gesto alegre” (179), una vida tranquila al saberse no quien lleva el fuego en su corazón, sino quien lo produce en los corazones ajenos. Por todo esto, y por su relato, el quinto de la primera jornada, sobre una mujer que ingeniosamente no se deja seducir por el rey de Francia, demuestra un amplio conocimiento sobre los vericuetos del amor y sobre la astucia que cualquier mujer necesita dominar para poder transitarlos.<br />
Luego es presentada Filomena, “la amada”, según la etimología griega de su pseudónimo”, “que era muy prudente” (132) y que, por esto, puede coronar a la primera reina y ser coronada la segunda e imponer la nueva regla de ceñirse a un tema cada jornada para narrar los cuentos. Su cuento, el tercero, previsiblemente, es sobre la prudencia y cómo esta salva al judío Melquisedec de la trampa que le había tendido Saladino.<br />
También aparece Emilia, “la cariñosa”, según las notas de Hernández, de quien no se dice mucho más en esta primera jornada además de mostrarla cantando los versos que la cierran en los que se entrega a una alabanza casi narcisista de su belleza y se alegra por no tener que depender de nadie más que de su propia dulzura. Su confianza la lleva a exclamar “pues yo tampoco callaré” (184) al comenzar su narración, la sexta de la jornada, exponiendo, sin miedo a reprimendas, la hipocresía de los miembros de la Iglesia.<br />
Lauretta es quien sigue en el orden de presentación y su nombre remite inmediatamente a la amada de Petrarca y se entiende como una de las mujeres que despierta pasiones, concepto reafirmado por el hecho de que ella sea quien guíe la danza (con todas sus connotaciones eróticas) del final de la primera jornada. En su historia, la octava, se habla sobre la avaricia de los hombres, pero se pierde en una larga diatriba opinando cómo los del presente no son tan buenos como los del pasado pues sólo buscan crear discordia. Lauretta parece aprovechar el momento particular en el que se cuenta su historia y el hecho de despertar pasiones para hacer este comentario que probablemente sería socialmente rechazado en una situación normal. Pero, aún así, siente la necesidad de disculparse por salirse de las reglas de contar sólo relatos agradables al decir: “el justo enojo me ha desviado más de lo que yo creía” (197).<br />
También está Neifile, “la nueva en el amor” según la raíz griega de su nombre, quien cuenta el segundo cuento de la jornada, sobre un judío que, después de contemplar la corrupción de la Iglesia Cristiana, decide convertirse a esa religión en un giro divertido de acontecimientos. De su nombre se puede intuir su juventud y, por lo tanto, su ingenuidad y su propensión a contar historias divertidas, aunque planas.<br />
La última mujer en ser presentada es Elissa, referencia a “Dido”, nuevamente según Hernández, quien cuenta el noveno cuento sobre cómo el ejemplo de una mujer convierte en valiente al cobarde rey de Chipre. La relación con la reina virgiliana (y su simbolismo de “eterna enamorada”) no parece tan evidente aquí, más allá de la fuerza femenina que logra reinar con justicia un país, pero irá apareciendo paulatinamente mientras trascurren las jornadas.<br />
También aparecen tres hombres, de los cuales el más destacable es Dioneo, el tercero en aparecer, cuyo pseudónimo remite al dios romano del vino y la celebración, que, además, era el más joven, más agradable y lleno de ocurrencias” (136), que es conocido por la reina Pampinea como “un hombre divertido y alegre” (209) y a quien es usual ver iniciando las festividades al tocar su laúd, representando fielmente al “espíritu dionisiaco”. Dioneo cuenta su historia, la cuarta de la jornada, “sin esperar mandato alguno de la reina” (173), evidenciando un cierto desacato por las normas establecidas, pero lo hace “[porque] sabía que por el orden iniciado ya le tocaba decir” (173), es decir, sin apartarse completamente del nuevo orden social que se ha creado entre los diez personajes. Dioneo opina que el principal objetivo para contar sus cuentos es causar placer y por eso dice: “estimo que a cada cual le es lícito (&#8230;) contar el cuento que crea que más pueda agradar” (173) y, por la misma razón, le pide a Filomena no estar sujeto a la ley que restringe la narración de cuentos a un tema por jornada, aceptando la condición ser el último en contar cada día, para poder contar cosas que diviertan el ánimo de sus compañeros. Su cuento sobre cómo un monje logra que su superior no lo denuncie al haberlo encontrado en el mismo delito por el que lo quería condenar, “hirió al principio con un poco de vergüenza el corazón de las señoras que escuchaban” (179), pero por la gracia de Dioneo al contarlo y su caracter inevitablemente simpático, las mujeres, “pudiendo apenas contener la risa, lo escucharon sonriendo” (179).</p>
	<p>Bibliografía<br />
Boccaccio, Giovanni. Trad. María Hernández Esteban Decamerón. Madrid: Ediciones Cátedra,<br />
2005. </p>
	<p>(Categorizado bajo: cosas que a nadie le importan)
</p>
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		<title>Zack Robson</title>
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		<pubDate>Wed, 05 May 2010 03:18:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	I.
Zack Robson, reconocido cronista del Pennsylvania Tribune, publica en la editorial neoyorquina The Times un nuevo volumen para su colección de crónicas y reportajes que investigan y analizan la sociedad norteamericana vista desde los ojos de quienes fueron sus íconos culturales y populares más relevantes. En Can’t Get Enough of That Funky Stuff, particularmente, se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>I.<br />
Zack Robson, reconocido cronista del Pennsylvania Tribune, publica en la editorial neoyorquina The Times un nuevo volumen para su colección de crónicas y reportajes que investigan y analizan la sociedad norteamericana vista desde los ojos de quienes fueron sus íconos culturales y populares más relevantes. En <em>Can’t Get Enough of That Funky Stuff</em>, particularmente, se les sigue el rastro a seis integrantes de la escena musical neoyorquina de los ‘70 que, a mediados de la década del 80, coincidieron en Mercy Hall, una clínica psiquiátrica al norte del Estado de Nueva York en la que se admitían pacientes con problemas de drogadicción, alcoholismo y otro variado listado de condiciones. Robson busca en específico a estos seis personajes porque todos ellos compartían la característica de, bajo la excusa de otros problemas más “aceptables”, haberse internado víctimas de ese virus extraño que ahora conocemos como “VIH”, para evitar el escarnio y el ostracismo del resto de la sociedad. Casi todos los personajes principales han sobrevivido a su lucha contra este mal pero uno, Jim Goldstein, ejecutivo de una casa disquera que había estado en contacto con todos los músicos de esta historia previamente a su ingreso a la clínica, se dejó vencer y falleció en diciembre de 1995. Su entierro fue el primer punto de encuentro entre Robson y sus personajes pues allí los otros cinco se reunieron a despedirse de su amigo y compañero de sufrimiento y revivir su memoria contando historias de sus aventuras tanto en la clínica, como en la vida alocada en la que, en algún momento u otro –ninguno está muy seguro de cuándo–, contrajeron la enfermedad. Sus memorias, sin embargo, han sido atrofiadas por el consumo excesivo de ciertas substancias, creando huecos y contradicciones que le han llamado la atención suficientemente a Robson para investigar más a fondo e interrogarlos, a veces en solitario, a veces en grupo, sobre aquella época de su vida que parecen no querer recordar por completo. Allí aparecen las voces de Lauryn Richardson, cantante de disco rechazada como corista por Chic y por Sister Sledge por su propensión hacia las drogas –y, en particular, las llamadas “fuertes”–; la de Malcolm “Riff” Booker, bajista de disco y funk que llegó a tocar en conciertos para Parliament y Funkadelic, pero que confiesa que sus abusos con el alcohol y su afición a buscar pelea le hicieron perder el rumbo en su carrera y que se dedicó a ritmos más calmados después de enterarse de su contagio; la de Lee Johnson, “el hombre blanco com más blues del planeta” (según un crítico de <em>NME</em>), quien decidió romper las tradiciones de su natal Georgia al no optar por el country o el bluegrass y quien se ha martirizado las últimas décadas pues está seguro de que fue él quien contagió a Goldstein al acostarse con él luego de una borrachera celebrando el 4 de julio; la de Bonifacio “Benny” Pérez, salsero bravo cuya voz fue apreciada por los salsómanos más devotos, poniéndolo al mismo nivel que Henry Fiol, o Los Hermanos Lebrón, pero que nunca pudo pegar un éxito en el ‘mainstream’ y quien confiesa, calladamente, que cree haber sido él quien contagió a Goldstein al haberle prestado una aguja para inyectarse heroína, luego de haber tenido una línea innumerable de mujeres con las que se había acostado; y la de Julia Harlow, pianista clásica de Juilliard que de vez en cuando ayudaba a Benny en sus conciertos y que es quien recuerda menos de todo lo sucedido y la única que aún no le encuentra alguna posible explicación a su contagio pues su memoria, mucho más que la de los otros, está completamente destrozada.<br />
El libro, entonces, se compone de relatos fragmentarios, pequeñas epifanías y cortas narrativas sobre noches de locura en Studio 54, o por las calles de Harlem; de episodios entrecortados de sexualidad descuidada, de avergonzadas confesiones de abuso de jeringas y de una larga lista de vacilaciones sobre qué es lo que estaba pasando en aquellos momentos que parecen tan nublados, pero que todos, al irse reuniendo, crean un entramado que, si bien no logra resolver todas las incógnitas escondidas tras esta amnesia inducida, sí logran dar cuenta de un país que sólo crea héroes por el placer de verlos destruidos después, sea cual sea el pretexto como, en este caso, el Virus de la Inmunodeficiencia Humana, enfermedad como la Peste, con la que parece que son pocos los que se quieren solidarizar.<br />
II.<br />
Traducción de un extracto del capítulo 3 por Santiago Carrizosa:<br />
Cuando me enteré que había sido contagiado, ni siquiera sabía muy bien qué era lo que tenía, la ciencia médica no había avanzado lo suficiente para decirme qué me estaba pasando. Lo único que yo sabía era que tenía algo malo, algo tan malo que estaba haciendo que todos se alejaran de mí. La gente, mis mismos amigos, ya no se atrevían a tocarme, algunos hasta se tapaban la nariz cuando me veían cerca. Era justo lo que mi madre me había advertido: el alcohol me iba a llevar al infierno, me iba a quitar todo lo que amaba, me iba a dejar solo. Tuve que ir una vez hasta la iglesia de mi mamá en Queens para entender que esta era la forma que Dios tuvo para advertirme que estaba haciendo las cosas mal. Me senté unas semanas a escribir algunas canciones para pedir perdón y le mostré algunas a George Clinton, pero él me dijo que eran canciones de derrota y él sólo quería grabar canciones de festejo, estaba tan preocupado por exaltar el “Poder Negro” y la “Casa Negra” y todo eso, que no logró darse cuenta que los negros también nos estábamos infectando con esto y que también nosotros necesitábamos ayuda. Me sentí tan solo que decidí que no había más remedio que marginarme, apropiarme de mi soledad. Por eso accedí a internarme en Mercy Hall, pues, si bien pensé que seguiría igual de solo, al menos habría especialistas que supieran cómo tratar mi condición y, además, me ayudarían a terminar de dejar mi adicción. Pero, para no sentirme irremediablemente solo, me llevé mi guitarra y ahí comenzaba a cantar por el patio todo lo que se me ocurriera, para nadie más que los pájaros, supongo, o para no sentir la angustia del síndrome de abstinencia musical, ya sabes, cuando dejas de tocar instrumentos por mucho tiempo y te comienza a hervir la sangre por dentro, la desesperación más grande que se pueda sentir. Un día comencé a cantar una de las canciones por las que había sido rechazado, que se llama “Hello” y que tiene un ritmo bastante relajado, con versos largos y un gran dolor en su letra, cuando vi que un tipo, que luego me dijo que se llamaba Lee, se había sentado a escucharme y a aplaudirme. Desde entonces, cada vez que nos veíamos, Lee me decía “Oye Riff, ¡‘cántame ese Hola’ !” [<acronym title="'Sing 'Hello' to me!' en el original. (N. del T.)">1</acronym>]. Lee terminó haciéndole arreglos de blues y, de vez en cuando, todos los pacientes nos reuníamos a cantarla. No sé por qué les gustaba tanto, para mí era sólo un tarareo sobre mi adicción, pero creo que quizás los demás la apreciaban justamente por eso, porque la había escrito alguien que los entendía, venía del puño y de la boca de otro adicto. Lee la sabe cantar mejor que yo pero, si no la recuerdo mal, va algo así:</p>
	<p>I said “hello” and all my sorrow came back to me.<br />
I said “hello” and all my pain and nightmares<br />
made a return from that lower top-shelf<br />
where I used to grow all my fears in darkness.</p>
	<p>I bought new clothes just to get rid of your smell,<br />
I fought drug lords just to get me out of that place,<br />
and with their blood my shirt got covered in stains,<br />
But I said hello and everything went straight to hell.</p>
	<p>Now, gimme some shelter,<br />
gimme some shelter now.<br />
Gimme some shelter,<br />
don’t give me a chance.</p>
	<p>With all my bones so close to touching the ground<br />
picked myself up and tried real’ hard to frown,<br />
but I said “hello” with a big smile on my face<br />
because I know that old habits are the toughest to get.</p>
	<p>She came back home and told me I should really let her in<br />
So she left her stuff hangin ‘round all of my place<br />
and now I know this kind of lesson I’m never gonna learn:<br />
Never say “hello” to a girl with such a grin on her face.</p>
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		<title>De abrazos rotos</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Apr 2010 02:28:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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s.m.
	1 sm
aspetto di un luogo che si abbraccia con lo sguardo&#8221; (I)

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			<content:encoded><![CDATA[	<p>&#8220;<acronym title="pa-e-sàg-gi-o">paesàggio</acronym>    [pae&#8217;zadʤo]<br />
<em>s.m.</em></p>
	<p>1 <em>sm</em><br />
aspetto di un luogo che si abbraccia con lo sguardo&#8221; (<a href="http://www.dizionario-italiano.it/definizione-lemma.php?definizione=paesaggio&#038;lemma=P0032400">I</a>)
</p>
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		<title>16 Aprile</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Apr 2010 05:39:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Questo spazio è vuoto
[come il mio cuore].

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			<content:encoded><![CDATA[	<p>Questo spazio è vuoto<br />
[come il mio cuore].
</p>
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		<title>Llovía</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Apr 2010 05:18:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Este debería ser un poema para la lluvia, pero no es un poema, no porque no esté en versos, ni porque no tenga métrica, o carezca de poeta que lo avale, sino porque no es poema, porque no está para quedarse inerme ante las circunstancias, sino para caer, de a pedazos, sobre las cabezas y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>Este debería ser un poema para la lluvia, pero no es un poema, no porque no esté en versos, ni porque no tenga métrica, o carezca de poeta que lo avale, sino porque no es poema, porque no está para quedarse inerme ante las circunstancias, sino para caer, de a pedazos, sobre las cabezas y entre los pelos, como frías caricias y duros cocotazos que piden reacción. Tampoco es cuento porque no va para ninguna parte o, bueno, sí, pero a ninguna en especial, ninguna en particular, sino a todas a la vez (o una después de otra, casi siempre, por alguna razón comenzando en Fontibón o Engativá para luego acercarse a Chapinero, Teusaquillo y Santafé y más tarde perseguir a conductores por la Séptima o la Autopista hasta Usaquén y Suba, ¿por qué? No lo sabré yo), como una sombra intermitente, como un código binario: “mojado / seco / mojado / mojado / seco”, sobre puntitos, sobre la crin, sobre las sienes, sobre los hombros, sobre las que se acercan, sobre las que se limpian molestas, como hilos de Ariadna que cubren todo y dejan pasar todo y abarcan todo lo demás. Ni es novela porque, para desgracia de los más aburridos críticos, es corto, cortísimo, brevísimo, casi (no, ¿qué carajos con el casi?) despreciable, porque nunca tendrá la fuerza con la que las nubes se desparparran sobre esta pobre capital ignorada por meteorólogos y adivinos que no saben qué hacer con ella (va a llover, algún día… y duro, ¿cómo no?), nunca caerá con la masa uniforme del líquido omnipresente que parece sólido o que, de tarde en tarde, se convierte en sólido y nos da por la cabeza, cocotazos aún más duros para que nos demos cuenta de verdad de que el mensaje va en serio pero, ¿qué mensaje? Que llueve y llovía y llovía y llovía. No es tampoco un mero ejercicio de flujo de conciencia, porque no me ejercito, ni tengo conciencia, ni fluye, sino que es como un goteo, lento, una tras otra, en línea y, si no lo parece tal, es porque hay muchas líneas, una junto a otra, tantas como gotas, expandiéndose, hundiendo el bus de don Heriberto, inundando la casa de doña Rocío, mojando los zapatos finos de Don Roberto, empapando las medias de la niña Angélica, dándole la oportunidad a Pablito para ponerse cursi y decir “abrázame: tengo frío”, o a David para prender la chimenea e invitar a unos amigos con botellas de vino. Esto, esto que hay aquí, es nada, no es nada, todo lo que pudo haber llegado a ser lo borró la lluvia, porque no hay quien se le compare en fuerza, ni memoria que aguante, ni tinta que se le sostenga al diluvio bogotano y, por eso, aquí, usted, sumercé, tú y yo, no somos nada más que lluvia, nacidos bajo sus signo, crecidos entre su vientre, mirando por la ventana cómo cae y se lleva todo (lo que queremos y lo que no) y nos trae todo lo demás (lo que queremos y lo que no), jugando bajo los techos de zinc ruidosos que no nos dejan escuchar nada más que nuestra propia conciencia, haciendo barquitos de papel y preparando botas de caucho para salir a jugar con nosotros mismos, hasta que un buen día, esperando el bus a Germania, mientras un Engativá nos moja las botas de los pantalones, uno de esos buenos días que toca usar paradero para no mojarnos más, suspiramos, por los amores perdidos, las rutas olvidadas, los partidos jugados, las chimeneas apagadas, los virus contraídos, las sopas ingeridas, las idas al estadio con impermeable, los juegos embarrados, las duchas calientes por la noche, los triquis en las ventanas empañadas, las sombrillas de propiedad pública, Ella, que aparece con el pelo como una sola maraña goteando, el chocolate con pandeyuca a la hora de las onces, los charcos que salpican sobre los huecos de la misma Séptima, el hombre de traje amarillo plástico que se resigna a quedarse ahí parado y Él que llega con las gafas que necesitan parabrisas y sí, suspiramos ahí y nos damos cuenta de que lo único que alguna vez hemos querido ha sido este clima de Abril y que lo único que algún día llegaremos a querer será este mismo clima mojado de chaquetas y bufandas y olor a selva tropical y de Abril (a menos, claro, que llegue en Octubre también).</p>
	<p><alignright>-Jaime Mup</alignright>
</p>
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		<title>Chapinero contigo</title>
		<link>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2010/04/12/chapinero-contigo/</link>
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		<pubDate>Tue, 13 Apr 2010 02:07:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>"Junior tu papá" y otras rimas quebradas</category>
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		<description><![CDATA[	(Soneto de los malos, muy malos)
	Alguna vez floté sobre estas lomas,
arrastrado por el viento mojado,
despegándome los pies y las gomas,
sintiéndome estúpido, como alado.
	Y flotando me fui a buscar el mar,
arrastrado por el viento mojado,
y aterrizando sólo encontré mal
sabiéndome estúpido, como alado.
	Aprovechó para quedar con ella
ese Viento, enemigo desgraciado
con su cómplice, el tiempo enemigo.
	Ya no camino [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><b style="color:#FFFFFF">(Soneto de los malos, muy malos)</b></p>
	<p>Alguna vez floté sobre estas lomas,<br />
arrastrado por el viento mojado,<br />
despegándome los pies y las gomas,<br />
sintiéndome estúpido, como alado.</p>
	<p>Y flotando me fui a buscar el mar,<br />
arrastrado por el viento mojado,<br />
y aterrizando sólo encontré mal<br />
sabiéndome estúpido, como alado.</p>
	<p>Aprovechó para quedar con ella<br />
ese Viento, enemigo desgraciado<br />
con su cómplice, el tiempo enemigo.</p>
	<p>Ya no camino las lomas contigo,<br />
arrastrado por el viento mojado,<br />
ahora sólo escucho: “¡Papel, botella!”
</p>
]]></content:encoded>
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	</item>
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		<title>Burkina</title>
		<link>http://elrinconcitodepol.blogsome.com/2010/04/09/burkina/</link>
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		<pubDate>Fri, 09 Apr 2010 06:26:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>POL</dc:creator>
		
	<category>Uncategorized</category>
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		<description><![CDATA[	Yo, Pablo Medina Uribe, rey popular y electo unánimemente por el sufrido pueblo de Burkina Faso; yo, Pablo Medina Uribe, sumo pontífice, Ayatollah, Druida y Brujo por petición del penitente y noble pueblo de Burkina Faso; yo, Pablo Medina Uribe, sumo detentor de la verdad, la moral y la razón, no por mero capricho, sino [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><center>Yo, Pablo Medina Uribe, rey popular y electo unánimemente por el sufrido pueblo de Burkina Faso; yo, Pablo Medina Uribe, sumo pontífice, Ayatollah, Druida y Brujo por petición del penitente y noble pueblo de Burkina Faso; yo, Pablo Medina Uribe, sumo detentor de la verdad, la moral y la razón, no por mero capricho, sino por mandato divino que le ha aconsejado al pío pueblo de Burkina Faso acogerme y proclamarme como su líder en espiritualidad, política, diplomacia, economía y sabrosura; yo, Pablo Medina Uribe, navegante, extranjero llegado por el Volta para gobernar a las gentes del Haute-Volta con su beneplácito y con justicia, ecuanimidad, sabiduría, liderazgo, hartazgo, madrazo, lamparazo, cacerolazo, valentía, coraje, humildad y honor esta tierra olvidada por el mar; yo, Pablo Medina Uribe, agregado cultural principal de las embajadas del glorioso pueblo de Burkina Faso en todo el exterior; yo, Pablo Medina Uribe, el hombre sobre el que hablan las canciones de héroes de toda Burkina Faso, bien sea empuñando un fusil, o abandonando las armas, o resistiendo pacíficamente, o atacando sin misericordia al enemigo, o alimentando al desdichado, o proveyendo para el desafortunado, o negociando la paz con el traicionero para evitar más sangre, o eliminando al disidente sin misericordia, o uniendo a todas las razas, religiones, opiniones y demás de la inolvidable tierra de Burkina Faso, exaltando sus fronteras, o ampliándolas, o estrechándolas si es necesario, o cantándole a su bandera, o cambiándola, o quemándola, o poniendo una nueva sobre el Palacio de Justicia que acaba de ser quemado, o restituyendo las instituciones, o cerrándolas cuando abusan de su independencia, o exaltándolas en su labor por no dejar polarizar al país, o condenándolas por permitir la injusticia y el monopolio, o bien bombardeándolas porque no respetan la dignidad de los dignísimos habitantes de Burkina Faso; yo, Pablo Medina Uribe, explorador del Vichada, cauchero del Guainía, descubridor del Orinoco y del Combeima, sembrador de sorgo de Purificación, pescador de cachama del Guamo, cocinero de bagre de Honda, colonizador del río Magdalena, defensa central del Unión Magdalena, cuidandero y hechicero del Eduardo Santos, jefe de campaña de Alfonso López Pumarejo, policía chulavita de los duros montes de Antioquia, peregrino beduino por los planos del Cáucaso, afrodescendiente, mestizo, mulato, zambo y hombre caucásico y, por sobre todas las cosas, amante, amante de la vida, de las mujeres, del juego, del licor, de la vida dura, de los hombres, de la humanidad, de la aventura, del descanso, del reposo, de la reflexión, de la religión, de la rebelión, del ateísmo, del nepotismo, del despotismo, del autismo, del automovilismo, de la ceguera, del tacto, de la muerte, de la justicia, de la guerra, de Juan Andrés, futuro delfín, de Micaela, Ana, Adriana, María José, Alexandra, Patricia, Eva, M’bobo, Federica, Roberta, Kate, Tatiana, Karen, Luisa, Yenny, N’gathe, Leidy, Marcela, Angélica, Camila, Sarah, Sara, María Camila, las mujeres que se prestan para escenas pornográficas, la Negra Isabel, la de los ojos fijos en las fiestas, Paquita la del Barrio, la monita del otro día, la señora que vendía lulos en Bazurto, la de los sándwiches en Brignole, la de la esquina del salón, las mujeres misteriosas alcoholizadas, Jennifer, Courtney, Lisa, Ana María, las poetas de las calles de Lagos, las tenderas de Puerto Carreño, las prostitutas aprobadas por el hospital de Ouagadougou, las parteras de Finale Ligure, las jovencitas perdidas de Porto Alegre y toda la localidad de Suba, las mujeres con Ferrari de Monte Carlo, las anárquicas de Aosta, las mujeres de Torino que van a visitar a sus novios en Napoli, las jovenzuelas de Nantes que bailan salsa por las calles de Riomaggiore sin vergüenza a la noche, las demás proveedoras de delfines, las piscinas de Cascades, los atardeceres de Haute.Bassins, las correrías por el Sahara, los jeeps con hombres enturbanados del desierto, la vida aislada del que es el dueño de la absoluta nada, la vida cortesana, el trato con los mendigos, los leones, los leones que vuelan, los ladrones que caen, los periodistas que callan, los hipopótamos que se asoman apenas sobre el río para chismosear, las jirafas que no se amedrentan, las gacelas que no llevan afán, las hienas que se aburren, los elefantes que olvidan, los peces que recuerdan, los tiburones vegetarianos, las personas que me aman, los animales que me recuerdan, las plantas que no se marchitan, las flores amarillas que florecen bajo la lluvia, los aguaceros que se deslizan por Chapinero, l’acquaneve que cae sobre XX Setiembre, los estudiantes que se deslizan sobre Courmayeur en bolsas de Carulla, la vida que pasa frente a mis ojos, la que pasa dentro de mi cabeza, el bienestar de mis fieles, la victoria de mis compañeros de aventuras, el horror de la tripulación perdida, el sentimiento de comenzar desde cero en Ciudad de Panamá, la desdicha de perder a Ilona con la lluvia, los cobardes y poetas, los valientes e ingenieros, los salvajes y artistas y, en especial, a toda la fauna, flora y población, tanto selvática, como no, como de la sábana, como de la estepa, como del desierto, como hábil, como justa, como injusta, como inepta, del grandioso y glorioso territorio de Burkina Faso; yo, Pablo Medina Uribe, soberano incontrastable, incontenible, incontradecible e impotable de la República Ligeramente, pero muy Gloriosa de Burkina Faso, proclamo:<br />
Que, a partir de este momento, con carácter indiscutible, irrevocable e irreversible, los territorios anteriormente pertenecientes a las hermanas repúblicas de Benín, Togo, Ghana y Costa de Marfil entrarán a hacer parte de nuestra hermosa república, pues es injusto –y más de un Dios me lo ha dicho– que nuestro destino deba estar a la deriva al no tener acceso al mar. Si alguna de estas cuatro anteriormente hermanas repúblicas, a partir de ahora “provincias marítimas”, ha de protestar, recuerdo una vez más el carácter irrevocable de esta decisión, pues es mandato divino, expresado por boca, pluma, lápiz, esfero, bolígrafo, birome, teclado y laptop de aquel que la deidad ha certificado como su representante en la Tierra. Si, por algún desliz del destino, uno de los representantes piensa también ser uno de los representantes del sumo poder en la Tierra, le recuerdo que no sólo Dios está conmigo, también lo está Alá, ¡ensalzado sea!, Yahvé, Haile Selassie, Jehová, sus testigos, Buda, Gandhi, Apu y sus dioses, Zeus, Júpiter, Atenea, sus hermanos, primos, familiares lejanos, familia política, rama bastarda incluida, rama descendiente de bovinos también, Rajesh y sus dioses, Gilgamesh, Thor, Van Halen, Def Leppard, el glam británico desde Freddie Mercury, el NWOBHM, Elvis, John Lennon, Simón Bolívar, Vucub-Chaquix, todas las deidades del Xibalbá, Diomedes Díaz, El Charrito Negro, Vicente Fernández, Darío Gómez, Maradona, las plantaciones de Marihuana en sus pulmones, Michael Jordan, su bate de baseball, Pelé y los niños detrás de él, Odín, Miércoles, Wilson, Jueves, Versace, Liberace, Max Bialystock, tu papá, Héctor Abad Gómez y Pablo Medina Uribe, entre otros, por lo que, por simple mayoría numérica, puedo asegurar que soy yo quien tiene razón.<br />
Que los habitantes de las cuatro nuevas provincias marítimas tienen un plazo de una semana para expresar rechazo hacia la opresión a la que han sido sujetos por sus gobiernos previos y vociferar en grito patriótico la exaltación por comenzar a ser parte de nuestra gloriosa República semi-liberal de Burkina Faso, golpeándose el pecho, si es necesario, flagelándose, si no queda otra opción, organizando marchas, si lo consideran apropiado y hablando en código si lo consideran oportuno, si tienen miedo de represalias por las autoridades antiguas que iremos suprimiendo poco a poco, si creen que mentir y no jurarle amor eterno a su nueva patria los salvará mientras lleguemos a ellos y nos encontremos en abrazo patriótico, revolucionario y marítimo, si piensan que aún no es socialmente aceptable dentro de su micro-sociedad emitir la algarabía que les causa estar bajo mi mandato, o si creen que la negación es la forma más fuerte de afirmación. Comprenderemos. Y llenaremos a las nuevas provincias que nos aclamarán con nuestra presencia, presencia pacífica, pero cuidadosa, de nuestras unidades que defenderán nuestras costas y evitarán que ambiciosos y envidiosos déspotas sátrapas por fuera de nuestras fronteras nos quiten lo que es nuestro sin previo aviso, sin razón razonable, sin justicia balanceada, sin motivo, razón o circunstancia y, en cambio, con mucha soberbia, de esa que sobra en el mundo y que yo he llegado para aplacar en nuestras nuevas provincias.<br />
Que, por improbable que sea, si por algún motivo encontramos de todas maneras a quien se oponga a mi reino de prosperidad y florecimiento, de voracidad y alegría, de comilona y beberecua, de conceptos claros, sencillos, breves y concisos para alcanzar la prodigalidad del reino, dicha persona será sometida a castigos tan horribles de los que no han escuchado Ciacco, ni Farinata, ni toda la Firenze sumergida, ni los enemigos de Olafo, ni los hinchas de Millonarios, ni Alan Jara, ni Ignacio Escobar Urdaneta de Brigard, ni las serpientes del Vichada, ni los indígenas del Guaviare, ni los anfitriones de Pizarro o Cortés, ni Campo Elías o sus víctimas, ni Johnny Damon al volver a Fenway, ni Johnny Doria, el pobre, al desangrarse, ni Bobby, ni Héctor, ni Hank, ni el hijo de Tom Hanks, ni los peces que caen en las fauces de los tiburones, ni las actrices que pierden la nominación al Oscar, ni Pablo Emilio Moncayo, ni el pueblo colombiano en 200 años de sufrimiento, ni aquellos que han conocido los males de cien años, ni la lista general de las personas que me ha conocido, ni Tola, ni Maruja, ni los árboles que se usaron para publicar a Coelho, ni los instrumentos que ha tocado Arjona, ni los estudiantes en las clases de Francia, ni los NN, ni los desaparecidos del Palacio, ni sus familias, ni Omayra, ni los hinchas del Tolima a principios de los 80, ni las personas que vuelven para ver que Armero tocó encimárselo a Guayabal, ni las Cebras que no logran escapar en Bouche du Mouhoun, ni las nutrias que no logran ver, por mucho que se inclinen, ni las zarigüeyas que no logran amistarse con jabalíes, ni los animales con nombres ridículos, ni los periodistas que terminan entrevistando a desquiciados, ni los reyes que pierden el amor de sus súbditos, ni el pueblo en general de Burkina Faso, Haute Volta, África del centro-norte y todo eso durante los milenos de haber sido quemados por el sol. Que quede claro.<br />
Firma, el aquí subscrito, rey soberano de todo lo que se mueve y lo que no, sumo pontífice de almas e inanimados, máxima autoridad de rifas, juegos, espectáculos y actividades de burdel yo, Pablo Medina Uribe, confeso desquiciado, la mejor opción para gobernar al pueblo distraído de Burkina Faso, el general que llevará a la población ardiente de Burkina Faso a la victoria sobre la verdad, el chachi, el Capi, el generalazo, el Maracanazo, el cabezazo, la palomita de Poy, el escorpión, el virgo, el infectante de todos los prostíbulos de Ouagadougou, de Lagos, de Mogadiscio, de Antannarivo, de Windhoek, de Pretoria, Johannesburgo, Ciudad del Cabo, la Ciudad del Fútbol, de Abuja, de Adis Abeba, de Bamako, Brazzaville, Kinshasa y la Localidad de Santafé; yo, Pablo Medina Uribe, confeso asesino de Johnny Doria, Bobby y Hank, de Jonson, James, Berg, Smith, Fraser y otros tantos tripulantes, de William Shakespeare, de Lucio Battisti y de toda la raza cobijada por el calor de Pirx, de una cantidad inconmensurable de hombres y mujeres sin nombre, perdidos en el campo de batalla, perdidos por sus actitudes suicidas, perdidos en el mundo de la mafia, perdidos por el spleen, perdidos por la imaginación, o perdidos por la falta de energía; yo, Pablo Medina Uribe, confeso suplantador de Alfredo Charria, Gregorio Mendieta (grandes mentes de la literatura colombiana), Arturo Cova, José Eustasio Rivera, Zack Robson, Fernando Pessoa, Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, il doctor Pereira y, por sobre todas las cosas, Pablo Medina Uribe; yo, hombre sin nombre, vida sin rumbo, poeta sin poemas, rey sin reino, carpintero sin trono, martillo sin dedal, aguja sin camello, rey indiscutible e indeclinable por ser adverbio de todo lo que es, ha sido, fue y será la gloriosa República no tan monárquica de Burkina Faso y sus Alrededores.</center></p>
	<p>Cúmplase y cúmplase y vuélvase a cumplir.</p>
	<p>Att: <acronym title="Pseudónimo del reconocido escritor vixenario Santiago Carrizosa"><big>Jaime Mup</big></acronym>.
</p>
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